Año de producción: 2012
Director: Pablo Berger
Director de fotografía: Kiko de la Rica, AEC
Ópticas: Zeiss Super Speed 16mm, Optex
Emulsiones: Kodak 7213 (200T) y 7219 (500T)
Formato y relación de aspecto: Super 16mm, 1.33:1
Otros: 2K Digital Intermediate
Premios: Goya a la mejor dirección de fotografía
Vista en DCP
Super 16mm, blanco y negro y una fuente de luz: la fotografía de Kiko de la Rica, AEC.
La película
Versión libre del cuento de los hermanos Grimm, ambientada en la Sevilla de finales de los años veinte, presentada en blanco y negro y, como elemento más llamativo, sin diálogos ni efectos de sonido, como si de una película de la época se tratase. En esta ocasión, Blancanieves (Macarena García) es hija de un torero (Daniel Giménez Cacho) que, al mismo tiempo que su madre (Inma Cuesta) fallece al dar a luz, sufre una tremenda cogida que lo deja postrado en una silla de ruedas. Entretanto, en el hospital, una avispada enfermera (Maribel Verdú) consigue casarse con él por dinero y se convierte en la madrastra de la niña.
Josep Maria Pou, Ramón Barea, Pere Ponce y Ángela Molina completan el reparto de una producción que, dentro del panorama cinematográfico español, resulta un oasis en mitad del desierto por lo interesante de la propuesta, el evidente riesgo que conlleva y, lo que es mejor, por la gran solvencia narrativa y el estupendo acabado técnico de la película. A pesar de su reducido presupuesto —unos tres millones y medio de euros—, consigue rivalizar con cualquier producción internacional.
El director de fotografía
El director de fotografía es Kiko de la Rica, AEC, quien ya había firmado la anterior incursión de Pablo Berger en el mundo del cine, Torremolinos 73 (2003). El nombre de de la Rica se asocia inmediatamente al cine de Álex de la Iglesia, puesto que fue su director de fotografía habitual —con permiso de Flavio Labiano— durante más de una década, con películas como La comunidad, The Oxford Murders o Balada triste de trompeta, además del famoso cortometraje Mirindas asesinas. En Blancanieves, de la Rica seguramente firme el mejor trabajo de su carrera.
Análisis del estilo visual
Por haber coincidido prácticamente en el tiempo, separadas por menos de un año en las carteleras, la película de Berger seguramente será comparada para siempre con The Artist, el filme francés de Michel Hazanavicius que rendía homenaje a la época final del cine mudo y a la aparición del sonoro. Sin embargo, Blancanieves —que, por cierto, era un proyecto anterior— es una película muda en sentido más estricto: ni siquiera emplea efectos de sonido ni pretende crear empatía con el espectador mediante su ausencia, al contrario que la cinta francesa.
Por tanto, Blancanieves es una película muda como podría haberlo sido si se hubiera rodado en la época del cine mudo, a pesar de que en su realización se dejan notar multitud de técnicas e influencias muy posteriores a la aparición del cine sonoro.
Con el fin de obtener una imagen más anticuada, que hiciera posible que el espectador creyese estar viendo una película ambientada en los años veinte, los cineastas eligieron el Super 16mm como formato principal, en lugar de la adquisición digital o el 35mm. El objetivo era proyectarla digitalmente en el centro de las pantallas de cine con una relación de aspecto clásica de 1.33:1. El negativo en color se escaneó y convirtió a blanco y negro en posproducción, lo que permitió trabajar la imagen por canales sin menoscabar la sensibilidad de la película.
Esta decisión, a la postre muy acertada, permite un excelente equilibrio entre el citado fin narrativo y la obtención de una imagen con la suficiente calidad: negros profundos cuando se requieren, una nitidez más que adecuada y una textura de grano prominente que añade ese aspecto añejo a la imagen sin resultar intrusiva en ningún momento.
Pero parece como si los cineastas hubieran decidido —una vez fijado el aspecto visual global mediante la elección técnica del formato— rodar de manera libre, adaptándose tanto a las circunstancias como a sus propios gustos, sin necesidad de referenciar de forma constante la estética del cine mudo, algo que el operador Guillaume Schiffman sí realizó —y muy bien, por cierto— en The Artist. Lógicamente, Blancanieves incluye algunos viñeteos de posproducción o un leve flicker para realzar el aspecto de cine antiguo, pero, más allá de esto, lo que contiene es una fotografía estupenda, aunque no necesariamente en la línea del cine silente.
De la Rica utiliza con mucha frecuencia una única fuente de luz —generalmente suave—, justificada en alguna de las ventanas o puertas, para iluminar sus interiores. De esta forma crea un gran contraste e imágenes de apariencia muy natural que solo tamiza con el uso de una leve luz de relleno sobre los personajes, para evitar que sus rostros queden en penumbra. Los primeros planos son otro de los puntos fuertes de la propuesta, con un trabajo maravilloso especialmente con Sofía Oria y Macarena García, que lucen y resplandecen interpretando a Blancanieves como niña y adolescente.
Pero también hay tiempo para una iluminación más glamurosa y recargada, como la utilizada para resaltar la vanidad del personaje de Maribel Verdú, la madrastra: luz más dura y frontal, diferentes ángulos para captar las facciones de su rostro, haces de luz dura que entran por las ventanas de las estancias o luces puntuales sobre el decorado, generando sombras mucho más definidas y profundas.
Conclusión final
En general, existe una gran variedad estética que, de alguna forma y a pesar de no ser siempre coherente, funciona muy bien a lo largo de la proyección y se adapta en todo momento a los giros o necesidades de la trama. Siempre ofrece imágenes de una extraordinaria estética y una calidad visual que, dentro de la pretensión de obtener un aspecto anticuado, resulta más que aceptable.
Unida a un trabajo de cámara y puesta en escena muy sobrio —con la excepción de los momentos en los que el realizador pretende anticipar al espectador alguna de las desgracias que ocurrirán a continuación, cuando la cámara y el montaje se muestran mucho más frenéticos—, la fotografía de Blancanieves muestra un excelente nivel global. Demuestra que, a pesar del reducido presupuesto, en España también pueden obtenerse imágenes de un enorme interés. Únicamente la integración de algunos efectos visuales durante las corridas de toros o algunos cielos creados o modificados en posproducción restan algo a un conjunto que, por otro lado, es extremadamente orgánico y supone un enorme triunfo de sus creadores.
ON FILM & DIGITAL
© Ignacio Aguilar, 2012. Revisada en 2026.
Este artículo forma parte del archivo ON FILM & DIGITAL de análisis de fotografía cinematográfica, que reúne reseñas, pruebas técnicas y artículos de Ignacio Aguilar AEC.
Estos textos no son resúmenes argumentales ni críticas generalistas, sino análisis centrados en la fotografía cinematográfica escritos desde la perspectiva de un director de fotografía en activo.
Sobre el autor
Ignacio Aguilar, AEC es director de fotografía con base en Madrid. Su trabajo abarca largometrajes, televisión, publicidad y escritura técnica sobre cinematografía, con experiencia en cine digital, 16mm y 35mm, ópticas anamórficas, grandes formatos, pruebas de objetivos y flujos fotoquímicos.
Es miembro de la Asociación Española de Directoras y Directores de Fotografía (AEC) y de la Academia de Cine, Sony I.C.E. Certified Expert y embajador de las ópticas Cooke SP3. Sus artículos han aparecido en American Cinematographer y Camera & Light.
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