Boyhood (Momentos de una vida, 2014) – Fotografía de Lee Daniel y Shane F. Kelly
Título en España: Boyhood (Momentos de una vida)
Año de producción: 2014
Director: Richard Linklater
Directores de fotografía: Lee Daniel y Shane F. Kelly
Ópticas: Panavision Primo y Zeiss Super Speed T1.3
Formato y relación de aspecto: 35mm esférico, 1.85:1
Otros: Digital Intermediate
Vista en DCP
El negativo de 35mm proporciona a «Boyhood» una continuidad visual admirable durante sus doce años de rodaje, incluso por encima de sus cambios de emulsión, ópticas y director de fotografía.
La película
Curioso experimento a cargo de Richard Linklater —«Dazed and Confused» (1993), «Before Midnight» (2013)—, en el que la sencilla historia de una familia contiene la novedad de estar filmada a lo largo de doce años. Tanto el actor principal como los secundarios van creciendo y envejeciendo en pantalla, secuencia a secuencia, a medida que avanzaba la filmación y lo hace la propia película.
El argumento sigue sobre todo al hijo pequeño, interpretado por Ellar Coltrane, de un matrimonio divorciado formado por Patricia Arquette y Ethan Hawke. Comienza a los seis años de edad y termina a los dieciocho, cuando abandona el hogar familiar para marcharse a estudiar a la universidad.
La película está llena de detalles cercanos, cotidianos y reales como la vida misma, además de contener una viva descripción de lo que es una familia estadounidense. Pero, a pesar de su indudable interés como experiencia cinematográfica única, sus 165 minutos de proyección resultan un importante lastre que genera muchos problemas de ritmo, sobre todo teniendo en cuenta que gran parte del metraje se emplea en momentos triviales y de un perfil quizá demasiado bajo para una presentación cinematográfica.
Así pues, «Boyhood» queda como una propuesta y un experimento muy interesantes, pero no del todo exitosos, debido a que, por su propia concepción, no es un film de excesivo interés dramático.

El director de fotografía
Cuando comenzó el rodaje, hacia 2002, se estaban produciendo los primeros indicios serios de que el vídeo digital de alta definición había llegado para quedarse. Sin embargo, aún era la época de la Sony F900 y sus respectivas versiones o modificaciones posteriores.
Por ello, la producción, Linklater y Lee Daniel, el director de fotografía original, tomaron la decisión de rodar utilizando el clásico soporte fotoquímico. Este les ofrecía la seguridad de obtener una altísima consistencia y estabilidad a lo largo de los años que iba a durar el proceso.
Durante ese tiempo aparecieron en el mercado cámaras como la Thomson Viper FilmStream, RED One, ARRI D-21, Sony F35, RED Epic, Sony F55 o ARRI Alexa, que acabaron desbancando al celuloide, prácticamente reservado ya a algunas producciones selectas cuando se estrenó «Boyhood».
La decisión de rodar en celuloide, así como la de no abandonarlo durante el rodaje —ni siquiera cuando Shane F. Kelly pasó a hacerse cargo del mismo—, no podría ser más acertada. La adquisición fotoquímica hace que la película, a pesar del paso de los años e incluso del cambio de operador, tenga una coherencia admirable que se convierte en su mejor activo.

Análisis visual
Si por algo destaca la película a nivel estético es porque Richard Linklater y sus dos directores de fotografía mantienen en todo momento un planteamiento muy sencillo. Con una paleta de color muy amplia, que representa bien el hogar y el entorno de la familia protagonista e incluso la juventud de sus miembros, Daniel y Kelly llevan a cabo un trabajo muy naturalista y de enorme sencillez.
Multitud de escenas están rodadas con la luz disponible o simplemente suplementándola. En los interiores nocturnos, además de las fuentes integradas en los decorados o localizaciones, que parecen ser las reales, solo se aprecia la presencia de bolas chinas o algo de luz rebotada fuera de cuadro para reducir el contraste y aumentar los niveles de luz.
En los interiores diurnos, las ventanas se utilizan como fuente natural, con luz filtrada o rebotada de HMI entrando por ellas. El contraste, pese a todo, es muchas veces muy reducido, lo que lleva a pensar que los cineastas optaron por el subrevelado o bien que, durante el proceso de etalonaje digital al que fue sometida la película, este se trató con el fin de minimizarlo.
Algunas escenas nocturnas —como la primera vez que Ethan Hawke lleva a sus hijos a su casa— muestran una textura de grano muy aparente, fruto sin duda de la aplicación del revelado forzado para poder rodar con niveles de luz inferiores. Los exteriores están filmados también de forma sencilla, sin un uso especial de la luz, excepto la secuencia que cierra la película, rodada en una espectacular hora mágica.
Más contexto técnico
La relación entre formato, sensibilidad, emulsiones y estructura de grano se desarrolla en El Negativo Cinematográfico (II): formato, sensibilidad, emulsiones y grano.

Aunque a lo largo de los años Kodak fue lanzando otras emulsiones y sustituyendo a las anteriores, la película tiene un aspecto suave y muy unitario, al que ni siquiera parece afectar que algunas escenas estén rodadas con ópticas Zeiss Super Speed y otras con Panavision Primo.
Sin embargo, tanto unas como otras están empleadas a grandes aperturas de diafragma y muchas escenas parecen rodadas incluso a máxima apertura, también en exteriores diurnos. Esto conlleva no solo que la profundidad de campo sea reducida, sino también que un gran número de planos a lo largo de la película tengan problemas de foco.
O bien están directamente desenfocados, con la molestia que ello supone, o el foco únicamente puede estar en uno de los personajes, mientras que otro, por muy cerca que esté de él, comienza a perderlo si no se encuentra exactamente en el mismo plano focal.
El efecto es a veces muy llamativo e incluso desagradable porque, si la proyección ya de por sí no es demasiado nítida, con estos problemas resulta en ocasiones realmente complicado encontrar el punto en el que focalizar la atención.
En algunas escenas, abrir el diafragma parece una necesidad —por ejemplo, en las rodadas por la noche en el campo de béisbol—, pero otras muestran una profundidad de campo muy estrecha cuando las condiciones de luz no eran tan desfavorables. Se trata también de una decisión estética que a veces no termina de cuajar.

Conclusión final
La puesta en escena es sencilla y, como la propia historia que se cuenta en pantalla, tampoco requiere grandes artificios. El conjunto tiene una apariencia adecuada, que desde luego no sobresale ni busca crear el ambiente de «The Tree of Life» (2011), de Terrence Malick, película con la que la de Linklater guarda algunas similitudes.
Sus virtudes se centran en otros apartados y, más allá de los problemas técnicos con el enfoque, la parte visual no es una de ellas: se limita a cumplir su objetivo de ilustrar en imágenes el texto del propio director.
ON FILM & DIGITAL
© Ignacio Aguilar, 2014. Revisada en 2026.
Ignacio Aguilar, AEC, es director de fotografía y autor de ON FILM & DIGITAL. Puedes conocer su trayectoria, explorar el archivo de reseñas, consultar su biografía profesional y sus trabajos seleccionados.