Título en España: American History X
Año de Producción: 1998
Director: Tony Kaye
Director de Fotografía: Tony Kaye
Formato y Relación de Aspecto: 35mm esférico, 1.85:1
Vista en HDTV
Tony Kaye articula el presente y los recuerdos mediante una fotografía directa que contrapone el color y un blanco y negro de grano prominente, fuerte contraste y ventanas deliberadamente sobreexpuestas.
La película
“American History X” supuso el debut en la dirección cinematográfica de Tony Kaye, también conocido por su labor al frente de documentales, videoclips y anuncios publicitarios. La película, sujeta a grandes controversias en la época de su estreno por la temática que trata, está ambientada en el área de Venice Beach, en la ciudad de Los Ángeles.
Su protagonista es un joven de ideología neonazi —Edward Norton— que, tras haber asesinado a dos hombres negros que pretendían robarle el coche, ha pasado tres años en prisión. Durante ese tiempo, su hermano menor —Edward Furlong— ha tratado de seguir sus pasos, a pesar de que el director del instituto al que acude cada día —Avery Brooks— intenta llevarle por el buen camino.
Narrada mediante una estructura de flashbacks en blanco y negro y escenas del presente en color, el uso de la violencia y la simbología nazi de la que hacen gala los personajes resultó muy polémico en su día, aunque la película rechaza dichas situaciones de forma expresa. Los resultados quizá sean demasiado irregulares y discursivos, aunque contiene situaciones de interés. Elliott Gould, Stacy Keach y Beverly D’Angelo poseen papeles secundarios en una película por la que Edward Norton obtuvo una candidatura al Oscar al mejor actor.

El director de fotografía
Como en sus trabajos fuera del cine, el propio Tony Kaye se hizo cargo de la dirección de fotografía de la película, impidiendo así que se produjera la separación de cargos habitual en el cine norteamericano. Incluso tratándose de una producción independiente de New Line Cinema, es raro que una misma persona asuma ambas funciones.
Kaye tuvo grandes problemas durante la producción, que acabó con una demanda millonaria contra la compañía y una petición no atendida de retirar su nombre de la película, al sentir que su visión se había visto seriamente comprometida por las injerencias de los dos actores principales durante el rodaje y el proceso de montaje.
Esos problemas impidieron que Kaye volviera a hacerse cargo de una película de esta envergadura y redujeron sus siguientes proyectos narrativos a pequeñas producciones, una de las cuales ni siquiera llegó a estrenarse comercialmente.

Análisis del estilo visual
Rodada todavía en la época inmediatamente anterior a la proliferación del etalonaje digital, Tony Kaye decidió filmar la película con una mezcla de blanco y negro y color. El primero, que es probable que ocupe algo más de la mitad del metraje, está destinado a los múltiples flashbacks sobre los que se articula la historia, mientras que los segmentos en color corresponden a las escenas del presente.
No se trata de una película con una fotografía demasiado llamativa, más allá del uso del blanco y negro, ni demasiado trabajada. Ello encaja en cierto modo con el hecho de que el propio director fuera también el director de fotografía, circunstancia que tiende a redundar en que una de las labores —generalmente la imagen— quede algo más simplificada. Y eso es precisamente lo que ocurre aquí.
En la línea de “Traffic” (Steven Soderbergh, 2000) o de los primeros títulos en los que Soderbergh se hizo cargo de la fotografía de sus propias películas, Kaye propone un estilo muy sencillo, con poco empleo de fuentes tradicionales de iluminación cinematográfica y mucha confianza en la enorme capacidad de las emulsiones fotográficas para registrar grandes contrastes.
Este planteamiento resulta útil, por ejemplo, cuando se ruedan interiores con la iluminación disponible, se expone para el interior y se deja que los exteriores queden convenientemente sobreexpuestos.

Como consecuencia, además de por el empleo seguramente exclusivo de emulsiones de alta sensibilidad para las escenas en color y de blanco y negro real para las de blanco y negro, la película posee una estructura de grano muy prominente y una estética que ocasionalmente puede recordar a la de un documental, aunque el blanco y negro introduzca de por sí un matiz estético más que evidente.
Para profundizar en la sensibilidad de las emulsiones, el grano, la latitud y el comportamiento del negativo ante la sobreexposición:
El Negativo Cinematográfico (II): formato, sensibilidad, emulsiones y grano
Las escenas en color están realizadas de esa forma simple y directa, a veces iluminando sin más las estancias y dejando que los personajes se muevan entre zonas de luz y sombra. En las de blanco y negro hay algo más de contraste y luz dura, circunstancia que les viene muy bien.
Pero ambos tipos de escenas son idénticos respecto a la sobreexposición antes mencionada. Cuando se trata de pequeñas estancias, las ventanas por las que entra toda la luz aparecen completamente quemadas y sobreexpuestas, sin que en ellas quede rastro alguno de detalle y menos aún de algún atisbo del exterior.

Conclusión final
Se trata, por lo tanto, de una película con una estética muy directa, que tampoco pretende nunca, o casi nunca, ningún tipo de sofisticación. Sí es cierto que los exteriores nocturnos en color muestran HMIs azulados, o que los que son en blanco y negro delatan que seguramente Kaye hizo uso del mismo tipo de luz, pero, por lo general, es una película de aspecto sencillo realizada además de una forma simple.
Los resultados son cumplidores, sin más, aunque le van bien a una narrativa que, si bien es irregular y a veces de trazo grueso, continúa funcionando relativamente bien algo más de veinte años después de su rodaje y estreno.
© Ignacio Aguilar, 2020. Revisada en 2026.
El autor
Ignacio Aguilar, AEC, es director de fotografía y autor de ON FILM & DIGITAL. Puedes conocer su trayectoria, explorar el archivo de reseñas, consultar su biografía profesional y sus trabajos seleccionados.