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La Residencia (1969) – Fotografía de Manuel Berenguer - Ignacio Aguilar La Residencia (1969): fotografía de Manuel Berenguer
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"La Residencia" / "The House That Screamed" (Narciso Ibáñez Serrador, 1969) - cinematography by Manuel Berenguer ASC

La Residencia (1969) – Fotografía de Manuel Berenguer

«La Residencia»
Título internacional: «The House that Screamed» / «The Finishing School»
Año de Producción: 1969
Director: Narciso Ibáñez Serrador
Director de Fotografía: Manuel Berenguer [ASC]
Ópticas: Franscope anamórfico
Emulsión: Kodak 5254 (100T)
Formato y Relación de Aspecto: 35mm anamórfico (Franscope), 2.35:1
Vista en Blu-ray

Terror gótico, Franscope y una fotografía de Manuel Berenguer [ASC] de ambición internacional.

La película

«La Residencia» es un clásico del cine de terror español y supuso el debut cinematográfico del guionista y director Narciso “Chicho” Ibáñez Serrador, que adaptaba libremente un relato corto de Juan Tébar para la gran pantalla, aunque, claro está, Serrador era ya conocidísimo en España por sus concursos televisivos y por sus «Historias para no dormir».

Fue también una de las primeras —si no la primera— películas españolas diseñadas para un mercado internacional, lo que implicó la presencia de intérpretes extranjeros —Lilli Palmer, extraordinaria en su papel principal, John Moulder-Brown o Mary Maude— y un abultado presupuesto que permitió grandes recursos, por ejemplo unos magníficos decorados interiores a cargo de Ramiro Gómez.

Pero lo mejor, sobreponiéndose a un guion algo esquemático, es la forma en que la película está dirigida y rodada por Serrador, quien, a pesar de su rotundo éxito, únicamente rodaría otro film más: la también notable «¿Quién Puede Matar a un Niño?» (1976). Waldo de los Ríos fue el compositor de una película que también contó con Cristina Galbó, Cándida Losada, Tomás Blanco, Víctor Israel y Teresa Hurtado en el reparto.

Composición anamórfica en el aula de La Residencia, con Lilli Palmer y Cristina Galbó rodeadas por las alumnas en profundidad de campo

El director de fotografía

El director de fotografía fue Manuel Berenguer [ASC], el primer español en ser aceptado como miembro de la prestigiosísima American Society of Cinematographers. Formado en Alemania, fue autor, por ejemplo, de «Bienvenido Mr. Marshall» (Luis García Berlanga, 1953), «El Lazarillo de Tormes» (César Ardavín, 1959) o «Un Rayo de Luz» (Luis Lucía, 1960), pero es famoso sobre todo porque fue uno de los directores de fotografía españoles que más y mejor trabajó con las producciones internacionales que vinieron a rodar a España en los años cincuenta y sesenta.

Estuvo en las segundas unidades de «Around the World in 80 Days» (1956) y «The Pride and the Passion» (1957), firmó «Thunderstorm» (John Guillermin, 1956) y luego, ya en los sesenta, tras la enfermedad de Franz Planer, fue ascendido a la primera unidad de «King of Kings» (Nicholas Ray, 1961), crédito compartido con Planer y Milton Krasner.

Escena del ático de La Residencia, con una figura en penumbra recortada por una luz fría y expresionista entre objetos del decorado

Después haría segundas unidades en «El Cid» (1961), «55 Days at Peking» (1963), «Circus World» (1964) o películas como «The Thin Red Line» (1964) y «Crack in the World» (1965), para Andrew Marton, así como espectáculos internacionales en 65mm como «Savage Pampas» (1966) y «Krakatoa: East of Java» (1969).

Caso especial es el de «Doctor Zhivago» (David Lean, 1965), puesto que, estando asignado a la segunda unidad, tuvo que hacer de puente durante varias semanas de primera unidad entre el despido del director de fotografía Nicolas Roeg y la llegada de Freddie Young, rodando, por ejemplo, las escenas en Finlandia.

