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¿Quién puede matar a un niño? (1976) – Fotografía de José Luis Alcaine
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¿Quién puede matar a un niño? (1976), cartel o imagen principal de la película

¿Quién puede matar a un niño? (1976) – Fotografía de José Luis Alcaine

Título en España: ¿Quién Puede Matar a un Niño?
Año de Producción: 1976
Director: Narciso Ibáñez Serrador
Director de Fotografía: José Luis Alcaine, AEC
Emulsión: Kodak 5247 (100T)
Formato y Relación de Aspecto: 35mm esférico, 1.85:1
Otros: el operador de cámara fue Ricardo G. Navarrete
Vista en DVD

José Luis Alcaine construye un terror a pleno sol mediante sobreexposición, luz naturalista y un fuerte contraste entre los exteriores cegadores y los interiores en penumbra.

La película

Adaptación de una novela de Juan José Plans llevada a cabo por el propio realizador Narciso Ibáñez Serrador bajo el pseudónimo de Luis Peñafiel, que tiene como protagonistas a una pareja de turistas británicos —Lewis Fiander y Prunella Ransome— que viajan a una pequeña isla del litoral español. Una vez allí, rápidamente se percatan de que la isla está desierta, a excepción de un buen número de niños que pronto revelarán a la pareja sus macabros juegos e intenciones.

El segundo y último título cinematográfico del famoso creador del programa televisivo «Un, dos, tres» es, al igual que «La residencia» (1969), un notable título de terror de ecos claramente hitchcockianos, cuyo suspense y atmósfera están construidos de forma lenta pero con un pulso muy sobrio, administrando muy bien los sustos antes de la eclosión final de violencia.

Acompañada una vez más de una estupenda banda sonora de Waldo de los Ríos, quizá el elemento disonante de la propuesta sean los fragmentos documentales con los que se abre, que tratan de dotar de argumento de parábola a una película que, a pesar de funcionar muy bien, quizá lo hubiera hecho aún mejor de forma autónoma.

¿Quién puede matar a un niño? (1976), llegada de los turistas a la isla

El director de fotografía

El director de fotografía fue José Luis Alcaine [AEC], antiguo estudiante de la Escuela Oficial de Cinematografía, de la que salieron, entre otros, Luis Cuadrado y Javier Aguirresarobe. Inició su carrera a finales de los años sesenta y durante muchos años ha sido considerado de forma casi unánime el número uno de su profesión en España.

Además de ser conocido por sus trabajos para Víctor Erice —«El sur» (1983)— o sus relaciones con los cineastas Fernando Trueba, Vicente Aranda, Bigas Luna, Fernando Colomo o Pedro Almodóvar, Alcaine también es famoso por haber sido pionero en la utilización de fuentes de iluminación fluorescentes, que sustituyeron a los paraguas que empleaba anteriormente para rebotar la luz y crear efectos más naturales. Sus colaboraciones con el cine extranjero han sido únicamente intermitentes a pesar de su prestigio internacional, quizá porque el propio Alcaine nunca ha querido perseguir una carrera fuera de nuestras fronteras.

¿Quién puede matar a un niño? (1976), fotografía de José Luis Alcaine

Análisis visual

El estilo utilizado en este film es el que se podría considerar heredado de Luis Cuadrado, o quizá directamente del británico David Watkin [BSC], uno de los operadores más admirados por Alcaine, al menos en su primera etapa. Se alejaba claramente del clasicismo con el que el alicantino Manuel Berenguer [ASC] rodó «La residencia» siete años atrás.

Si aquel film, de una notabilísima perfección técnica —con un soberbio uso del formato panorámico anamórfico, por cierto—, parecía un logro a la altura de las mejores producciones británicas de cine de género, «¿Quién puede matar a un niño?» se decanta por un evidente realismo. Renuncia al formato panorámico y lo sustituye generalmente por lentes zoom 10:1 —seguramente, el clásico Angénieux 25-250mm del spaghetti western—, dejando que las ópticas fijas —posiblemente Cooke o Schneider— únicamente entren en juego para las situaciones nocturnas o interiores con niveles de luz muy escasos.

