Título en España: El Exorcista
Año de producción: 1973
Director: William Friedkin
Director de fotografía: Owen Roizman, ASC
Emulsión: Kodak 5254 (100T)
Formato y relación de aspecto: 35mm esférico, 1.85:1
Otros: fotografía adicional de Billy Williams, BSC
Premios: NOM
Vista en Blu-ray
Realismo extremo, luz práctica y revelado forzado en la fotografía de Owen Roizman, ASC.
La película
Adaptación de una novela de William Peter Blatty —también autor del guion y productor del filme—, supuestamente basada en un hecho real, cuyo argumento es muy conocido. La hija de doce años (Linda Blair) de una actriz y estrella de Hollywood (Ellen Burstyn) comienza a sufrir extraños trastornos físicos y de personalidad mientras su madre rueda su última película en Georgetown. En un principio es tratada por médicos y psiquiatras, que buscan una explicación racional a los cambios y actitudes de la muchacha.
Sin embargo, los comportamientos y síntomas no hacen más que empeorar, al tiempo que los médicos no encuentran una solución y recomiendan a la madre el último remedio posible: acudir a un sacerdote para que practique un exorcismo. La labor recae en dos sacerdotes de perfiles muy diferentes. El primero (Jason Miller), a punto de perder la fe por la muerte de su madre; el segundo (Max von Sydow), recién llegado de Irak y con experiencia previa en enfrentamientos con el diablo.
Dirigida por William Friedkin en pleno apogeo de su carrera, después de haber obtenido el éxito de The French Connection, The Exorcist es una de las películas de terror más efectivas de la historia del cine.
Lo es por sus soberbias interpretaciones, pero también por la gran verosimilitud de la narrativa de Friedkin, basada en el racionalismo y en un planteamiento realista que no deja otra opción que creer en la posesión demoníaca.
El director de fotografía
El director de fotografía fue Owen Roizman, ASC, que también había rodado The French Connection para el realizador y había sido recompensado con una nominación al Óscar por su trabajo de aspecto casi documental. Una candidatura muy meritoria, pues en aquella época la Academia tendía a dejar de lado las películas cuya estética no siguiera a rajatabla los criterios de una buena fotografía «de estudio» y un notable acabado técnico.
Roizman se había formado —como Gordon Willis— en los equipos del notable operador Gerald Hirschfeld, responsable de Fail Safe y Young Frankenstein. Su carrera en cine, de poco más de veinte títulos y truncada en parte por su deseo de dejar el cine durante la década de 1980 en favor de la publicidad, resulta muy interesante.
Evolucionó desde el aspecto simple y extremadamente realista de sus primeras películas —entre las que se encuentran, además de sus dos trabajos para Friedkin, Play It Again, Sam para Herbert Ross, The Taking of Pelham One Two Three, Three Days of the Condor para Sydney Pollack o Network para Sidney Lumet— hacia un aspecto que, dentro de su inspiración naturalista, conllevaba la utilización de mayores medios e imágenes más estilizadas.
Es el caso de Grand Canyon, Wyatt Earp o French Kiss, tras cuyo rodaje se retiró antes de cumplir sesenta años, una verdadera tragedia.
Análisis del estilo visual
The Exorcist pertenece a esa primera época en la que Roizman utilizaba medios muy escasos y una inspiración extremadamente cruda y realista, que encajaba perfectamente con la idea de Friedkin de convertir el filme en un drama familiar que desemboca inevitablemente en la posesión demoníaca.
La película contiene un trabajo de iluminación muy naturalista. Los interiores diurnos están retratados casi siempre desde una única fuente justificada en las ventanas, a través de las cuales Roizman proyectó, con una fuerte difusión, niveles de luz suficientes para rodar la película de forma casi íntegra con ópticas zoom. Estas se utilizaron no solo como focal variable, sino también para modificar las tomas durante su desarrollo con leves acercamientos y alejamientos.
