Adaptación de una novela de E.M. Nathanson, escrita para la pantalla por Lukas Heller y Nunnally Johnson, ambientada durante la Segunda Guerra Mundial, en la que un Mayor del ejército (Lee Marvin) recibe el encargo envenenado de tener que entrenar y organizar un pelotón de soldados, formado a base de hombres condenados a varias décadas de prisión o incluso condenados a muerte. La misión consiste en asaltar un castillo lleno de oficiales alemanes en territorio francés, y el premio consiste en conmutarles las penas si es que consiguen sobrevivir. Se trata de una película que como cine bélico realmente tiene poco atractivo, ya que es más bien una obra satírica (con una premisa bien aprovechada después por Sylvester Stallone en “The Expendables” e incluso por Quentin Tarantino en “Inglourious Basterds”) y muy poco realista, en la que lo que importa es sobre todo es el alto nivel de entretenimiento que ofrece y la parte final de su metraje, cuando el grupo entra en combate real. Así que sin ser lo mejor de Robert Aldrich y sin ser ni mucho menos una gran película, además de haber quedado muy desfasada, sí que es bastante disfrutable si se toma tan poco en serio como la propia película a sí misma. John Cassavettes, Charles Bronson, Telly Savallas, Donald Sutherland, Jim Brown, Robert Webber, Robert Ryan, Ernest Borgnine, George Kennedy y Richard Jaeckel, entre otros, forman el reparto.

Rodada en territorio inglés, el director de fotografía fue el británico Edward “Ted” Scaife [BSC], que sustituía de este modo al habitual operador de Robert Aldrich, el norteamericano Joseph Biroc. Scaife no era ni mucho menos uno de los directores de fotografía más importantes del país, a pesar que había trabajado, en su época de operador de cámara, para Jack Cardiff o para Robert Krasker, e incluso antes de rodar “The Dirty Dozen” acababa de rodar (después de la inesperada marcha de Freddie Young, cuando David Lean le llamó para que se incorporase a “Doctor Zhivago” con el rodaje ya en marcha) “Karthoum” (Basil Dearden, 1966) en formato Ultra Panavision 70. En la filmografía de Scaife destacan, sin duda, “An Inspector Calls” (Guy Hamilton, 1954), “Night of the Demon” (Jacques Tourneur, 1957), “Boy and the Bridge” (Kevin McClory, 1959), “All Night Long” (Basil Dearden, 1962) y “List of Adrian Messenger” (John Huston, 1963).

La fotografía de “The Dirty Dozen” es muy problemática en casi todos sus aspectos, llegando a lucir muy por debajo de la media del cine bélico y especialmente, del cine de alto presupuesto de la época. De un lado, aunque sea elucubración, al director Robert Aldrich no le gustaban los formatos panorámicos, como prueba el hecho de que los evitó durante toda su carrera, con excepciones como “Veracruz” (rodada en esférico, en SuperScope) y “Sodomah and Gomorrah” (rodada en anamórfico, en Technirama). El resto de su filmografía son películas esféricas rodadas para relaciones de aspecto convencionales. Aquí es probable que, dada la escala del proyecto, el estudio le pidiera una película panorámica, de cara a un estreno en 70mm, lo cual finalmente se produjo. Y ello hizo que el film se estrenase, al menos en algunas copias en dicho formato, con una relación de aspecto de 2.20:1 (llegó a ser editada en DVD con dicho ratio, en lugar de su relación de visionado más habitual, 1.85:1). El caso es que de dicho compromiso parece que los cineastas eran conscientes durante el rodaje, ya que en 1.85:1, es evidente que muchas secuencias están compuestas con espacio arriba y abajo para el corte que se produce al pasar el material a 2.20:1, e incluso los créditos están ideados para dicho formato. Pero el resultado es que viendo la película en 1.85:1, casi siempre hay demasiada imagen sin información arriba y abajo y, viéndola en 2.20:1, en otros momentos, demasiados también, las cabezas aparecen algo cortadas. De la misma manera, toda la imagen tiene (y siempre ha tenido) un aspecto muy pobre, debido a que en apariencia, en lugar de emplearse el negativo original para hacer copias incluso en Blu-ray, parece que toda la película procede de copias ópticas varias generaciones más allá, con esa resolución, muchos halos y un aspecto manifiestamente mejorable. ¿Quizá la confusión sobre la relación de aspecto llevó a problemas de laboratorio? Puede ser, pero lo ignoramos.