Ya en los setenta, siendo veterano, rodó varios proyectos internacionales más en España, siendo el más destacable «Nicholas & Alexandra» (Franklin J. Schaffner, 1971), también en segunda unidad, además de varias películas internacionales de menor escala que las de los sesenta, hasta su retiro a finales de la década.

Dormitorio colectivo de La Residencia, con las alumnas agrupadas en una composición panorámica de gran profundidad dentro del decorado gótico

Análisis del estilo visual

Sin embargo, Manuel Berenguer no fue el director de fotografía original, sino Godofredo Pacheco. Fuentes de primera mano me contaron que Pacheco tuvo problemas con el rodaje en anamórfico y con los niveles de oscuridad y contraste que requería el film, con la temida aparición de “ala de mosca”. Fue rápidamente sustituido por Berenguer, aunque el film terminado parece íntegramente resuelto por este último.

Sol Carnicero, que trabajó en la película, atribuyó posteriormente el incidente a un problema de emulsión o laboratorio y habló de un despido injusto. La solución de Berenguer, en todo caso, fue muy clásica: rodando en celuloide —seguramente ya Kodak 5254, 100T, introducida en 1968—, duplicó los niveles de intensidad de luz, sumando aparatos o sustituyéndolos en el plató por otros de mayor intensidad.

Pasillo nocturno de La Residencia, iluminado con zonas de sombra muy densas, contraluces y pequeñas áreas de luz sobre el decorado

Pero en lugar de iluminarlo todo —en torno a T/4 ½ con el sistema Franscope—, lo que hizo generalmente fue poner “mucha luz en pocos sitios” y, probablemente, sobreexponer y bajar al positivar. De esta manera, en las áreas correctamente expuestas, la exposición era la adecuada, pero donde no había luz, la imagen era realmente oscura, con negros más limpios y densos. Y el hecho de poner “mucha luz en pocos sitios” crea un contraste más elevado y una imagen de mucho más interés que una luz uniforme y poco contrastada.

Pero la luz de «La Residencia» la emparenta más con «The Innocents» (Jack Clayton, 1961) que con cualquier otro film; evidentemente, «La Residencia» está rodada en color, pero con un gusto clásico muy acusado y el mismo tipo de atmósfera gótica y cargada del film británico, que era el modelo de Serrador.

La luz de Berenguer es casi siempre una luz dura, de proyectores directos hacia las actrices y hacia el decorado —con excepciones: la escena de las duchas y las de la cocina muestran una luz más suave—. Se aprecia incluso la técnica clásica, a lo Robert Krasker, de poner una luz absolutamente frontal sobre Lilli Palmer, Mary Maude o Cristina Galbó, para realzar su aspecto al fotografiarlas.

Pero lo increíble es cómo usa múltiples fuentes sobre las actrices —cuando están en clase, o cuando están en “formación” en el comedor o dormitorio— sin que las sombras se solapen, e incluso permitiendo movimientos de cámara continuos trabajando con este sistema.

En las escenas de oscuridad, el planteamiento es el de aparatos grandes haciendo contraluces continuos —pero no un aparato, sino múltiples, porque las actrices se mueven—, otros aparatos grandes incidiendo en algún detalle del decorado para resaltar algún elemento o crear brillos en el suelo, o resistencias —los antiguos “dimmers”— para las escenas en que las actrices se mueven con velas, que lógicamente están apoyadas por aparatos fuera de cuadro.

Escena de las duchas de La Residencia, con luz suave y vapor que difuminan la imagen frente al contraste más duro del resto del film

El resultado es una película de género en color, muy estilizada y formal, capaz de competir con descaro con modelos internacionales mucho más asentados. Incluso ese cuidado a la hora de fotografiar a Lilli Palmer es más visible en el último Blu-ray, gracias al máster de Arrow, que parte de un escaneo 2K del negativo original: deja entrever que, además de ubicar cuidadosamente su luz, Berenguer usaba con la actriz alemana una leve media en el objetivo para suavizar aún más la imagen.

