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Ordinary People - Ignacio Aguilar
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Ordinary People

Debut en la dirección del actor Robert Redford, adaptando para la gran pantalla, a través de un guión de Alvin Sargent, una novela de Judith Guest. Los protagonistas son una familia de clase acomodada de Illinois, formada por un matrimonio (Donald Sutherland y Mary Tyler Moore) y su hijo (Timothy Hutton), quien tras la muerte de su hermano, ha pasado una crisis culminada en un intento de suicidio. El joven tiene problemas para relacionarse y acude al psiquiatra (Judd Hirsch), al tiempo que su situación personal parece que comienza a resquebrajar el matrimonio. «Ordinary People» fue un proyecto especial para Redford, que vio recompensados sus esfuerzos con cuatro premios principales en los Oscar de aquélla temporada (ni más ni menos que los de película, director, guión adaptado y actor secundario, para el debutante Hutton). En perspectiva, fue sin duda un encumbramiento exagerado contra películas como «Raging Bull» (Martin Scorsese), «Tess» (Roman Polanski) o «The Elephant Man» (David Lynch), puesto que la película de Redford está muy bien escrita e interpretada, pero ello no impide que sea una obra menor (en cuanto a resultados e incluso en cuanto a escala) si es comparada con otros de los títulos de su misma temporada.

El director de fotografía fue John Bailey [ASC], en uno de sus primeros trabajos en el puesto, después de haber sido operador de cámara de directores de fotografía como David Myers, Ric Waite, Néstor Almendros («Days of Heaven«) o Vilmos Zsigmond («Winter Kills«). En esta misma época, Bailey ya había iniciado su relación profesional con Paul Schrader con «American Gigoló» (1980), que se extendería a «Cat People» (1982) y «Mishima» (1985), siendo posteriormente su asociación con Lawrence Kasdan la que probablemente le dio más fama, con títulos como «The Big Chill» (1983), «Silverado» (1985) y «The Accidental Tourist» (1988). Ya en los 90, destacan en su filmografía películas como «Groundog Day» (Harold Ramis, 1993), «In the Line of Fire» (Wolfgang Petersen, 1993), «As Good as it Gets» (James L. Brooks, 1997) o «For the Love of the Game» (Sam Raimi, 1999). En los años 2000, todavía en activo, Bailey ha trabajó más en comedias y algunos otros proyectos menores, aunque además de ser una personalidad importante dentro de la American Society of Cinematographers (ASC), de la cual es fue distinguido miembro, también fue Presidente de la Academia de Hollywood, la encargada de otorgar cada año los premios Oscar, cargo que dejó poco antes de su fallecimiento en 2023 a los 81 años de edad.

En el caso de «Ordinary People», tanto a nivel formal como de estilo, se trata de una película austera, más en la línea del cine de los 70 que el que vendría ya en los 80. De hecho, la austeridad es tal que a veces parece que nos encontramos incluso ante una película de Sidney Lumet, aunque en este caso ello tenga que ver más con el oficio de la puesta en escena y del rodaje en sí que en su inspiración. Fue exactamente la tercera película completa de John Bailey como director de fotografía y no era un trabajo del todo sencillo, puesto que tenía que fotografiar adecuadamente a dos estrellas maduras como Mary Tyler Moore y Donald Sutherland, así como crear los ambientes adecuados para el desarrollo de la historia. Quizá por lo primero, «Ordinary People» es una película que, en apariencia, está rodada con filtraje mediante una media delante o detrás del objetivo. Lo que ocurre es que al contrario que lo que empleaban algunas películas todavía en esta época con gruesos filtros Low-Contrast, Fog o Double Fog, la media empleada por Bailey es ciertamente sutil y poco intrusiva. Lo que hace es restar el detalle justo en la imagen, así como reducir algo el contraste y apastelar los colores, como para poder acercarse con seguridad a los actores y mostrarlos de manera favorecedora. Esta pretensión es especialmente evidente con Mary Tyler Moore, quien además es tratada con una luz algo más plana (o menos contrastada, si se quiere ver de ese modo) que a veces se asemeja incluso más a la de los programas que protagonizaba que al de una película dramática de esta época.

El resto del film posee una fotografía más o menos realista, teniendo en cuenta que un rodaje a través de un «filtro» como una media ya supone, per se, una estilización de la imagen. Y también, teniendo en cuenta, por supuesto, que en 1980, aunque las lentes esféricas Panavision permitían grandes aperturas de diafragma, todavía se empleaba mucho el zoom (con aperturas de al menos T3, y en este film se usa incluso en interiores) y las emulsiones únicamente llegaban a los 100 ASA, lo cual exigía niveles de luz elevados que no siempre facilitaban crear dicha estética realista. Pero John Bailey lo hace bastante bien en ese apartado, siempre a través de luz suave, casi siempre también justificando de manera adecuada sus fuentes de iluminación e incluso mostrando un cierto aire moderno al emplear, por ejemplo, algunas de las técnicas predilectas de Gordon Willis, como su luz cenital, o incluso referenciar a Vittorio Storaro (la película favorita de Bailey era «Il Conformista», 1970) en alguno de los encuentros entre Timothy Hutton y su psiquiatra, Judd Hirsch, encuentros que, por lo menos, siempre están resueltos de manera diferente a fin de hacerlos más interesantes.

Pero John Bailey, como en toda su carrera, muestra en «Ordinary People» que era o es un director de fotografía absolutamente competente, capaz de conseguir y llevar a buen puerto casi cualquier película y de cualquier género, pero con mucho más oficio que inspiración. Es decir, por ejemplo, cuando emplea la luz cenital, Bailey siempre se cubre con luces de ojos sobre los actores, o bien con rebotes de luz suave que rellenan sus rostros… o cuando hace escenas con bastante contraste en exteriores (como la de la orilla de uno de los canales en Chicago), o bien aprovecha la niebla para reducirlo o incluso recurre a un filtraje adicional para hacerlo menos aparente. Esa manera de minimizar riesgos, o de jugar más sobre seguro, es lo que hace que gran parte de sus trabajos luzcan bien, pero siempre con un estilo académico al que los grandes de su tiempo (como el propio Willis, o Roizman, Zsigmond…) renunciaban en muchas ocasiones, pero que en Bailey siempre está presente y puede que haga que su obra sea de menor interés y su luz, más predecible. Pero por otro lado, aunque el prestigio de la película sea exagerado, también es cierto que «Ordinary People» necesitaba un gran guión y unos grandes actores, cosa que tiene, así como un realizador que, en cierto modo, se aparte y no hiciera demasiado con la cámara, cosa a la que Robert Redford, como director, se ajusta bien. Así que no es extraño que haciendo exactamente eso mismo John Bailey como director de fotografía, la película resulte armoniosa y exitosa en su conjunto, ya que su planteamiento, sobrio como la dirección, evita que la atención recaiga sobre sí mismo y ello, precisamente, es lo que la dirige hacia los puntos fuertes e importantes del film.

Título en España: Gente Corriente
Año de Producción: 1980
Director: Robert Redford
Director de Fotografía: John Bailey, ASC
Ópticas: Panavision esféricas
Emulsión: Kodak 5247 (100T)
Formato y Relación de Aspecto: 35mm esférico, 1.85:1

Vista en HDTV 4K

© Ignacio Aguilar, 2025.



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