Léon: The Professional (El profesional, 1994) – Fotografía de Thierry Arbogast
Título en España: El Profesional (León)
Año de Producción: 1994
Director: Luc Besson
Director de Fotografía: Thierry Arbogast
Ópticas: Technovision
Emulsión: Kodak EXR 5293 (200T) & 5296 (500T)
Formato y Relación de Aspecto: 35mm anamórfico (Technovision), 2.4:1
Thierry Arbogast contrapone la fuerte personalidad anamórfica de Technovision a una iluminación deliberadamente clara en el thriller de Luc Besson.
La película
El largometraje más conocido del cineasta francés Luc Besson, también escrito por él mismo, tiene como protagonista a un asesino a sueldo (Jean Reno) que vive en Nueva York junto a una familia en la que el padre parece ser traficante de drogas. Un día aparecen unos matones, liderados por un tipo de tendencias psicópatas (Gary Oldman), y asesinan a toda la familia, excepto a una niña de doce años (Natalie Portman), que consigue escapar de la masacre.
Sin tener adónde ir, la niña y el asesino —que parece mentalmente lento y no sabe leer ni escribir— inician una relación de amistad que incluye que este le enseñe cómo realiza su trabajo. Se trata de un film muy prestigioso, a pesar de lo cual, más allá de un par de secuencias de acción y del esforzado trabajo de Jean Reno y Natalie Portman —en su debut en la gran pantalla—, realmente tiene resultados más aparentes que profundos, pues todo lo que sucede en pantalla es caprichoso y la relación entre los dos personajes protagonistas, muy superficial. Gary Oldman merece una mención especial por lo terriblemente mal que está en la película, por más que ni el guion ni la dirección le ayuden en su retrato del malo de la función. Danny Aiello aparece como secundario en su clásico papel de mafioso italoamericano.
El director de fotografía
El director de fotografía fue Thierry Arbogast [AFC], que realizaba la segunda de sus —de momento— catorce colaboraciones con Luc Besson; es decir, toda la carrera del cineasta como director excepto «Le Grand Bleu» (1988) y sus dos películas anteriores, de las que se hizo cargo Carlo Varini. Por consiguiente, la carrera de Arbogast está absolutamente ligada a títulos como «Nikita», «The Fifth Element», «Joan of Arc» o «Lucy», algunos de los trabajos más populares de Besson.
Fuera de su trabajo con este director, Arbogast ha colaborado con Emir Kusturica («Black Cat, White Cat», 1998), Patrice Leconte («Ridicule», 1996), el norteamericano Brian De Palma —seguramente admirador de estos primeros thrillers de Besson— en «Femme Fatale» (2001), así como con McG, más recientemente, en «Three Days to Kill» (2014). Además del premio César a la mejor fotografía que obtuvo por «The Fifth Element», también ha ganado dicho premio en dos ocasiones más: «Le Hussard sur le toit» (1995) y «Bon Voyage» (2003), ambas a las órdenes de Jean-Paul Rappeneau.
Análisis del estilo visual
A pesar de su ambientación neoyorquina, esta producción francesa aparentemente se rodó principalmente en territorio francés, con la excepción de los consabidos exteriores en la ciudad de los rascacielos. Por ello, no es del todo extraño que Thierry Arbogast, como hiciera en «Nikita», volviera a recurrir a las típicas cámaras Arri del cine europeo, equipándolas de nuevo con las lentes Technovision anamórficas.
La película destaca porque estas ópticas poseen una gran distorsión de barril, sobre todo en las focales angulares —25, 32 y 40mm— que parece que se emplearon mucho durante el rodaje. Como consecuencia, posee un fuerte aspecto anamórfico, más que en el sentido de los flares o el bokeh alargado en los fondos, en el de la distorsión de las líneas verticales en pantalla.
Aun así, también hay algunas escenas que usan el zoom —en el sistema Technovision, estos también eran o son zooms esféricos convencionales adaptados al anamórfico— y que, además de poseer un rendimiento notablemente peor que el de las ópticas fijas, no presentan ninguno de estos clásicos artefactos del anamórfico. Quizá este peculiar aspecto anamórfico sea lo mejor de una fotografía que, por lo general, no es demasiado llamativa salvo en ocasiones puntuales.
Ello se debe a que el grueso de la película posee, como estilo, un exceso de luz muy llamativo desde los primeros fotogramas. Todos sus interiores, que por lo general son diurnos, poseen algo de luz entrando por las ventanas, circunstancia que está más o menos marcada por Thierry Arbogast. Pero lo que más abunda es una luz de relleno muy intensa, o incluso luces principales sobre los actores con independencia de dónde se encuentren las ventanas, que siempre reducen el contraste y eliminan casi cualquier posibilidad de que existan sombras en el decorado.
Este estilo tan luminoso es algo extraño para un thriller, porque precisamente huye constantemente de las clásicas escenas más dramáticas —por el uso del contraste— que suele haber en este tipo de películas. Ir a contracorriente no termina de sentarle bien en este aspecto, con su imagen demasiado plana durante toda la proyección. Quizá hubiera podido estar justificada si se hubiera empleado en las escenas entre Jean Reno y Natalie Portman, pero difícilmente encuentra su sentido aplicada a todas y cada una de las secuencias del film.
Conclusión final
Es cierto que hay planos, por ejemplo en exteriores o en el restaurante que regenta el personaje de Danny Aiello, que están bastante logrados, pero son más bien situaciones aisladas en las que la clara vistosidad del formato panorámico anamórfico también es parte esencial del resultado.
Por consiguiente, «Léon» tampoco es una película de especial interés estético, más allá de lo que puedan gustar o no estas lentes anamórficas Technovision —en su versión realizada sobre los Zeiss Super Speed según algunas fuentes, aunque sus fuertes distorsiones de barril también recuerdan a las lentes rusas Elite—. A nivel de puesta en escena e iluminación, más allá de la potente escena de apertura con la que Luc Besson presenta al personaje de Jean Reno, nos encontramos con una película en la que el género y la estética visual chocan en demasía, con una fotografía demasiado luminosa e incluso un exceso de luz global. Por lo menos a priori, el film se configura como un thriller, por más que su devenir posterior —al menos en su montaje cinematográfico— quizá deje al género como un punto de partida hacia otros derroteros.
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ON FILM & DIGITAL
© Ignacio Aguilar, 2022. Revisada en 2026.
Este artículo forma parte del archivo ON FILM & DIGITAL de análisis de fotografía cinematográfica, que reúne reseñas, pruebas técnicas y artículos de Ignacio Aguilar AEC.
Estos textos no son resúmenes argumentales ni críticas generalistas, sino análisis centrados en la fotografía cinematográfica escritos desde la perspectiva de un director de fotografía en activo.
Sobre el autor
Ignacio Aguilar, AEC es director de fotografía con base en Madrid. Su trabajo abarca largometrajes, televisión, publicidad y escritura técnica sobre cinematografía, con experiencia en cine digital, 16mm y 35mm, ópticas anamórficas, grandes formatos, pruebas de objetivos y flujos fotoquímicos.
Es miembro de la Asociación Española de Directoras y Directores de Fotografía (AEC) y de la Academia de Cine, Sony I.C.E. Certified Expert y embajador de las ópticas Cooke SP3. Sus artículos han aparecido en American Cinematographer y Camera & Light.
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