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Sea of Love - Ignacio Aguilar
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Sea of Love

Curioso thriller -antecedente muy obvio de «Basic Instinct»- con el que Al Pacino regresó al cine cuatro años después del fiasco de «Revolution» (1985). En la misma, Pacino interpreta a un detective de la ciudad de Nueva York, divorciado y alcoholizado, que tiene que hacerse cargo del caso de unos asesinatos que, al parecer, lleva a cabo una mujer que tiene citas con hombres a los que conoce a través de los anuncios clasificados del periódico. Junto con su compañero de investigación (John Goodman), diseñan una estrategia en la que ellos mismos ejercen de gancho, al poner anuncios en ese mismo periódico, a la espera de que la asesina los contacte. Y cuando una de las sospechosas resulta ser una joven atractiva (Ellen Barkin), Pacino se enamora de ella, aunque las pistas pudieran indicar que es la culpable. Escrita por Richard Price («The Color of Money«, «Ransom»), «Sea of Love» se sustenta en gran medida en los hombros del actor, que suple incluso la anodina dirección de Harold Becker, y en la buena presencia de los secundarios (la propia Barkin y Goodman, además de Richard Jenkins o Michael Rooker), ofreciendo alguna secuencia brillante (la del armario) y manteniendo el interés hasta el final.

El director de fotografía fue el británico Ronnie Taylor [BSC], una elección curiosa, ya que se trata de una película rodada en interiores en Toronto, con exteriores en la ciudad de Nueva York, lo que motivó incluso que Taylor tuviera que llevar, prácticamente, dos equipos locales diferentes a lo largo de la producción. Taylor fue sin embargo más conocido por su labor como operador de cámara (junto a Freddie Francis en «The Innocents», con David Watkin en «The Devils«, con John Alcott en «Barry Lyndon» o con Gilbert Taylor en «Star Wars«), ya que su debut fue tardío (con 51 años), reemplazando a Dick Bush, para el que estaba operando, en «Tommy» (Ken Russell, 1975). Su gran oportunidad le llegó de la mano de Richard Attenborough, que le conocía de su etapa de operador, cuando rodaba «Gandhi» (1982) y el director de fotografía Billy Williams -que también conocía a Taylor, con colaboraciones puntuales cuando era aún operador- tuvo un problema en una vértebra y tuvo que volver a Inglaterra a ser operado. Taylor le sustituyó y después, cuando Williams se reincorporó, ambos terminaron juntos el film y compartieron el Oscar a la mejor fotografía. De su carrera posterior, además del presente film, destacan «A Chorus Line» (1985) y «Cry Freedom» (1987), ambas para Attenborough, así como sus colaboraciones con Dario Argento, comenzando con «Opera» (1987).

El propio Harold Becker inició su carrera profesional como fotógrafo, por lo que no es extraño que su filmografía colaborase con directores de fotografía tan importantes como Michael Seresin, Owen Roizman e incluso Gordon Willis. Aún así la verdad es que Taylor se defiende realmente bien (quien sabe si porque aprendió mucho de iluminación trabajando con los mejores directores de fotografía británicos, o bien porque las opiniones de Becker elevaron la calidad final del producto). Sea como fuere, lo cierto es que Ronnie Taylor hace una interesante fotografía de interiores utilizando los medios de la época, que ya eran los Panavision Primo esféricos en cuanto a las lentes, así como las primeras emulsiones de alta sensibilidad de 500 ASA de la época que, en combinación, permitían un rodaje con niveles de luz reducidos, aunque con un grano que, en la nueva copia que parte del negativo original y escaneada en 4K, es muy evidente. Sin embargo, dicha textura prominente, teniendo en cuenta la temática de la película, le sienta bien, sin duda.

La luz de Taylor es suave en toda circunstancia, pero es especialmente meritoria en las secuencias nocturnas con lámparas integradas, rodadas en estudio, en las que dichas lámparas iluminan lo suficiente las escenas como para parecer reales, si bien están complementadas por aparatos fuera de cuadro y por una luz de relleno invisible que las complementa muy bien. Lo interesante es que Taylor utiliza esas luces cálidas en interiores, rodeándolas de una luz más neutra y de bajo nivel, lo cual genera contrastes de luz y de color que, siendo sutiles, son interesantes. Así pues, en este estilo híbrido entre los directores de fotografía clásicos y los operadores modernos (en una misma línea en la que podríamos decir que se movían, por ejemplo, Stephen H. Burum o Alex Thomson), el aspecto ni es realista en sentido estricto pero tampoco artificial o forzado: por ejemplo, los exteriores nocturnos son escasos pero son interesantes, porque a veces Taylor opta por emplear una fuente cenital a contraluz, con un toque azulado, pero en otras, para abrazar la luz disponible de las calles de la ciudad de Nueva York, lo que hace es poner la luz justa sobre Pacino para que el intérprete esté perfectamente integrado en la misma, por lo que el trabajo de Ronnie Taylor es muy creíble en este sentido.

Lógicamente, en este mismo estilo, el hecho de introducir también luz azulada, más dura, a través de las ventanas de los interiores noche, o haces de luz dura a través también de las ventanas, en algunos interiores diurnos, está plenamente justificado e integrado. También consigue un buen aspecto de Pacino (que tenía ya 49 años, aunque no tan bueno como el del propio Burum en «Carlito’s Way» cuatro años después) y de Ellen Barkin, cuyo aspecto es, pretendidamente, atractivo y amenazante a partes iguales. Quizá algunos detalles, como la conversación final entre John Goodman y Al Pacino en el bar (que apesta a reshoot, Adam Holender firma la fotografía adicional de la película) sean los que más restan, porque el trabajo general de Ronnie Taylor es muy bueno, sobrio y, para nada evidencia la mezcla de ciudades de rodaje, e incluso sus forillos en las escenas de estudio están también bien resueltos. Así pues, no es extraño que el propio director de fotografía lo considerase como uno de sus mejores (o el mejor) trabajo como tal, pues el conjunto es muy estimable, si bien en el mismo no se aprecie la brillantez que desplegó a los mandos de la cámara en «The Devils» o el tremendo oficio con el que llevó a cabo la misma labor en «Star Wars».

Título en España: Melodía de Seducción
Año de Producción: 1989
Director: Harold Becker
Director de Fotografía: Ronnie Taylor, BSC
Ópticas: Panavision Primo
Formato y Relación de Aspecto: 35mm esférico, 1.85:1
Otros: fotografía adicional de Adam Holender

Vista en Blu-ray 4K HDR

© Ignacio Aguilar, 2025.



Language / Idioma