Año de producción: 2014
Director: Daniel Monzón
Director de fotografía: Carles Gusi, AEC
Ópticas: Zeiss Ultra Prime y ARRI Alura
Formato y relación de aspecto: RED Epic Mysterium-X (5K), 1.85:1
Otros: segunda unidad de Josu Incháustegui
Vista en DCP
Carles Gusi fotografía El Niño con RED Epic, luz natural y un poderoso despliegue marítimo, aunque la apertura extrema del obturador condiciona decisivamente sus noches.
La película
Retorno a la gran pantalla del mismo equipo de «Celda 211» (2009), con una historia ambientada en el estrecho de Gibraltar, lugar fronterizo y clave en el tráfico de drogas desde África a Europa. Luis Tosar interpreta a un policía que, junto a su compañera (Bárbara Lennie), lleva tiempo siguiendo a una importante organización cuya cabeza visible es un británico radicado en Gibraltar (Ian McShane).
Al mismo tiempo, el debutante Jesús Castro toma el papel del personaje que da título al film, un joven algecireño que se inicia en el transporte de droga desde las costas africanas en compañía de un amigo (Jesús Carroza) y un joven de procedencia marroquí (Saed Chatiby). La estructura de la película, a base de montajes paralelos, muestra los avances de unos y otros hasta que sus caminos se cruzan en mitad del estrecho.
Monzón, coautor del guion junto a Jorge Guerricaechevarría, dirige con pulso la última gran producción del cine español, logrando una película que mantiene un buen equilibrio entre el desarrollo de personajes y la acción, con un buen número de secuencias marítimas muy bien resueltas.
Quizá la influencia de la televisión estadounidense más reciente sea demasiado evidente en la película, su puesta en escena y su desarrollo, pero el trabajo del reparto, la frescura de algunas situaciones y diálogos y el despliegue de medios hacen de «El Niño» una propuesta muy interesante y a ratos notable. Siempre teniendo en cuenta su perspectiva y enfoque comercial, también destaca la banda sonora de Roque Baños.

El director de fotografía
El director de fotografía es el veterano barcelonés Carles Gusi, AEC, que hasta la fecha siempre había acompañado a Monzón en sus aventuras en la dirección. Autor también de la fotografía de títulos como «Torrente, el brazo tonto de la ley» (1998), de Santiago Segura; «Acción mutante» (1993), de Álex de la Iglesia, o «Te doy mis ojos» (2003), de Icíar Bollaín, Gusi es ya un todoterreno clásico de nuestro cine.
Hasta aquel momento había obtenido una única nominación al Goya, precisamente por «Celda 211». Como en aquella película, rodada con el primer modelo de RED One y su sensor Mysterium, Monzón y Gusi volvieron a recurrir a cámaras RED, en este caso la Epic con sensor Mysterium-X, y a ópticas Ultra Prime y zooms Alura de ARRI.
Curiosamente, también volvieron a llevar a cabo una renuncia voluntaria al formato panorámico que sí habían utilizado en alguno de sus trabajos en celuloide y que, a priori, podría haber dado más juego en las localizaciones donde está rodada la película: Gibraltar, Algeciras, Ceuta, Cabo de Gata o Canarias, entre otras.
Más contexto técnico
La combinación de las Zeiss Ultra Prime con el formato Super 35 y la resolución 5K de la RED Epic se explica en la Guía de Ópticas de Cine (I).

