Título en España: El Reverendo
Año de Producción: 2017
Director: Paul Schrader
Director de Fotografía: Alexander Tynan
Formato y Relación de Aspecto: Arri Alexa Mini, 1.37:1
Vista en Blu-ray
Alexander Tynan traduce la austeridad espiritual de Paul Schrader a una imagen fría, rigurosa y deliberadamente constante, construida mediante fuentes justificadas, luz suave y el formato 1.37:1.
La película
Primer largometraje del guionista y director Paul Schrader en recibir elogios y atención crítica desde hacía muchos años, centrado en un solitario cura —Ethan Hawke— que ejerce en una pequeña congregación.
Un día se le presenta una mujer embarazada —Amanda Seyfried— cuyo marido no desea tener al hijo. Este es únicamente el arranque de una serie de acontecimientos durante los cuales el padre comienza a plantearse algunas de las circunstancias de su fe y de su existencia, mientras parece que poco a poco va perdiendo la cordura.
La referencia de “First Reformed” parece ser, de manera muy obvia, “Taxi Driver” (1976), de la que en varios apartados —sobre todo temáticos— parece una revisión de carácter espiritual.
Los resultados quizá no sean tan buenos como se ha dicho. Es una película dominada por completo por los diálogos, a veces algo reiterativos para la idea que pretende transmitir Schrader, pero está tan bien interpretada por Ethan Hawke que, incluso dentro de su irregularidad, consigue mantener el interés por el personaje central.

El director de fotografía
El director de fotografía es Alexander Tynan, quien ya era autor de la fotografía de la anterior película de Paul Schrader, “Dog Eat Dog” (2016), que supuso su debut en largometrajes.
“First Reformed” es únicamente el segundo de ellos, rodado con un presupuesto de tres millones y medio de dólares y en solo veinte días. Es un dato sorprendente, ya que la película luce bien en todos los apartados y contiene largos diálogos y casi dos horas de proyección.
Estas circunstancias ponen de manifiesto hasta qué punto habían descendido las producciones de Schrader, quien al comienzo de su carrera, en títulos como “Hardcore” (1979) o “American Gigolo” (1980), contaba con directores de fotografía como Michael Chapman o John Bailey, e incluso con producciones a todo lujo a cargo de Jerry Bruckheimer.
En cualquier caso, que el rodaje se ejecutase únicamente en veinte días habla muy bien de Tynan, de la preparación del propio Paul Schrader y de sus actores. La proyección no evidencia haber sido realizada con prisas ni muestra descuidos derivados de la necesaria rapidez.

Análisis del estilo visual
Por las fotografías de producción y las propias imágenes captadas, parece claro que los cineastas rodaron con una Arri Alexa Mini —aunque podría tratarse de una Amira— y ópticas modernas tipo Zeiss Ultra Prime. El resultado posee una textura plenamente moderna y la gran calidad que se presupone al sensor de Arri.
La imagen pretende ser en todo momento sencilla y natural, pero no directa. Tynan se propone siempre que las fuentes integradas en el decorado justifiquen la luz de cada plano, aunque introduce una o dos fuentes suaves sobre los personajes para modelar su aspecto, dentro de un estilo moderno y de moda.
Como el color y la textura de la luz coinciden con los de las fuentes que parecen imitar, la imagen resulta natural, si bien está sometida a una estilización que hace que su aspecto sea más sofisticado.

En general, todo está bien realizado. La frialdad de las imágenes no solo encaja con el clima de las localizaciones neoyorquinas empleadas, sino también con la frialdad con la que Schrader trata el tema y con la austeridad del protagonista, que vive en una casa sin apenas muebles o atrezo.
Lo que ocurre es que el trabajo visual, aunque se adapta a la narrativa y luce bien, mantiene un tratamiento demasiado continuo y demasiado «igual» de una escena a otra. Al final de la proyección parece faltarle vida o una mayor variedad estética.
Los niveles de exposición, las relaciones de contraste, el uso de las luces principales y las temperaturas de color son siempre tan parecidos que el resultado termina aburriendo un poco por su propia consistencia.
Para profundizar en el formato académico 1.37:1 y su evolución hacia las relaciones de aspecto panorámicas:

Excepto precisamente en el plano que concluye el metraje —que recuerda sospechosamente al final de “Obsession” (1976), de Brian De Palma, escrita por el propio Paul Schrader—, la película está planteada casi siempre mediante tomas fijas.
Además, recupera la relación de aspecto 1.37:1, típica del cine desde el inicio del sonoro hasta la irrupción de los formatos panorámicos esféricos, que hicieron que el cine pasase a ser 1.66:1 o 1.85:1.
Schrader juega a veces con la angulación para rodar planos ligeramente picados de cada actor. Pero gran parte de la película consiste en planos y contraplanos de un personaje hablando con otro, de modo que la relación de aspecto mucho más cuadrada le sienta bien, además del efecto refrescante que siempre supone un estilo compositivo alejado de los formatos más anchos del cine contemporáneo.
Conclusión final
Los resultados son buenos, aunque un Paul Schrader que —como afirma él mismo— pretende citar tanto a Bergman como a Tarkovsky y Bresson no es, desde luego, el plato ideal para gran parte de los espectadores.
La fotografía de Alexander Tynan sostiene con rigor la austeridad, el clima y el aislamiento del protagonista. Su principal virtud, la consistencia, es también su límite: la extraordinaria continuidad del planteamiento termina privando a la película de parte de la variedad y la vida que podrían haber enriquecido su recorrido.
© Ignacio Aguilar, 2019. Revisada en 2026.
El autor
Ignacio Aguilar, AEC, es director de fotografía y autor de ON FILM & DIGITAL. Puedes conocer su trayectoria, explorar el archivo de reseñas, consultar su biografía profesional y sus trabajos seleccionados.