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The Shootist (1976): fotografía de Bruce Surtees
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John Wayne en The Shootist

The Shootist (El Último Pistolero, 1976) – Fotografía de Bruce Surtees

Título en España: El Último Pistolero
Año de Producción: 1976
Director: Don Siegel
Director de Fotografía: Bruce Surtees
Emulsión: Kodak 5254 (100T)
Formato y Relación de Aspecto: 35mm esférico, 1.85:1
Vista en Blu-ray

Bruce Surtees acomoda su inclinación por la oscuridad y el riesgo visual a un homenaje crepuscular a John Wayne, combinando sus raíces clásicas con una puesta en escena mucho más contenida de lo habitual.

La película

Última película en la que participó el legendario John Wayne, en la cual el veterano actor interpreta a un viejo y famoso pistolero que, enfermo de cáncer y con pocas semanas de vida por delante, llega a un pequeño pueblo de Nevada para tratar de pasar tranquilo sus últimos momentos. Sin embargo, las viejas rencillas del pasado harán que diversos personajes se crucen con él e impidan que sus últimos instantes transcurran con la normalidad que le habría gustado.

Aunque parece ser que no fue planteada como tal, lo cierto es que “The Shootist” es un claro homenaje a la figura del actor. De hecho, comienza con metraje de otras películas para mostrar a Wayne de joven, antes de presentarlo como el viejo vaquero que ha de morir en el tránsito del antiguo mundo del Oeste a la modernidad.

Como homenaje, es un filme entrañable y divertido, pero fuera de esa lectura resulta algo pobre y falto de fuerza, especialmente teniendo en cuenta que tras las cámaras se encontraba un director de la talla de Don Siegel.

Lauren Bacall, Scatman Crothers, John Carradine, Bill McKinney y Richard Boone son algunos de los secundarios de un reparto que incluye además a un joven Ron Howard, quien ya acostumbraba a llevar gorra incluso antes de convertirse en realizador.

John Wayne en The Shootist

El director de fotografía

El director de fotografía fue Bruce Surtees, quien sorprendentemente firma como Bruce Surtees, ASC —en el único título en que le hemos visto como miembro activo de la American Society of Cinematographers—. Por entonces ya era un especialista en westerns, tras haber acumulado títulos como “Joe Kidd” (1972), “High Plains Drifter” (1973) y, especialmente, “The Outlaw Josey Wales” (1976), todos producidos y protagonizados por Clint Eastwood y, en el caso de los dos últimos, también dirigidos por él.

Surtees y Siegel habían trabajado además en dos títulos previos, también producidos y protagonizados por Eastwood: “The Beguiled” (1971) y “Dirty Harry” (1971). Todavía acumularían otra colaboración en la estupenda “Escape from Alcatraz” (1979).

Dueño de un estilo muy particular y personal, que hizo que, como a Gordon Willis, le cayera el apelativo de “Príncipe de la Oscuridad”, Surtees fue un director de fotografía algo irregular, pero muy valiente y osado, capaz de conseguir imágenes interesantísimas y nada convencionales para gran parte de los proyectos que fotografió hasta 1985. Aquel año terminó su colaboración con Eastwood después del rodaje de “Pale Rider” (1985), a partir del cual su operador de cámara, Jack N. Green, asumió las labores de director de fotografía.

Fotografía de Bruce Surtees en The Shootist

Análisis del estilo visual

A pesar de ello, Surtees se había formado en equipos tradicionales de Hollywood como los de su padre, el mítico director de fotografía Robert Surtees, de modo que también conocía las técnicas clásicas, aunque normalmente solo hiciera uso de dicho conocimiento para ir contra las reglas.

Sin embargo, John Wayne debía de ser mucho John Wayne, porque la fotografía de “The Shootist” está muy lejos de ser uno de esos títulos en los que Bruce Surtees tomaba la senda del riesgo desde el primer fotograma. Proporciona más bien un estilo híbrido entre lo que al operador le gustaba hacer normalmente y sus raíces clásicas, que las tenía, por mucho que renegase de ellas.

Primero, las buenas noticias: la película está rodada parcialmente en espectaculares localizaciones de Carson City, Nevada, y sus alrededores, mostrando algo de nieve en las montañas y una tenue luz solar que encaja muy bien con el tipo de relato crepuscular que quieren llevar a la pantalla los cineastas.

En estos exteriores Surtees vuelve a mostrarse tan hábil como siempre, pero, al contrario que en sus películas con Eastwood —quien rechazaba el empleo de luces adicionales en exteriores—, en esta ocasión sí hay algo de relleno y cielos algo más sobreexpuestos de lo habitual. En sus mejores westerns, “High Plains Drifter”, “The Outlaw Josey Wales” y “Pale Rider”, exponía para obtener una perfecta reproducción de los cielos y ni siquiera así empleaba relleno.

Exteriores de Carson City en The Shootist

En interiores también hay algo del carácter a contracorriente de Surtees, porque es frecuente observar haces de luz que entran en las estancias mientras el director de fotografía deja que los actores se muevan entrando y saliendo de ellos. No ocurre tanto como en las películas protagonizadas por Eastwood, pero responde a un estilo similar.

Sin embargo, no hay grandes subexposiciones, excepto en un par de ocasiones en las que el negro domina los fotogramas. Sobre todo, existe una clara voluntad de fotografiar a John Wayne de la forma en que estaba acostumbrado: con luces duras y dirigidas hacia el lugar al que mira el intérprete.

Ello no quiere decir que Surtees adopte cada vez que aparece el actor un planteamiento absolutamente clásico: lo hace en cuanto que las luces principales de cada intérprete están muy bien definidas, pero no es una fotografía plana, con abundante relleno que elimine las sombras y el contraste.

Es menos interesante y, por supuesto, mucho menos arriesgada que los mejores títulos de su autor. Aun así, Surtees no renuncia por completo a crear un aspecto visual con algo de interés, por mucho que esas luces duras principales para cada actor que interactúa con Wayne tengan toda la apariencia de ser exigencias del propio intérprete.

Luz dura y contraste en The Shootist

Conclusión final

Más allá del homenaje y del respeto a Wayne como figura —consciente o no, ya que el actor moriría apenas tres años después del estreno, aunque parece ser que durante el rodaje no padecía todavía el cáncer de pulmón que acabaría con su vida en 1979—, “The Shootist” no es una película demasiado interesante.

Parece que Siegel era consciente de ello, ya que a su habitual estilo invisible en la dirección añade en esta ocasión cierta dejadez en la puesta en escena. Recurre a zooms, generalmente empleados como focal variable, renuncia al formato panorámico anamórfico y no busca la menor complicación ni escenas con coreografías complejas de cámara y actores. Incluso gran parte del filme, cuando no muestra exteriores en localización, posee cierto aroma a cine de estudio que tampoco le favorece demasiado.

Por todo ello, los resultados, más allá del homenaje al actor, no son demasiado interesantes, excepto quizá por apreciar cómo Bruce Surtees debía acomodarse y se acomodó a las exigencias de su actor principal y, seguramente, también a las de Lauren Bacall.

© Ignacio Aguilar, 2020. Revisada en 2026.

El autor

Ignacio Aguilar, AEC, es director de fotografía y autor de ON FILM & DIGITAL. Puedes conocer su trayectoria, explorar el archivo de reseñas, consultar su biografía profesional y sus trabajos seleccionados.