Título en España: Las Zapatillas Rojas
Año de Producción: 1948
Director: Michael Powell, Emeric Pressburger
Director de Fotografía: Jack Cardiff, ASC, BSC
Ópticas: Cooke Speed Panchro
Emulsión: 3-Strip Technicolor
Formato y Relación de Aspecto: 35mm esférico, 1.37:1
Vista en Blu-ray
Jack Cardiff convierte las exigencias del Technicolor de tres bandas en una deslumbrante fantasía cromática, especialmente inventiva en sus célebres secuencias de ballet.
La película
Producción de Michael Powell y Emeric Pressburger ambientada en el mundo del ballet, que tiene como protagonista a una joven bailarina (Moira Shearer) que se une a la famosa compañía de Borís Lérmontov (Anton Walbrook). Bajo la partitura de un nuevo director de orquesta (Marius Goring), consigue un gran éxito con una adaptación de la obra de Hans Christian Andersen “The Red Shoes”, en la que también está lejanamente inspirada la propia película.
Sin embargo, una vez en la cima del éxito, el trío creador de la obra de ballet se rompe cuando la bailarina y el director de orquesta se enamoran. Rodada un año después de “Black Narcissus”, “The Red Shoes” es uno de los títulos más famosos del dúo de realizadores formado por Powell y Pressburger, llevado a cabo con una enorme solvencia de medios y con una magnífica coreografía bajo la espléndida luz de Jack Cardiff.

El director de fotografía
El director de fotografía fue el británico Jack Cardiff [ASC, BSC], que acababa de ganar el Oscar por el también mencionado filme anterior de Powell y Pressburger, “Black Narcissus”. Previamente había fotografiado para ellos “A Matter of Life and Death” (1946) y “The Life and Death of Colonel Blimp” (1943).
Quizá sean “Black Narcissus” y “The Red Shoes” las películas más importantes de su carrera, que, a pesar de remontarse ya a los años treinta como primer operador, es sobre todo reconocida por su trabajo en Technicolor en estos dos filmes. También sería nominado al Oscar por su labor para King Vidor en la versión norteamericana de “War and Peace” (1956) y ganó un premio honorífico en el año 2000 por parte de la Academia de Hollywood. Es quizá, además, el único director de fotografía que, dando el salto a la dirección, obtuvo una candidatura al premio al mejor director, por “Sons and Lovers” (1960), por la que ganó la estatuilla Freddie Francis.
A finales de la década de los setenta, después de bastantes años alejado de la primera línea de la fotografía cinematográfica para dedicarse en exclusiva a la dirección, volvió a su oficio primitivo con títulos como “Death on the Nile” (John Guillermin, 1978) u otros menos destacables y alimenticios como “Amityville 3-D” (1982) o “Conan the Destroyer” (1984), que volvieron a reunirle con Richard Fleischer, quien también había sido su director en “The Vikings” (1958).

Análisis del estilo visual
“The Red Shoes” destaca, por supuesto, por su uso del Technicolor de tres bandas —o Three-Strip Technicolor—, el proceso primigenio de color en cine que trabajaba sobre tres negativos que representaban los tres colores primarios —rojo, verde y azul— y que no mucho después fue reemplazado por el Eastmancolor, proceso más económico y menos estable —aunque mejoró rápidamente—, ya sobre una única película o negativo.
En esta época, el Technicolor de tres bandas era además un proceso de una sensibilidad escasísima —sobre los 12 o 16 ASA— y equilibrado para luz día, lo que obligaba a utilizar grandes arcos voltaicos como luces principales. El resultado era una paleta de color muy viva y muy saturada, de la que Cardiff obtiene un gran partido en todo momento en una película rodada casi de forma íntegra en estudio, con la excepción de algunos breves exteriores en localizaciones.
Se aprecia cierta suavidad en las imágenes, que también puede ser consecuencia del uso de las lentes Rank Taylor Hobson, conocidas asimismo como Cooke Speed Panchro, que eran las que montaban las cámaras originales de Technicolor. Además, el filme contiene un buen número de trucajes visuales, no solo durante las secuencias de ballet, para integrar la danza en planos obtenidos o creados por separado, sino incluso para prolongar o hacer más grandes los decorados con matte paintings o pinturas mate, técnica ya empleada en “Black Narcissus”.
Para profundizar en el Technicolor de tres bandas y la evolución histórica del formato de 35 mm:
Formatos cinematográficos (I): historia del 35 mm, del cine mudo al sonoro

Por supuesto, teniendo en cuenta la escasísima sensibilidad del Technicolor, Jack Cardiff basa su iluminación en luces duras dirigidas siempre hacia los actores y el decorado, con múltiples fuentes, cada una con su propia función específica. Sobre los actores utiliza luz principal, contraluz y relleno; sobre el decorado, luces entrando por las ventanas, luces en los fondos y luz de relleno general.
A pesar de que el filme está rodado bastante abierto de diafragma —sobre T2.8—, el tipo de negativo obligaba a ser muy específico, pues allí donde no incidía una luz la imagen se iba directamente a negro, por su nula sensibilidad. El estilo, por tanto, es clásico a más no poder, pero niveles tan intensos de luz son precisamente los que hacen que los colores sobresalgan tanto en pantalla por su elevada saturación.
Además, Cardiff plantea muchas situaciones en las que sus luces tienen una temperatura de color muy alta o muy baja. De este modo es capaz de recrear —con luces de tungsteno— algunos efectos de atardecer y de luz solar, o, con arcos filtrados de azul, efectos de anochecer y amanecer. A veces resultan sorprendentes por la dificultad que debió de suponer obtenerlos, pero entran dentro de la lógica del Technicolor: para separarse al máximo del blanco y negro no bastaba con el «simple» color, sino que había que exhibirlo.

Conclusión final
Pero quizá lo más interesante e inventivo sean las secuencias y coreografías de danza, por la forma en la que Jack Cardiff, con plena libertad para llevar a cabo una iluminación teatral, mezcla colores, texturas de luz —suaves y duras—, direcciones —contraluz y luces de seguimiento— y, además, los mencionados efectos visuales.
Se nota que en dichas secuencias, que ocuparon gran parte del período de filmación, tanto el propio director de fotografía como los dos realizadores pusieron un gran esmero en que su película fuera única y diferente. Los resultados son muy buenos y, sobre todo, muy elaborados, con secuencias sorprendentes y muy bien realizadas a pesar de las enormes dificultades provocadas por las limitaciones técnicas, que hacen que en algunos momentos resulte absolutamente meritorio el resultado técnico.
Cuando, además, Jack Cardiff es capaz de crear sobre esa sólida técnica imágenes tan bellas, armoniosas y coherentes con lo que están contando los cineastas, el resultado es sobresaliente. No es extraño, por tanto, que el filme ocupe en la actualidad un lugar de privilegio en casi todos los listados que recogen las mejores fotografías de la historia del cine.
© Ignacio Aguilar, 2020. Revisada en 2026.
El autor
Ignacio Aguilar, AEC, es director de fotografía y autor de ON FILM & DIGITAL. Puedes conocer su trayectoria, explorar el archivo de reseñas, consultar su biografía profesional y sus trabajos seleccionados.