Además de que la calidad de imagen y las composiciones, en apariencia por no saber muy bien para qué relación de aspecto componer, son bastante deficientes, el trabajo de iluminación de Edward Scaife tampoco corresponde ni de lejos con el de una película de estas características. Está claro, conociendo su obra, que Robert Aldrich era un director infinitamente más interesado en la cámara que en la luz, pero además, dentro de su escaso interés por la iluminación, también es evidente (por su asociación con el veteranísimo Joseph Biroc) que su gusto, si acaso, se decantaba claramente por el estilo más clásico posible. Por ello, Edward Scaife emplea luces duras en todo momento de “The Dirty Dozen” y, con la excepción de las escenas exteriores nocturnas del asalto al castillo -que por lo visto durante las dos horas anteriores de proyección, o bien tuvo mucho más tiempo para hacerlas, o bien no las hizo él (perdón por la ironía), ya que comparativamente, están mucho mejor que el resto- casi todo el metraje de la película consta de luz para exponer el negativo sin apenas mayores intenciones narrativas. Y ni siquiera eso lo hace demasiado bien, pues es el clásico trabajo en que aparecen dobles sombras, sombras no intencionadas, o sobre todo, momentos muy molestos en los que el raccord de la luz en exteriores brilla por su ausencia o que, rodando en exteriores británicos bajo cielos encapotados, Scaife utiliza muchísima luz de relleno con una temperatura de color mucho más cálida, lo cual ni queda bien ni es aceptable bajo ningún punto de vista ya ni siquiera en la época de rodaje.

Los resultados, de no ser porque el final es bastante correcto, serían paupérrimos, de una dejadez extrema, sino fuera porque el realizador Robert Aldrich, completamente ajeno a lo que hacía Edward Scaife, se dedica a ejecutar un trabajo de cámara interesantísimo. Aunque exista esa confusión de relaciones de aspecto que hace que el film no luzca del todo bien ni en 1.85:1 ni sobre todo en 2.20:1, Aldrich compone muy bien a sus personajes en todo momento, busca ángulos sugerentes que van desde contrapicados cercanos a los personajes, o picados generales de las estancias con muchos personajes siempre bien repartidos por el cuadro; composiciones en profundidad, empleando dicha profundidad de campo (abundante, fruto de rodar en torno a T5.6 con esa luz dura que inunda todo) para situar por ejemplo a los personajes en diferentes planos focales y mantener enfocados a ambos, sin necesidad de recurrir a Split-Diopters (que aún así, emplea un par de veces), etc. De no ser por Aldrich, como decíamos, “The Dirty Dozen” luciría mucho peor, ya que si bien su aspecto visual sigue siendo pobre, al menos, en lo que a la cámara respecta, se trata de una obra de primera categoría que, de paso, sirve también para valorar y ponderar mejor a Joseph Biroc, que trabajando en condiciones seguramente parecidas siempre hizo que sus dieciséis películas para Robert Aldrich lucieran mucho mejor que la presente.
Título en España: Doce del Patíbulo
Año de Producción: 1967
Director: Robert Aldrich
Director de Fotografía: Edward Scaife, BSC
Ópticas: Cooke Speed Panchro
Emulsión: Kodak 5251 (50T)
Formato y Relación de Aspecto: 35mm esférico, 1.85:1 (70mm, 2.20:1)
Vista en Blu-ray
© Ignacio Aguilar, 2022.