«MISSION: IMPOSSIBLE – FALLOUT»
Título en España: Mission: Impossible – Fallout
Año de Producción: 2018
Director: Christopher McQuarrie
Director de Fotografía: Rob Hardy, BSC
Ópticas: C-Series, E-Series & Primo 70 de Panavision
Formato y Relación de Aspecto: 35mm anamórfico (Panavision) + Millenium DXL (RAW), 2.4:1
Rob Hardy lleva la saga hacia una imagen más oscura, física y contemporánea, combinando celuloide anamórfico, ópticas clásicas y adquisición digital para las secuencias aéreas.
La película
Sexta película de la serie de largometrajes iniciada en 1996, basada, a su vez, en la famosa serie televisiva de los años sesenta. En esta ocasión, Ethan Hunt (Tom Cruise), Luther (Ving Rhames), Benji (Simon Pegg) e Ilsa (Rebecca Ferguson) tienen como peligroso encargo recuperar varias bombas nucleares que han ido a parar a las manos equivocadas, en una misión que principalmente los llevará a las calles de París y Londres, además de a las montañas del centro de Asia.
Ello no es más que una excusa para que Christopher McQuarrie, también guionista y primer director que repite en la serie, orqueste y enlace una serie de impactantes secuencias de acción física. El peligro real durante el rodaje para actores y especialistas es más que evidente, confiando mucho más en este tipo de trabajo clásico, con dobles y una cuidada coreografía en localizaciones reales, que en los modernos efectos digitales para crear un entorno y simular las acciones de los personajes.
El resultado a nivel narrativo es del todo indiferente, pues lo que importa es el subidón de adrenalina que generan las imágenes, aspecto en el que McQuarrie, un esforzadísimo Tom Cruise y el resto del equipo dan lo mejor de sí mismos. El uso de la música —e incluso la propia composición—, así como los clímax paralelos, recuerdan un poco al cine de Christopher Nolan.

El director de fotografía
El director de fotografía es nuevo en la serie y se trata del británico Rob Hardy, BSC, quien sustituye al veterano Robert Elswit, operador predilecto de Paul Thomas Anderson que se hizo cargo de «Mission: Impossible – Ghost Protocol» (2011), junto a Brad Bird, y de «Mission: Impossible – Rogue Nation» (2015), con el propio McQuarrie a los mandos.
Hardy es uno de los valores de la industria. Tras haber destacado con la serie «Red Riding: The Year of Our Lord 1974», llamó muchísimo la atención con su espléndido trabajo en «Ex Machina» (2014), película de presupuesto modesto pero tan bien hecha que le «quitó» el Óscar de efectos visuales a «Star Wars: Episode VII – The Force Awakens» (2015).
Su siguiente colaboración con Alex Garland también tenía un planteamiento visual sugerente, pero fue mucho más fallida en términos globales: «Annihilation» (2018), estrenada directamente en Netflix en numerosos territorios.

Análisis del estilo visual
Hasta esta entrega, la serie de «Mission: Impossible» había seguido el patrón de rodaje iniciado en 1996 por Brian De Palma y su director de fotografía habitual, Stephen H. Burum, ASC. Tanto Jeffrey Kimball —en sustitución de Andrew Lesnie— como Dan Mindel y Robert Elswit se aseguraron de que todas las películas se rodasen con equipos de 35 mm y lentes anamórficas Panavision, situación que vuelve a repetirse en «Fallout».
El grueso está rodado en celuloide con cámaras Panavision Millennium XL y ópticas anamórficas C-Series y E-Series. Hardy buscaba una imagen más clásica y suave, aprovechando las sutilezas y aberraciones de estas lentes. Recurrió sobre todo a los 35, 40 y 50 mm para acercarse físicamente a la acción y hacerla más inmersiva, dejando los 75 y 100 mm para determinadas localizaciones y planteamientos.
Hardy utilizó Kodak Vision3 50D 5203 para la mayoría de los exteriores, 200T 5213 equilibrada para luz diurna a 125 ASA en jornadas muy cubiertas y 500T 5219 equilibrada para luz diurna a 320 ASA en interiores y noches. El celuloide concuerda con el clasicismo de un rodaje amplio en localizaciones y basado en la acción física, aunque algunas elecciones resulten extrañas para una película en la que la tecnología también posee un componente importante.

