«Gladiator II»
Título en España: Gladiator II
Año de Producción: 2024
Director: Ridley Scott
Director de Fotografía: John Mathieson, BSC
Ópticas: Angenieux EZ, Panaspeed, Optica Elite
Formato y Relación de Aspecto: Arri Alexa Mini LF (Arriraw 4.5K), 2.4:1
Otros: Digital Intermediate (4K)
John Mathieson conserva destellos de oficio, pero su fotografía queda aquí atrapada entre el rodaje multicámara de Ridley Scott y una avalancha de CGI.
La película
Secuela directa de «Gladiator» (Ridley Scott, 2000), que continúa el argumento quince años después de aquélla: un hombre (Paul Mescal, en otra película) es hecho esclavo en el norte de África tras ver cómo los romanos invaden y destruyen su ciudad, y llevado hasta Roma como gladiador. Allí, sus deseos de vengarse contra el general romano que comandó la invasión (Pedro Pascal, con Mescal, en la otra película) pronto son olvidados porque resulta que este hombre es hijo de Lucilla (Connie Nielsen), la hija del emperador Marco Aurelio.
Sin embargo, los planes de luchar por su libertad y contra los malvados emperadores (Joseph Quinn y Fred Hechinger) rápidamente chocarán contra los del ambicioso entrenador de gladiadores (Denzel Washington, el único que sabe en qué tipo de película está metido). «Gladiator II» es un absoluto fiasco que echa notablemente en falta la presencia y carisma de Crowe en el papel principal y la de Hans Zimmer a los mandos de la música. Pero lo peor es que está escrita (por David Scarpa) y dirigida (por Ridley Scott) con una dejadez y desidia que hacen que el original, con sus muchos defectos, parezca una obra cumbre del séptimo arte en comparación.

El director de fotografía
El director de fotografía volvió a ser el británico John Mathieson [BSC], que debutó a las órdenes de Ridley Scott en el primer film, para volver a colaborar después en «Hannibal» (2001), «Matchstick Men» (2003), «Kingdom of Heaven» (2005) y «Robin Hood» (2010), aunque desde entonces el mayor de los hermanos Scott había trabajado en exclusiva junto al polaco Dariusz Wolski, que había sido director de fotografía de su hermano Tony en dos títulos de los 90: «Crimson Tide» y «The Fan». Mathieson, que fue candidato a todos los premios de la temporada con su trabajo en «Gladiator», fue de nuevo candidato al Oscar con «The Phantom of the Opera» (Joel Schumacher, 2004).
Desde entonces, su carrera ha sido algo irregular, mostrando casi siempre buenas dosis de oficio y de talento, con un estilo vistoso y muy buen acabado técnico, pero sin llegar a trabajar junto a directores de primera línea en proyectos de gran nivel, estableciéndose en proyectos comerciales y de alta complejidad técnica como «X-Men: First Class» (Matthew Vaughn, 2011), «47 Ronin» (Carl Erik Rinsch, 2013), «The Man from U.N.C.L.E.» (Guy Ritchie, 2015), «King Arthur» (Guy Ritchie, 2017), «Logan» (James Mangold, 2017), «Doctor Strange Multiverse of Madness» (Sam Raimi, 2022) o «Jurassic World: Reborn» (Gareth Edwards, 2025).

Análisis del estilo visual
Desde que se pasase al cine digital con su primer trabajo con Dariusz Wolski («Prometheus», 2012), Ridley Scott no ha vuelto a trabajar en celuloide, seguramente por la inmediatez de resultados que ofrece la adquisición digital e incluso su mayor rapidez a la hora de rodar. Es sabido que, desde sus primeros largometrajes, el director británico siempre ha sido un firme proponente de los rodajes con multicámaras. Si bien, especialmente a raíz de su colaboración con Wolski, el uso de las mismas se ha incrementado en su cine y, a la vista de los resultados, parece que Ridley Scott las estuviera empleando para sustituir una planificación tradicional: en lugar de llegar al set con cada toma previamente planeada, parece que, desde hace años, el director coreografía en directo lo que busca y plantea que tres, cuatro o cinco cámaras lo capten.
Las escenas se repiten varias veces y, como se ruedan desde varios ángulos a la vez, los cineastas pueden pasar a las siguientes. Lógicamente, ello conlleva compromisos: de un lado, la película sufre porque no está previamente planificada, sino más bien improvisada en directo, realizada como una retransmisión. Y de otro, porque resulta también obvio que únicamente se puede iluminar óptimamente para un ángulo y que, a partir de ahí, todo son compromisos, que son mayores cuantas más cámaras ruedan a la vez, simultáneamente. Bien, pues en «Gladiator II» parece que ocurren ambas cosas: una puesta en escena bastante improvisada y una iluminación comprometida por las multicámaras y los diferentes ángulos que se ven simultáneamente en el producto terminado.

