Tomorrowland (Tomorrowland: el mundo del mañana, 2015) – Fotografía de Claudio Miranda
Título en España: Tomorrowland: el mundo del mañana
Año de producción: 2015
Director: Brad Bird
Director de fotografía: Claudio Miranda, ASC
Cámaras: Sony F65 y F55, 4K RAW
Ópticas: ARRI/Zeiss Master Prime y Fujinon Premier
Formato y relación de aspecto: captura digital, 2.20:1
Otros: Digital Intermediate 4K
Vista en DCP
Claudio Miranda y Brad Bird aprovechan la captura 4K para construir un espectáculo de color, detalle e integración digital extraordinariamente ambicioso.
La película
Superproducción de la factoría Disney, escrita por Damon Lindelof —"Lost" y "Prometheus" (2012)— junto con Brad Bird —"The Incredibles" (2004) y "Mission: Impossible – Ghost Protocol" (2011)— y dirigida por este último.
La película tiene como protagonista a una joven de grandes habilidades científicas (Britt Robertson) y a un antiguo niño prodigio (George Clooney) que, junto con un peculiar robot (Raffey Cassidy), se unen en la peligrosa misión de encontrar un lugar indeterminado en el tiempo y el espacio, llamado Tomorrowland, que es la llave para la salvación de la humanidad.
Como no podía ser de otra manera, se trata de una película suntuosa a nivel visual y auditivo, en la que la vanguardia técnica cinematográfica y un gran talento detrás de las cámaras se dan cita para ofrecer algunas de las secuencias más sugerentes que se recuerdan. La labor de las dos actrices protagonistas también es muy loable, aunque, por desgracia, el conjunto, de una notabilísima inspiración e inventiva, no está ni mucho menos tan bien resuelto como todo el metraje previo a su recta final.
Walter Murch, montador de "Apocalypse Now" (1979), firma el brillante montaje de la película, mientras que Michael Giacchino pone las notas musicales de su banda sonora.

El director de fotografía
El director de fotografía es el chileno Claudio Miranda [ASC], cuya carrera se ha desarrollado íntegramente en Estados Unidos. Miranda comenzó en el mundo del cine como eléctrico y, posteriormente, gaffer, a través del cine de dos de los realizadores con mayor influencia visual de las últimas décadas: Tony Scott y David Fincher.
Llegó a las películas del primero de la mano de Dariusz Wolski en "Crimson Tide" (1995), lo que le sirvió para trabajar también en "The Fan" (1996) y "Enemy of the State" (1998), en esta última ya a las órdenes de Dan Mindel. Al cine de Fincher llegó a través del tristemente desaparecido Harris Savides, cuando este se encargó de la fotografía adicional de "Se7en" (1995).
Posteriormente, junto a Savides, trabajó como gaffer en "The Game" (1997) y con Jeff Cronenweth en "Fight Club" (1999). Después de hacerse cargo de la fotografía adicional de "Zodiac" (2007) ya como primer operador, Fincher le ofreció "The Curious Case of Benjamin Button" (2008), por la que obtuvo una primera candidatura al Óscar.
Su trabajo para Fincher, así como sus obras posteriores —"Tron: Legacy" (2010), "Life of Pi" (2012) y "Oblivion" (2013)—, lo consolidaron como especialista en rodajes digitales y películas en las que la integración de personajes y acción real en entornos digitales es una labor fundamental del director de fotografía.
Su Óscar por "Life of Pi" fue muy discutido precisamente porque apenas contenía trabajo físico —al menos, no en el sentido tradicional—, aunque, en su especialidad, Miranda es un auténtico número uno.