¿Quién puede matar a un niño? (1976), uso del zoom y luz naturalista

Ambientada en una isla ficticia del Mediterráneo y rodada parcialmente en Sitges y Menorca para sus escenas de playa y portuarias, el grueso de la filmación tuvo lugar, sin embargo, en el pueblo toledano de Ciruelos, muy alejado de las costas españolas y de su masificación urbanística, en palabras del propio Ibáñez Serrador. Por ello, el mayor logro de Alcaine reside en la tremenda consistencia que obtiene entre las diversas localizaciones y sus diferentes climas, con unos exteriores entre casas blancas y estrechas calles de pueblo rodados en la plenitud de un sol asfixiante —o al menos esa era la pretensión de los cineastas, que desde luego consiguieron sin lugar a dudas—.

Esos exteriores, con fondos blancos y a pleno sol, supusieron sin duda un enorme reto para Alcaine, debido a la dificultad de exponer correctamente las casas y los personajes de forma simultánea. Resolvió la situación sobreexponiendo la emulsión lo máximo posible, sin importarle que los cielos aparezcan quemados con mucha frecuencia, pero minimizando así la necesidad de utilizar luz en los exteriores y fomentando esa sensación de atmósfera asfixiante que es básica para la narrativa de la película, que trata de aterrorizar a pleno sol.

Para ampliar la relación entre exposición, densidad y latitud del negativo, consulta El Negativo Cinematográfico (III): exposición, fotometría, densidad y latitud.

¿Quién puede matar a un niño? (1976), exteriores sobreexpuestos a pleno sol

Aún son más interesantes sus interiores, especialmente los diurnos, en los que lleva a cabo una férrea filosofía de iluminar exclusivamente a través de las ventanas y mediante luz suave, tal y como lucirían las localizaciones en la realidad, simplemente aumentando los niveles bien a través de luz rebotada en reflectores situados en el exterior o mediante material difusor.

Ello produce un efecto muy natural y, cuando la localización lo permite, Alcaine emplea con mucha frecuencia una única fuente de luz. Esto genera mucho contraste y efectos lumínicos muy interesantes, como en las múltiples ocasiones en que rueda a sus personajes a contraluz, captando vagamente sus rasgos o directamente como simples siluetas, con una oscuridad que sirve de perfecto contrapunto a los luminosos y, a veces, casi cegadores exteriores.

¿Quién puede matar a un niño? (1976), interior iluminado a través de las ventanas

La cámara de Serrador —operada en esta ocasión por un clásico como Ricardo Navarrete— no busca un aspecto tan formal como el de «La residencia», sino que aquí son frecuentes los planos al hombro y una realización más directa que incluye los citados zooms en bastantes ocasiones. Pero no cae en ningún momento en ningún tipo de contaminación televisiva, como a tantos otros realizadores surgidos del medio les ha ocurrido en sus incursiones en la gran pantalla.

Hay momentos, eso sí, para composiciones de imagen muy logradas, especialmente cuando muchos niños aparecen en pantalla perfectamente repartidos por el encuadre. Aunque no es una película que destaque tanto en este apartado —aun estando bien realizada— como el anterior título de Serrador, que es uno de los films de cine fantástico o de terror más sobresalientes no ya dentro de la larga tradición española en el género, sino que puede rivalizar y de hecho rivaliza con cualquier título a nivel mundial.

¿Quién puede matar a un niño? (1976), composición con los niños en el encuadre

A pesar de estar realizada con un estilo y una filosofía muy consistentes, «¿Quién puede matar a un niño?» muestra algunos problemas o inconsistencias técnicas, quizá derivados de la falta de medios o de un rodaje demasiado atropellado. Se manifiestan generalmente en forma de algunas sobreexposiciones excesivas —en alguno de los múltiples momentos en que los personajes entran en un interior y la cámara de Serrador muestra simultáneamente el exterior— o incluso subexposiciones que van más allá de lo deseado.

También hay que ofrecer el beneficio de la duda a Alcaine, ya que las copias que circulan del film son de una calidad tan pobre que no cabe descartar que su negativo original careciera de dichos defectos o los minimizara.

¿Quién puede matar a un niño? (1976), contraste entre interior y exterior

Conclusión final

En cualquier caso, se trata de una obra altamente estimulante en todos los aspectos, rodada con un estilo muy moderno para la época, que a día de hoy puede que esté superado, pero que, puesta en su contexto, debe ser tenida en muy alta estima.

© Ignacio Aguilar, 2014. Revisada en 2026.

Ignacio Aguilar, AEC, es director de fotografía y autor de ON FILM & DIGITAL. Puedes conocer su trayectoria, explorar el archivo de reseñas, consultar su biografía profesional y sus trabajos seleccionados.



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