Cabe plantearse, debido al enorme recorrido de los zoom en dos instantes —el plano de apertura de Georgetown sobre el puente y la presentación del personaje de Jason Miller durante el rodaje de la película dentro de la película—, si Roizman tuvo acceso también al zoom Cine-Pro 24–480mm T9 creado por Ed Di Giulio para Stanley Kubrick.
Además, todo el metraje interior fue forzado un punto en el revelado para obtener una sensibilidad superior y poder trabajar con niveles de luz algo inferiores. La técnica favorecía la aparición del grano y la magnificación del contraste, aunque la densidad de los negros y la textura de la imagen se veían seriamente comprometidas. Por ello, no es sorprendente que Roizman pudiera basar en algunos momentos su iluminación nocturna exclusivamente en las fuentes integradas en los decorados, con solo una leve luz de relleno para reducir el contraste general.
También hay que destacar que las múltiples escenas en hospitales, salas de consulta y operaciones tienen un aspecto moderno para la época. Roizman las rodó haciendo uso de fluorescentes en los techos, de manera que lucen en pantalla tal y como lo harían en la realidad, al igual que los exteriores, rodados sin luces artificiales y generalmente bajo cielos encapotados o cubiertos.
Conclusión final
Aun así, dentro de un conjunto muy realista, en el que llama la atención todo el material relativo al personaje de Jason Miller, lo que más destaca sin lugar a dudas es el momento del exorcismo. Comienza con la icónica aparición del personaje de Max von Sydow en Georgetown, entre la niebla y los haces de luz, en un efecto expresionista que no parece tal en pantalla, y continúa con el trabajo de Roizman en la habitación donde se practica, con dos lámparas integradas en el decorado que llevan a cabo el grueso de la iluminación y unos tonos azules, magenta y amarillos de lo más desasosegantes.
Aunque algunos instantes, en el afán de realismo de la propuesta, quedan algo planos y la fotografía nunca apuesta por la obtención de imágenes vistosas, The Exorcist contiene una de las fotografías más logradas de la historia del cine. No solo porque su aspecto, dentro de su estilo, es estupendo, sino precisamente porque se adapta como pocas veces a las necesidades de la narración, aunque ello requiriera la creación de imágenes de una estética sucia y feísta que, a la postre, son las que hacen creíble el horror mostrado en pantalla.
Prueba de ese compromiso es que la óptica zoom utilizada en los interiores y algunos exteriores presentaba un notabilísimo fringing o aberraciones cromáticas y no fue desechada, a pesar de que no es posible que esos efectos pasasen desapercibidos. El británico Billy Williams, BSC —The Wind and the Lion, Gandhi— tuvo que rodar las escenas de apertura en Irak ante la imposibilidad de obtener permisos para que viajara todo el equipo estadounidense. Curiosamente, como en el filme de Milius, introdujo una alteración de la velocidad de obturación muy en la línea de la que pondría de moda Janusz Kaminski en Saving Private Ryan.
ON FILM & DIGITAL
© Ignacio Aguilar, 2012. Revisada en 2026.
Este artículo forma parte del archivo ON FILM & DIGITAL de análisis de fotografía cinematográfica, que reúne reseñas, pruebas técnicas y artículos de Ignacio Aguilar AEC.
Estos textos no son resúmenes argumentales ni críticas generalistas, sino análisis centrados en la fotografía cinematográfica escritos desde la perspectiva de un director de fotografía en activo.
Sobre el autor
Ignacio Aguilar, AEC es director de fotografía con base en Madrid. Su trabajo abarca largometrajes, televisión, publicidad y escritura técnica sobre cinematografía, con experiencia en cine digital, 16mm y 35mm, ópticas anamórficas, grandes formatos, pruebas de objetivos y flujos fotoquímicos.
Es miembro de la Asociación Española de Directoras y Directores de Fotografía (AEC) y de la Academia de Cine, Sony I.C.E. Certified Expert y embajador de las ópticas Cooke SP3. Sus artículos han aparecido en American Cinematographer y Camera & Light.
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