Análisis del estilo visual
A pesar de que sus orígenes están en la animación, Brad Bird es uno de esos directores que manifiestan de forma más o menos abierta su preferencia por el aspecto que sigue ofreciendo la adquisición fotoquímica. Al tratarse de una historia épica cuya parte visual pretende impactar y maravillar al espectador, Bird deseaba originalmente rodarla en celuloide.
Miranda realizó pruebas comparativas con cámaras Red Epic Dragon, ARRI Alexa XT y Sony F65, así como con negativos Kodak de 15 perforaciones en 65mm —IMAX—, ocho perforaciones en 65mm, cinco perforaciones en 65mm y 35mm convencional. Los resultados convencieron a los cineastas para utilizar la cámara de Sony.
La F65 es una bestia con un sensor de unos 20 megapíxeles —cuya disposición se ha descrito como 8K— que genera un formato de salida 4K RAW y combina las mejores características de las cámaras Red, en resolución, y ARRI, en latitud, en un único cuerpo. Su principal hándicap es el enorme tamaño y peso, que hace que mucha gente la compare con la cámara ARRI 535, así como un flujo de trabajo y unas descargas en el set que la convierten en un soporte más complicado.
Debido a su peso, para algunas tomas en Steadicam y ciertos planos destinados a ocupar muy pocos fotogramas en pantalla, los cineastas emplearon también la Sony F55, hermana pequeña de la F65. Todas las cámaras fueron equipadas con ópticas ARRI/Zeiss Master Prime y zooms Fujinon Premier, la misma combinación empleada por Miranda en "Oblivion".
El resultado es una película con una calidad de imagen colosal, incluso viéndola reducida a 2K de resolución, que cumple muy bien su objetivo de codearse con los 65mm, a los que Bird quiso rendir tributo utilizando su atípica relación de aspecto para todo el film: 2.20:1.

Quienes conozcan el trabajo de Miranda no se sentirán sorprendidos por lo que aquí ofrece el operador chileno: imágenes que no buscan en ningún momento una reminiscencia del celuloide, sino aprovechar al máximo las cualidades del soporte digital. Trabajando para conseguir un negativo digital lo más "denso" posible, las imágenes de "Tomorrowland" están llenas de color, matices y detalle fino, apoyadas por un diseño de producción e iluminación que abraza numerosos tonos con una saturación máxima.
Aunque puede que la principal preocupación de Miranda sea recrear ante pantallas verdes —o fondos proyectados para su integración directa— el aspecto de los fondos y la incidencia de su luz sobre los personajes, cuando tiene que iluminar secuencias reales lo hace realmente bien, siempre buscando un aspecto natural pero muy atractivo, con fuentes de luz suave y mucho contraste. Por ello, toda la película posee una apariencia alegre y de enorme vistosidad.
La integración es espectacular. Sin lugar a dudas, nos encontramos ante una de esas películas en las que la conexión entre los efectos y la acción real está tan lograda que, pasados unos minutos de proyección, el espectador es capaz de introducirse por completo en la historia gracias a la verosimilitud de sus imágenes.

Pero quizá sea la puesta en escena de Brad Bird el plato fuerte de la película, como ya lo era en su anterior "Mission: Impossible – Ghost Protocol". El cineasta norteamericano recoge aquí, como en aquella, la mejor tradición del cine de Steven Spielberg o incluso de Brian De Palma y ofrece un portentoso encadenado de pequeñas piezas a lo largo de todo el metraje, en las que la cámara, la forma en que se mueve y los actores componen una verdadera sinfonía visual.
Conclusión final
Ello no impide que la resolución de la película o incluso su mensaje global resulten fallidos, pero Bird ofrece durante casi dos horas un espectáculo visual de primerísima categoría. El conjunto aúna un enorme talento tras la cámara, algunos de los mejores y más avanzados efectos visuales que se recuerdan, una tremenda inventiva y gusto por el detalle —incluso desde el propio guion— y un estupendo trabajo de Miranda, que logra que el espectador se sienta parte de la aventura y sea capaz de creer en la existencia del mundo del mañana.
© Ignacio Aguilar, 2015. Revisada en 2026.
Ignacio Aguilar, AEC, es director de fotografía y autor de ON FILM & DIGITAL. Puedes conocer su trayectoria, explorar el archivo de reseñas, consultar su biografía profesional y sus trabajos seleccionados.