Análisis visual
La imagen de «El Niño» es bastante directa y no parece buscar un estilo especial, más allá de la pretensión de que toda la película y los actores luzcan bien en casi cualquier circunstancia. Son muy frecuentes los momentos en que Gusi o su operador de segunda unidad, Josu Incháustegui, se esfuerzan por captar instantes en los que la luz del estrecho es lo más atractiva posible, sin necesidad de recurrir a artificios o luces adicionales.
Pero también son múltiples las ocasiones en que se recurre a filtrajes —degradados y, posiblemente, filtros de color— y al etalonaje para recrear aspectos más específicos y la luz cálida que, a priori, se asocia al lugar donde se desarrolla la historia.
Esta heterogeneidad no solo aparece en las tomas más amplias, sino también en las escenas de diálogo. Algunas están capturadas aparentemente con la luz disponible, mientras que en otros momentos se percibe muy bien cómo Gusi sitúa a sus personajes debajo de palios o sedas para filtrar la dureza del sol y favorecer el aspecto de los actores.
Es decir, es tan frecuente que Gusi, cuando rueda desde un interior hacia un exterior o hacia una fuente de luz, deje a sus personajes casi en silueta —en lo que parece una aproximación muy natural— como que, en otras situaciones, exista un esfuerzo por estilizar y mejorar esa realidad. Las escenas nocturnas están rodadas con niveles de luz muy bajos y, en ocasiones, aprovechan en los fondos las luces reales de escenarios naturales como el puerto de Algeciras.

El aspecto de estas secuencias es creíble, pero muestra el mayor inconveniente de todo el trabajo de Gusi, que desgraciadamente no es aislado: toda o casi toda la fotografía nocturna está rodada alargando la velocidad de obturación hasta los 270 o 360 grados. De este modo aparecen los temidos artefactos de vídeo ya criticados en «Celda 211» o en películas de Michael Mann como «Collateral» (2004), «Miami Vice» (2006) o «Public Enemies» (2009).
La mayor sensibilidad de la RED Epic respecto a la RED One original —800 ISO frente a 320 ISO—, así como el hecho de que la producción nunca se planteara el uso de Zeiss Master Prime, hace que la decisión de rodar estas escenas con el obturador abierto resulte extraña, porque es premeditada y no consecuencia de las circunstancias necesarias para el rodaje.
Por otro lado, las RED Epic —equipadas con su sensor Mysterium-X y no con el nuevo Dragon, que no estaba disponible durante la primavera de 2013— muestran una latitud muy amplia. Esta únicamente se ve comprometida en la escena en la que Jesús Castro y Jesús Carroza visitan la futura vivienda del segundo de ellos, con una toma desde un interior hacia el exterior que presenta un fondo excesivamente quemado.
Curiosamente, la película parece estar etalonada buscando conscientemente que los negros no sean absolutamente negros, sino algo más traslúcidos, lo que produce un ligero efecto de bajo contraste que favorece el rango dinámico y el aspecto fílmico global. Por el contrario, combinadas con las ópticas Ultra Prime, las RED Epic sí muestran una resolución y un detalle muy altos, lo cual favorece las grandes vistas exteriores de las que hace gala el film.

Conclusión final
La puesta en escena de Monzón está algo contaminada por el lenguaje televisivo de nuestros días, con algunas escenas resueltas con multicámaras o teleobjetivos, pero cumple bien su papel en términos generales. Donde realmente brilla la película a nivel técnico es durante sus escenas marítimas, con persecuciones diurnas y nocturnas muy bien resueltas que, sin lugar a dudas, son el mayor reclamo de la producción para el gran público.
Los resultados globales son buenos, quizá demasiado heterogéneos y sin un fuerte concepto o idea estética tras ellos. En cualquier caso, muestran en todo momento que ha habido un gran esfuerzo de producción por ofrecer un film con un elevado nivel técnico y visual. Desde ese punto de vista, los resultados están a la altura de las expectativas y compiten sin el menor problema con producciones extranjeras de alto nivel.
Lástima que la decisión de rodar las escenas nocturnas alterando el ángulo de obturación provoque molestos efectos de vídeo y sea tan consciente por parte de los cineastas como incomprensible para quien escribe estas líneas. De no mediar este efecto, estaríamos hablando de un film con un acabado visual muy alto, que incluso se permite el lujo de homenajear a «Raiders of the Lost Ark» (1981) en su conclusión.
ON FILM & DIGITAL
© Ignacio Aguilar, 2014. Revisada en 2026.
Ignacio Aguilar, AEC, es director de fotografía y autor de ON FILM & DIGITAL. Puedes conocer su trayectoria, explorar el archivo de reseñas, consultar su biografía profesional y sus trabajos seleccionados.