Además de esta característica del cine de Ridley Scott, que probablemente no tiene una película decente en su filmografía desde «The Martian» (2015) (si acaso, «The Last Duel», en 2021), en «Gladiator II» hay un notabilísimo incremento del número de planos con efectos visuales digitales con respecto a la primera película. No es que los efectos digitales del año 2000 fueran gloriosos, precisamente, pero al menos los cineastas los restringieron, principalmente, para las tomas generales de Roma, borrados o añadidos de extras, por ejemplo, en el Coliseo. Pero en «Gladiator II» su uso está extendidísimo y, el problema principal, es que sustituyen a los efectos físicos y coreografías de acción que funcionaban bien en la batalla inicial o en las sucesivas escenas de lucha en el Coliseo.
La batalla inicial está sustituida por una batalla naval (en realidad, barcos contra una ciudad amurallada contra el mar) en la que el grueso de la imagen es CGI en el que se ha incrustado a los actores, con poca apariencia de rodaje físico, real, y mucha de post-producción. Esta apertura ya hace entrever lo peor y luego se confirmará en cada una de las escenas de lucha, ya se trate contra monos, contra rinocerontes, o una «naumaquia» con tiburones en el Coliseo. No es siquiera la renuncia al rodaje en celuloide lo que molesta de la película (si bien algo de textura fotoquímica, en contraposición a la limpieza y dureza digital, habría ayudado), es esta continua apariencia de imágenes generadas por ordenador cada vez que hay una secuencia de acción o de masas, que hacen que el primer film —incluso en sus peores momentos— luzca completamente artesanal en contraposición a esta secuela.

A John Mathieson no se le ha olvidado iluminar en este tiempo, lo que ocurre es que su trabajo está absolutamente supeditado a la forma de rodar de Scott y a los efectos visuales digitales, que llegan incluso al rostro de la veterana Connie Nielsen. Lo curioso es que a veces la actriz parece retocada digitalmente, para eliminarle arrugas e imperfecciones de su rostro, y otras no. En general, podría decirse que cada vez que aparece la actriz o los múltiples efectos, Mathieson hace lo que puede.
En el Coliseo, busca repetir y repite el aspecto del primer film. Y en los exteriores, rueda todo lo posible a contraluz, pero se encuentra totalmente a merced de esos efectos que recrean ejércitos, fondos o hasta la luz, como en la secuencia final (que hay que ver para creer). Por ello, cuando mejor funciona la fotografía es cuando los cineastas se encuentran en interiores y Mathieson puede hacer uso de grandes aparatos de luz dura para proyectar haces de luz solares, o bien incluso en esos interiores rodados en Malta, en localización (como en el primer film), en los que hay una interesante combinación de antorchas y de luz de luna, siguiendo también la estela de la primera película. Pero hay muy poco más, porque el rodaje con zooms, muchas cámaras a la vez y tantos efectos para sustituir a «lo físico» hacen que su trabajo pueda ser considerado, en el mejor de los casos, como «descafeinado».
Tampoco ayudan los flashbacks, absolutamente decolorados, o las noches americanas, que tienen muy poco de noche, y que en general dan la sensación de estar hechas deprisa y corriendo. En general, da la sensación de que Mathieson ha tenido poco o muy poco control sobre el producto final.

Conclusión final
Por lo tanto, «Gladiator II» tiene el dudoso honor de dilapidar un presupuesto gigantesco en un guión que nadie se cree (comenzando por los actores), a las órdenes de un director que, con ochenta y siete años de edad en el momento del estreno, se encuentra muy lejos no ya de las películas que le dieron fama y prestigio («The Duellists», «Alien», «Blade Runner», «Thelma & Louise»…) sino incluso de aquéllas otras de su filmografía que funcionaban de manera razonable y permitían entrever, aún con sus problemas, a un artista con un ojo privilegiado para la creación o recreación de mundos y ambientes.
En lugar de eso, el actual Scott parece un cineasta preocupado nada más por rodar, rodar y rodar, no importa ni el cómo ni el por qué, favoreciendo la cantidad sobre la calidad y obteniendo resultados que, desde hace ya muchos años, son absolutamente indefendibles, como precisamente lo es esta innecesaria continuación.
Vista en Blu-ray 4K HDR
ON FILM & DIGITAL
© Ignacio Aguilar, 2026.
Ignacio Aguilar, AEC, además de ser autor y editor de ON FILM & DIGITAL, es director de fotografía de películas como «La Pasajera» (Fernando González Gómez, Raúl Cerezo, 2021), «Viejos» (ídem, 2022), «Rabios@» (Luis Mª Ferrández, 2025), o las escenas españolas del Western «Dead Souls» (Alex Cox, 2025). Tiene pendiente de estreno «Los Que Vienen» (Víctor Català, 2026). Además colabora en diversos centros educativos, tanto en Master, como Grados o Diplomaturas, en TAI, ESCAC, THE CORE o ECAM, entre otros. Es «Independent Certified Expert» (ICE) de Sony, así como embajador en España para las lentes Cooke SP3. Las opiniones del autor son estrictamente personales.