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Seconds (1966): fotografía de James Wong Howe
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Rock Hudson en Seconds

Seconds (Plan Diabólico, 1966) – Fotografía de James Wong Howe

Título en España: Plan Diabólico
Año de Producción: 1966
Director: John Frankenheimer
Director de Fotografía: James Wong Howe, ASC
Ópticas: Cooke Speed Panchro, Kinoptik 9.8mm
Formato y Relación de Aspecto: 35mm esférico, 1.85:1
Premios: Oscar a la mejor fotografía (nom)
Vista en Blu-ray

James Wong Howe y John Frankenheimer convierten la crisis de identidad de “Seconds” en una experiencia visual radical, dominada por grandes angulares extremos, cámara en mano y una perspectiva deliberadamente deformada.

La película

Uno de los títulos más celebrados de la carrera del director norteamericano John Frankenheimer —aunque no es el mejor— fue esta adaptación de una novela de David Ely, cuyo planteamiento de ciencia ficción bien podría haber sido el de una serie como “The Twilight Zone”.

Un banquero, hombre de mediana edad hastiado de su vida —John Randolph—, es contactado a través de un amigo para hacerse cliente de una empresa que ofrece un curioso servicio: fingir la muerte del individuo, cambiar sus rasgos e identidad mediante la cirugía y crear para él una nueva vida. De este modo, el hombre se convierte de la noche a la mañana en un apuesto pintor —Rock Hudson— y es alojado en una vivienda de lujo en Malibú, pero sin remediar el vacío existencial previo.

A pesar de su prestigio actual, “Seconds” fue originalmente un fracaso comercial que no funcionó ni como ciencia ficción o crítica social —el público no aceptaba a Hudson en esa temática— ni como vehículo al servicio del actor. Lo cierto es que es una película de desarrollo y narrativa casi experimental en muchos aspectos y que no resulta sencilla, a pesar de lo que su argumento pudiera sugerir, de modo que dicho fracaso no es por completo incomprensible.

John Randolph en Seconds

El director de fotografía

El director de fotografía fue James Wong Howe [ASC], un veterano de Hollywood, de origen chino, que se encontraba ya hacia el final de una carrera con casi 150 películas a sus espaldas, desde el cine mudo hasta el año previo a su fallecimiento. Entonces sustituyó a Vilmos Zsigmond en “Funny Lady” (1975), a pesar de que estaba ya muy enfermo y retirado cuando recibió la llamada para hacerse cargo de la película.

En su filmografía destacan títulos como “The Thin Man” (W. S. Van Dyke, 1934), “Objective, Burma!” (Raoul Walsh, 1945) o “Sweet Smell of Success” (Alexander Mackendrick, 1957), además de su asociación con Martin Ritt y Paul Newman en títulos como “Hud” (1963) y “Hombre” (1967).

Curiosamente, en “Seconds” fue donde conoció a un joven cámara de documentales que fue, al parecer, el único capaz de ejecutar las complicadas tomas angulares y en mano que demandaba John Frankenheimer. Ese cámara era además un antiguo actor, con pequeños papeles en títulos como “The Magnificent Seven”.

Howe le acogió, se convirtió en su mentor y, estando ya enfermo, le recomendó a Martin Ritt para sustituirle a él mismo desde “Sounder” (1972). Hablamos nada menos que de John A. Alonzo, con una fructífera carrera que tendría una colaboración más con Frankenheimer: “Black Sunday” (1977), ya como director de fotografía.

Fotografía de James Wong Howe en Seconds

Análisis del estilo visual

John Frankenheimer fue un realizador muy hábil con la cámara y con un gran oficio para componer tomas con ella, algo que se aprecia en la mejor parte de su filmografía, la inicial, que posiblemente termine con “I Walk the Line” (1970). “Seconds” no es una película ajena a este estilo, sino todo lo contrario: resulta muy rompedora con muchos de los cánones hollywoodenses de la época, sobre todo por su soberbio trabajo de cámara.

Quizá lo más recordado sean sus escenas de quirófano, cuando el personaje central interpretado por John Randolph se convierte en Rock Hudson. En ellas, Frankenheimer, Howe y, posiblemente, Alonzo emplean grandes angulares extremos, incluido el Kinoptik 9.8mm popularizado por Stanley Kubrick en películas como “A Clockwork Orange” (1971) y “The Shining” (1980), con ángulos contrapicados y muy cercanos a la cabeza del personaje mientras es transportado en una camilla por los pasillos del hospital.

También al inicio, cuando el protagonista es seguido y captado por la empresa que ofrece ese particular servicio, Frankenheimer utiliza rigs para fijar la cámara a los actores y mantener sus rostros en pantalla, asimismo en angular, mientras son los fondos los que se mueven. Todas estas ingeniosas aportaciones marcan el sello distintivo del filme, a veces experimental, como indicábamos, y que casi siempre rehúye el acercamiento más sencillo para mostrar la creciente paranoia del personaje principal.

Para ampliar la información sobre los Cooke Speed Panchro, el Kinoptik 9.8mm y el efecto expresivo de las focales extremas:

Guía de ópticas de cine (I): conceptos y características generales

Gran angular Kinoptik en Seconds

Incluso en la parte central de la película, que muestra una fiesta «hippie» anterior a la popularización de este movimiento, “Seconds” es un filme extraño, con una cámara en mano tan cercana a los actores que modifica seriamente la perspectiva y la percepción en pantalla de los espacios en los que se desarrolla la película.

Howe realiza con la luz un trabajo adecuado, pero no tan brillante como el del director con la cámara. Lógicamente, para exponer los negativos de la época y, además, trabajar a diafragmas cerrados que permitieran obtener un buen rendimiento de las ópticas y el visto bueno de un director que demandaba mucha profundidad de campo, el operador tenía que emplear altos niveles de iluminación.

A pesar del blanco y negro, que se presta mucho a los claroscuros dramáticos, no es un filme que destaque especialmente por ellos. De hecho, toda esa larga secuencia central de la fiesta es más bien opaca y poco contrastada, adoptando un moderno estilo cinéma vérité que, realmente, encajaba muy poco con las creencias y el estilo de la vieja guardia de Hollywood.

Cámara en mano y blanco y negro en Seconds

Conclusión final

Por eso sorprende que un veterano como James Wong Howe —67 años en el momento de la filmación— acogiera dicho estilo sin problemas, aunque, eso sí, supervisando o colaborando más en un trabajo de cámara ejemplar que en la iluminación. Esta siempre fue secundaria para el director, ya que lo que le importaba era la composición, el movimiento y la profundidad.

Los resultados fueron lo suficientemente importantes como para conseguir una nominación al Oscar para Howe, que perdió ante el trabajo de Haskell Wexler en “Who’s Afraid of Virginia Woolf?”, que no es superior. Fue la última temporada en la que la Academia de Hollywood mantuvo la vieja distinción entre películas en blanco y negro —como la presente— y en color al disputarse el Oscar a la mejor fotografía.

© Ignacio Aguilar, 2020. Revisada en 2026.

El autor

Ignacio Aguilar, AEC, es director de fotografía y autor de ON FILM & DIGITAL. Puedes conocer su trayectoria, explorar el archivo de reseñas, consultar su biografía profesional y sus trabajos seleccionados.