Seven Days in May (Siete Días de Mayo, 1964) – Fotografía de Ellsworth Fredericks
Título en España: Siete Días de Mayo
Año de Producción: 1964
Director: John Frankenheimer
Director de Fotografía: Ellsworth Fredericks, ASC
Formato y Relación de Aspecto: 35mm esférico, 1.85:1
Vista en Blu-ray
John Frankenheimer convierte una conspiración militar contra el presidente de Estados Unidos en un thriller político sobrio, tenso y extraordinariamente eficaz.
La película
Adaptación de una novela de Fletcher Knebel y Charles W. Bailey II, escrita para la pantalla por Rod Serling y dirigida por John Frankenheimer en el glorioso inicio de su carrera cinematográfica, durante el que proporcionó consecutivamente clásicos como “Birdman of Alcatraz”, “The Manchurian Candidate”, “The Train” o “Seconds” (1966), además del presente, que está a la altura de los mejores.
Ambientada en un futuro cercano —se dice que hacia 1970—, la historia transcurre en un momento de la Guerra Fría en el que Estados Unidos y la URSS están cerca de firmar un documento que ponga fin a la escalada nuclear y acuerde la destrucción del armamento atómico. El presidente estadounidense (Fredric March, fenomenal en su papel) está dispuesto a firmarlo, pero el general del Ejército James Scott (Burt Lancaster) conspira para dar un golpe de Estado y derrocarlo con el propósito de evitar lo que considera una trampa soviética.
Sin embargo, un coronel (Kirk Douglas) que trabaja con el general se percata de lo que está ocurriendo y alerta al presidente. Con un magnífico reparto, que incluye además a Ava Gardner, Edmond O’Brien y Martin Balsam, y un soberbio guion, Frankenheimer plasma en pantalla un fenomenal thriller político de corte demócrata, de enorme sencillez, pero tremendamente efectivo.

El director de fotografía
El director de fotografía fue el veterano Ellsworth Fredericks [ASC], que por aquel entonces contaba con sesenta años de edad, en claro contraste con un director que apenas superaba la treintena. Activo tanto en televisión como en cine, fue un operador que debutó tardíamente, a los 48 años y a comienzos de la década de 1950, sin que nunca llegase a alcanzar una gran fama o a igualar el prestigio de los operadores más notables de su época.
Como era norma en su tiempo, llegó al puesto después de muchos años de aprendizaje con operadores de la talla de Ernest Haller y, sobre todo, Ted McCord, para quienes fue primero ayudante y luego operador de cámara. Aun así, a pesar de su tardío debut, Fredericks es conocido por ser el director de fotografía de la primera versión de “Invasion of the Body Snatchers” (Don Siegel, 1956), así como de títulos como “Sayonara” (Joshua Logan, 1957), rodada en Technirama y en color, por la que obtuvo su única nominación al Oscar, y “Wild River” (Elia Kazan, 1960), rodada en CinemaScope y también en color durante períodos de pausa de sus trabajos televisivos.

Análisis del estilo visual
Como los filmes de la primera etapa de John Frankenheimer a los que hemos hecho referencia, “Seven Days in May” es una película rodada en blanco y negro. En ella destaca mucho la puesta en escena del realizador, muy sobria y concisa, además de siempre elegante, aunque quizá no tan expresiva como la de alguna de sus otras películas. Ni falta que le hace serlo: está rodada generalmente en brillantes decorados de estudio que simulan las dependencias de la Casa Blanca y el propio Despacho Oval del presidente, pero su fuerza radica en el texto, las interpretaciones e incluso el frenético ritmo que proporciona el montaje de Ferris Webster, posteriormente habitual del cine de Clint Eastwood.
Frankenheimer emplea una herramienta tan novedosa por aquel entonces como el zoom en alguna ocasión, pero su trabajo visual es relativamente austero. Comparte con Sidney Lumet ese buen ojo para situar la cámara en el lugar oportuno y, a través de la angulación y de las focales, reforzar la fuerza o autoridad de los personajes, su sorpresa o sus miedos, en uno de esos trabajos en los que la cámara y los actores van absolutamente de la mano. Además, gran parte de las composiciones, clásicas y con muchos personajes en el encuadre, destacan por la elevadísima profundidad de campo, que Frankenheimer emplea muy bien para situar puntos de interés tanto en primer como en segundo término.

Pero, por lo demás, el trabajo de Fredericks no es demasiado destacable, algo que no sorprende puesto que ni a Frankenheimer le interesó nunca la luz en demasía ni la propia carrera del operador hacía presagiar tal cosa. Es cierto que el grueso de la película, iluminada para diafragmas muy cerrados —entre T5.6 y T8, seguramente, aprovechando la mayor sensibilidad de las emulsiones de blanco y negro con respecto a las de color en aquella época— y con focales amplias, luce de forma más que razonable.
Sin embargo, supone un claro paso atrás respecto de los anteriores trabajos de Burnett Guffey en “Birdman of Alcatraz” o Lionel Lindon en “The Manchurian Candidate”. De hecho, parece ser que Frankenheimer le había ofrecido el filme a Richard H. Kline, el futuro operador de “The Andromeda Strain” (1971), que había llevado la cámara de Guffey en su única película para el director, pero no consiguió promocionar entonces al joven operador para el puesto.
La mayor parte de las escenas lucen correctas e incluso Fredericks consigue un buen aspecto de Ava Gardner con una omnipresente luz frontal para la actriz. Ocasionalmente, no obstante, es una película que, en su conjunto, está demasiado iluminada e incluso, por qué no decirlo, sobreiluminada, con un aspecto que a veces resulta demasiado plano como consecuencia de los elevados niveles de luz y porque normalmente hay muchas fuentes que inundan el decorado y evitan la presencia de sombras o claroscuros que podrían haber sido más interesantes.
Para profundizar en los objetivos citados en la reseña —Bausch & Lomb Baltar, zooms y otras familias históricas—:
Guía de Ópticas de Cine: lentes esféricas, anamórficas y Full Frame

Conclusión final
A pesar de ello, la abundante profundidad de campo es un plus cuando el director es John Frankenheimer. Se trataba de un realizador al que le gustaba mucho emplearla: de hecho, es uno de los directores que más y mejor uso hicieron de los split-diopters o lentes de aproximación partida, e incluso de las lentes slant-focus, a fin de proporcionar la ilusión de una mayor profundidad en formatos como el anamórfico.
Los diafragmas están a veces tan cerrados que incluso es complicado saber qué tipo de lentes emplearon los cineastas. Además del zoom, que seguramente sería el Angenieux 25-250mm T3.9 que acababa de aparecer en 1962, es probable que las lentes fueran los viejos Bausch & Lomb Baltar, al final de su vida comercial y antes de ser sustituidos por los Super Baltar hacia 1965. Pero es difícil saberlo, puesto que a T8 resulta muy complicado encontrar defectos o personalidad en una lente.
En cualquier caso, “Seven Days in May” no es una película con una gran fotografía: prima sobre la luz el buen trabajo de cámara de John Frankenheimer, algo habitual en este director. Sí posee, sin embargo, un trabajo lo suficientemente logrado como para no desentonar entre las grandes interpretaciones y el estupendo guion de Rod Serling.
© Ignacio Aguilar, 2020. Revisada en 2026.
El autor
Ignacio Aguilar, AEC, es director de fotografía y autor de ON FILM & DIGITAL. Puedes conocer su trayectoria, explorar el archivo de reseñas, consultar su biografía profesional y sus trabajos seleccionados.