Black Mass (Black Mass: Estrictamente criminal, 2015) – Fotografía de Masanobu Takayanagi
Título en España: Black Mass
Año de Producción: 2015
Director: Scott Cooper
Director de Fotografía: Masanobu Takayanagi, ASC
Ópticas: G-Series, E-Series & ATZ de Panavision, Angenieux HR
Emulsión: Kodak 5279 (500T)
Formato y Relación de Aspecto: 35mm anamórfico (Panavision), 2.4:1
Otros: 2K Digital Intermediate
Vista en DCP
Masanobu Takayanagi recupera el negativo anamórfico, el grano y la luz suave para construir un Boston criminal de época sólido, frío y sombrío.
La película
Adaptación de un libro de Dick Lehr y Gerard O’Neill, que narra la verdadera historia de James «Whitey» Bulger (Johnny Depp), un mafioso del sur de Boston que, desde la segunda mitad de la década de los setenta hasta bien entrados los noventa, fue confidente del FBI. Aprovechó esa situación para ser protegido por los agentes federales y crear a su alrededor un imperio criminal.
"Black Mass" es la tercera película de Scott Cooper, quien se rodeó de un reparto que incluye a Joel Edgerton, Benedict Cumberbatch, Dakota Johnson, Kevin Bacon y Peter Sarsgaard. Contó además con el apoyo de una producción importante para realizar un trabajo de época más que adecuado.
La narrativa de Cooper es muy precisa, aunque quizá esté demasiado inspirada en el montaje y el uso de la música de Thelma Schoonmaker junto a Martin Scorsese, aunque para muchos esto suponga un valor y no un problema.
El mayor pero de la película, por lo demás un retrato al uso de la ascensión y caída de un criminal, quizá sea el maquillaje y la caracterización de Depp, demasiado intrusivos y forzados, así como el personaje de Edgerton y la propia interpretación del actor, que quizá sean lo más flojo del filme.

El director de fotografía
El director de fotografía es el japonés Masanobu Takayanagi [ASC], quien estudió en el American Film Institute (AFI) y se introdujo en el cine norteamericano a través de películas independientes y de bajo presupuesto.
Takayanagi también rodó múltiples segundas unidades para otros directores de fotografía, como Rodrigo Prieto en "Babel" (2006) y "State of Play" (2009), Robert Richardson en "Eat Pray Love" (2010) o Anthony Dod Mantle en "The Eagle" (2011).
Entre sus trabajos propios, ya como director de fotografía de primera unidad, destacan "The Grey" (2011), "Warrior" (2011), "Silver Linings Playbook" (2012) o "Spotlight" (2015), además de "Out of the Furnace" (2013), la segunda y anterior película de Scott Cooper.
Su estilo y la muy buena progresión de su carrera le auguraban un futuro más que prometedor si continuaba fotografiando proyectos con tan buena acogida crítica y comercial. Su colaboración con Cooper prosiguió posteriormente en "Hostiles" (2017), "The Pale Blue Eye" (2022) y "Springsteen: Deliver Me from Nowhere" (2025).

Análisis del estilo visual
Quizá porque se trata de una película de época, porque ya lo emplearon en su anterior trabajo o porque la caracterización prostética de Johnny Depp también lo demandaba, "Black Mass" fue rodada por Takayanagi y Cooper no solo en formato panorámico anamórfico, sino además sobre película negativa Kodak de 35mm.
Takayanagi utilizó exclusivamente la Kodak 5219 (500T) para todo el metraje y lentes G-Series de Panavision, complementadas con teleobjetivos de la serie E, un Angenieux HR 25–250mm modificado para formato anamórfico y un zoom ATZ 70–200mm. Forzó todo el material exterior nocturno y todos los interiores.
Por ello, la película posee una estructura de grano muy aparente y visible que indudablemente no esconde su origen fotoquímico. A la postre, es lo mejor de una fotografía que, como la propia película, es muy sólida e interesante, a pesar de que le falte el punto justo de inspiración que la hubiera hecho memorable.

Inspirándose en clásicos de los setenta como "The Godfather: Part II" (1974), "All the President’s Men" (1976) —ambas fotografiadas por Gordon Willis— o "The Conversation" (1974), Takayanagi ofrece una fotografía urbana que no siempre es exactamente fiel a la época que retrata.
En opinión de quien suscribe estas líneas, sus imágenes poseen un excesivo color, especialmente en las que retratan la década de los setenta, pero les queda muy bien en el conjunto.
Bajo el principio evidente de rodar sin grandes trucos, artificios, movimientos de cámara especialmente complejos o montajes de iluminación excesivamente elaborados, Takayanagi ofrece una buena imitación de la luz de sodio de las farolas para sus exteriores nocturnos.
Mediante el forzado y el empleo de las lentes a grandes aperturas de diafragma en esos exteriores consigue que las luces integradas en pantalla luzcan con intensidad suficiente. En los interiores nocturnos también domina un tono cálido, con la habitual integración de fuentes en pantalla, generalmente complementadas por luz suave fuera de cuadro para exponer correctamente el negativo.

Los exteriores diurnos, que a veces usan las focales más largas disponibles, poseen cierto tono azulado que no está completamente corregido. Este muestra el paisaje frío y desangelado del barrio de Boston en el que se desarrolla la historia, un poco en la línea de "The Town" (2010), con una estética muy natural y cercana que, simplemente mediante el rodaje en celuloide, prácticamente conduce por sí sola al ambiente de época.
Sin embargo, quizá el planteamiento que más se repite es el de los interiores diurnos, en los que Takayanagi apuesta por un elevado nivel de contraste y oscuridad. Utiliza mucha luz suave —como en toda la película—, pero fuertemente direccional y justificada en las ventanas de los decorados o localizaciones.
A veces ofrece buenas referencias a la estética de Willis, como cuando emplea una suave luz cenital sobre los actores o una única fuente integrada en el plano. Atención al momento, casi final, de Benedict Cumberbatch hablando por teléfono desde la cocina: estas decisiones quizá sean las más interesantes a nivel estético e incluso apoyan la narrativa.

Conclusión final
Los resultados son muy sólidos y muy buenos a lo largo de amplios segmentos de la proyección. La película consigue una estética de época muy coherente y, a pesar de los saltos temporales, el estilo aplicado por Takayanagi es unitario y creíble, a diferencia de otras obras en las que distintas técnicas para cada época generan inconsistencias.
Quizá el mayor defecto de esta fotografía sea la falta de una voz propia. Aunque todo luce muy bien y está muy bien hecho, parece que el director de fotografía japonés todavía puede dar más de sí si asume riesgos mayores y sigue una línea aún más definida, algo que, a tenor de lo que demuestra, resulta muy probable.
© Ignacio Aguilar, 2015. Revisada en 2026.