Es una fotografía de un nivel elevadísimo, no ya para España, sino para el cine en general de los años sesenta. Su único “pero” podría ser que se trataba de un estilo tan marcadamente clásico que muy pronto se pasaría de moda —sus efectos con las velas, por ejemplo, hechos con aparatos Fresnel grandes, resultan contrarios a la Nouvelle Vague o a las tendencias que llegarían a Estados Unidos a comienzos de los setenta—, pero como ambientación de una película del siglo XIX y para las pretiones del film, es prácticamente óptima.

Y cuando pudiera parecer que no es posible superar el trabajo de iluminación, resulta que hay un aspecto fundamental del film que tampoco conviene pasar por alto: el espectacular trabajo de cámara en formato panorámico anamórfico.

Berenguer usó el sistema Franscope, que en realidad consistía básicamente en utilizar un adaptador anamórfico frontal sobre el zoom Angénieux 35-140mm, como el empleado, por ejemplo, en «Rapture» o «The Blue Max». Ello ofrecía un amplio rango de focales en anamórfico —desde el angular muy marcado hasta el teleobjetivo—, así como la capacidad de hacer zoom, pero con mucha distorsión en los bordes y escasa luminosidad, aproximadamente T/4.4. Aunque eso sí, con muy buen enfoque mínimo para el anamórfico.

Primer plano anamórfico de John Moulder-Brown en La Residencia, con fondo desenfocado y tratamiento suave del rostro

Pero el partido que le sacaron los cineastas a este sistema es magnífico. Por un lado, realizan estupendas composiciones con muchos personajes en el encuadre de manera simultánea, con una colocación de las actrices siempre perfecta y armónica, generando líneas de fuga o profundidad, al tiempo que esa sensación de orden impuesto y forzado que pretende transmitir el film queda plenamente lograda.

Pero es que además la cámara, operada por Salvador Gil, se mueve entre las actrices a través de vías de travelling, dollies, grúas, carros con ruedas, etc., con una precisión espectacular. Y resultan mucho más meritorias esas composiciones y movimientos teniendo en cuenta que en aquella época no había vídeo, Steadicam, cabezas estabilizadas, etc.

Gran escalera interior de La Residencia, iluminada con sombras profundas y una figura aislada dentro del decorado gótico

Conclusión final

El resultado es, por lo tanto, superlativo, hasta el punto de que me parece poco valorado: a veces se hace más énfasis en los maravillosos decorados que en la forma en que están tratados.

Cierto es que, para los estándares españoles de la época, «La Residencia» era una superproducción —se dice que costó 30 millones de pesetas, una fortuna entonces—, pero el film no destaca por su dinero, sino por el talento con que está diseñado y ejecutado para crear esa atmósfera enrarecida y de terror gótico que sugiere su ambientación.

Es una lástima que todavía en el máster de Arrow existan ciertos defectos —un tono algo magenta y determinadas partes que no proceden del negativo, como los efectos ópticos, que probablemente partan de elementos de segunda o tercera generación—, pero quizá, con el tiempo, el notable incremento de calidad de imagen también pueda llevar aparejada una reconsideración internacional de un imborrable clásico español.

ON FILM & DIGITAL
© Ignacio Aguilar, 2026.

El Autor

Ignacio Aguilar, AEC, además de ser autor y editor de ON FILM & DIGITAL, es director de fotografía en activo. Ha fotografiado películas como «La Pasajera» (Fernando González Gómez, Raúl Cerezo, 2021), «Viejos» (ídem, 2022), «Rabios@» (Luis Mª Ferrández, 2025), o las escenas españolas del Western «Dead Souls» (Alex Cox, 2025). Tiene pendiente de estreno «Los Que Vienen» (Víctor Català, 2026). Además colabora en diversos centros educativos, tanto en Máster, como Grados o Diplomaturas, en TAI, ESCAC, THE CORE o ECAM, entre otros. Es “Independent Certified Expert” (ICE) de Sony, así como embajador en España para las lentes Cooke SP3. Las opiniones del autor son estrictamente personales. No dudes en contactar para cualquier proyecto creativo.



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