Para profundizar en las ópticas anamórficas, sus aberraciones, destellos y diferencias frente a las lentes esféricas:
Los planos aéreos, la secuencia de helicópteros y el salto HALO se rodaron digitalmente con la Panavision Millennium DXL a 8K y ópticas esféricas Primo 70. Las largas tomas y la logística de vuelo hacían inviable aterrizar continuamente para recargar película. La combinación de equipos analógicos y digitales se percibe, pero responde a una necesidad práctica muy concreta.
Hardy realiza un trabajo moderno y en clave baja. Le gusta mucho —y se le da muy bien— justificar las fuentes lumínicas dentro de cada decorado, algo que ya se aprecia perfectamente en «Ex Machina», cuya acción principal se desarrollaba en pasillos y estancias subterráneas iluminados generalmente por fuentes LED integradas en los propios decorados y que hacían las funciones reales de iluminación.
En «Fallout», incluso rodando en celuloide anamórfico, muchas secuencias en túneles, bajo puentes o en galerías subterráneas siguen ese patrón. Hardy explicó que buscaba una imagen oscura, siniestra y natural, iluminada con tungsteno —en ocasiones equilibrado para luz diurna—, combinando grandes superficies de luz con fuentes integradas y retirando zonas de iluminación para modelar el espacio.
La copia vista hizo pensar inicialmente al autor que algunas secuencias podían haberse forzado en el revelado, debido a los negros algo menos intensos y al grano más aparente. Sin embargo, Hardy declaró después que expuso la 500T a 320 ASA, por lo que esa percepción parece responder mejor a los bajos niveles, la difusión, la mezcla de temperaturas y las decisiones del etalonaje que a un forzado general del negativo.

Hardy utiliza a veces, incluso de forma muy aparente, filtros difusores tipo Black Pro-Mist y se atreve además con grados que no son precisamente los más ligeros. Combinados con las lentes clásicas C-Series y con aperturas de diafragma poco generosas, generan una imagen algo «vintage», con poca profundidad de campo y mucho desenfoque, incluidos algunos desenfoques involuntarios sobre los intérpretes.
Es un aspecto muy de moda en publicidad que puede resultar chocante para este tipo de proyecto, pero no por ello negativo. Al contrario: el estilo de Hardy —y que le permitan desplegarlo— demuestra que Tom Cruise cuida mucho esta serie, no solo dándolo todo delante de las cámaras con complicadas y peligrosas acrobacias, sino también en su labor como productor.
Conclusión final
La saga avanza así hacia una imagen contemporánea sin renunciar al celuloide ni a unas ópticas anamórficas clásicas. Un rodaje digital quizá hubiera sido más cómodo y habría proporcionado una apariencia todavía más moderna, pero la combinación elegida ofrece oscuridad, textura y personalidad sin restar contundencia a las secuencias de acción.
«Mission: Impossible – Fallout» muestra además que una gran producción puede asumir riesgos visuales, desde la difusión y los bajos niveles hasta la mezcla de temperaturas y formatos, sin perder claridad narrativa. El resultado es diferente al tono hollywoodense clásico fijado por Burum en la primera entrega y confirma la amplitud de miras con la que Cruise y McQuarrie han permitido evolucionar a la serie.
Vista en DCP
ON FILM & DIGITAL
© Ignacio Aguilar, 2018. Revisada en 2026.
El autor
Ignacio Aguilar, AEC, es director de fotografía y autor de ON FILM & DIGITAL. Puedes conocer su trayectoria, explorar el archivo de reseñas, consultar su biografía profesional y sus trabajos seleccionados. Las opiniones expresadas son estrictamente personales.