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Wild Rovers - Ignacio Aguilar
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Wild Rovers

Producción de Blake Edwards, escrita también por él mismo desde una idea original, que sigue a dos vaqueros (William Holden y Ryan O’Neal) que, cansados de su vida trabajando con el ganado en un rancho (propiedad de Karl Malden), deciden atracar un banco y huir a México. Pero con lo que no cuentan es con que los dos hijos del dueño (Joe Don Baker y Tom Skerritt) irán a darles caza. Se trata de uno de esos Western que bien podrían ser calificados como “crepusculares”, porque precisamente, trata sobre la decadencia de los hombres del oeste y posee un tono elegíaco en su retrato de sus dos inadaptados protagonistas. Pero los resultados son absolutamente irregulares: parece ser, por un lado, que el estudio cortó una media hora de película (vista la versión larga o restaurada, se entiende por qué) y Edwards nunca quedó contento con el resultado final. Pero por otro, William Holden funciona bien en su rol, pero O’Neal en todo momento parece fuera del mismo. Y a una película larga y en la que no destacan las interpretaciones, se le une que Blake Edwards se pone además a imitar a Sam Peckinpah, calcando aquí los famosos ralentizados del director de “The Wild Bunch” (también protagonizada por Holden) para las escenas de acción. De tal modo que “Wild Rovers” es un extraño cóctel que no está entre lo mejor de ninguno de los implicados.

El director de fotografía fue el norteamericano Philip Lathrop [ASC], que trabajó mucho con Blake Edwards, aunque esta fuera precisamente la última de sus siete colaboraciones (ocho si contamos que Lathrop terminó “Breakfast at Tiffany’s” por imposibilidad de Franz Planer). Aunque Lathrop tuvo una notable trayectoria como director de fotografía, es posible, de todas maneras, que sea incluso más recordado como operador de cámara, ya que estaba a las órdenes de Russell Metty ejerciendo tal función en “Touch of Evil” (Orson Welles, 1958), que contiene uno de los planos de apertura más famosos de la historia del cine. Con Edwards, Lathrop rodó películas como “Experiment in Terror” (1962), “Days of Wine and Roses” (1962), “The Pink Panther” (1963) o “What Did You Do in War, Daddy?” (1966), aunque también es conocido por sus trabajos para Norman Jewison en “The Cincinnati Kid” (1965), John Boorman (“Point Blank”, 1967), Francis Ford Coppola (“Finian’s Rainbow, 1968), Sydney Pollack (“They Shoot Horses, Don’t They?”, 1969). En este período obtuvo una candidatura al Oscar a la mejor fotografía en blanco y negro por “The Americanization of Emily” (Arthur Hiller, 1964). Y en los 70, trabajó mucho para la Universal, consiguiendo una segunda nominación con “Earthquake” (1974), al tiempo que rodaba “Airport 1975”, “Airport ‘77” y “Airport ’79), o “Swashbuckler” (1976). Acabó su carrera en televisión, rodando para ese medio -del que había surgido en los 50- buena parte de la década de los 80.

Philip Lathrop, que era un veterano que rondaba ya los 60 años cuando rodó el presente título, fue uno de esos directores de fotografía clásicos que, realmente, nunca se adaptó a las nuevas tendencias estilísticas que llegaron desde Europa en la década de 1960. Aunque ello se nota más aún sobre todo en sus trabajos posteriores en los años 70, también se ve bien en “Wild Rovers”, que está rodada de manera absolutamente clásica, aunque posee determinadas concesiones que en cierto modo son sorprendentes en un hombre tan habitualmente rígido como Lathrop. De un lado, son buenos o muy buenos gran parte de los exteriores. Y destacan, más que por sus imágenes individuales, por la coherencia con la que los tonos ocres y marrones están tratados a lo largo del film. De hecho, es una película muy bien diseñada en este aspecto, que en ocasiones recuerda a “The Outlaw Josey Wales” (Clint Eastwood, 1976) por sus tonalidades (Frank Stanley, colaborador de Eastwood en aquélla época, que incluso fue ayudante de cámara de Bruce Surtees, el director de fotografía de esa película, firma aquí la segunda unidad). Comparte Lathrop con Surtees -que aprendió de su padre, así como de Harry Stradling Sr.- su gusto por exponer para una reproducción óptima de los cielos, lo que repercute en que éstos luzcan aquí extraordinariamente saturados y azulados (con la ayuda de algún polarizador muy extremo, eso sí). Pero si bien Surtees exponía para los cielos y no rellenaba, o apenas lo hacía, Lathrop sí que emplea tradicionales luces de relleno en los exteriores, lo cual le aleja eso sí del carácter casi experimental de las mejores obras del director de fotografía de “High Plains Drifter” o “Pale Rider”. Y a veces, raro aún en 1971, Lathrop emplea ligeros filtros Fog o Low Contrast para suavizar sus imágenes y enfatizar el tono crepuscular del film.

Los interiores, son absolutamente clásicos eso sí, con altos niveles de luz pero en pocos puntos del fotograma, lo que genera un alto contraste y frecuentes claroscuros. En ningún momento se percibe que las fuentes integradas en pantalla iluminen nada, pero al menos, esa clara distinción de zonas de luz y zonas de sombra hace que los interiores desde luego tengan su interés, aunque sea en un aspecto opuesto (cómo no) al rupturismo de Vilmos Zsigmond en “McCabe And Mrs. Miller” (1971). Ese deseo de emplear fuentes de luz muy claras (principal, un poquito de relleno, contraluz, luz de fondos, etc) es muy evidente también en los exteriores nocturnos, que están muy bien resueltos, tanto en el pueblo en el que los protagonistas atracan el banco, como en sus idas y venidas a caballo por la noche. Lathrop, como decíamos, emplea luces duras en toda circunstancia, pero como las mismas son precisas y no se abren o expanden iluminando grandes áreas, sino áreas concretas, controla muy bien el contraste en todo momento y consigue que, a pesar de que el estilo sea clásico (que no anticuado para 1971), las situaciones que se plantean siempre resulten creíbles y estén bien resueltas. Particularmente bien resuelta está la escena en la cantina en la que se produce un tiroteo; incluso a pesar que posteriormente Blake Edwards emplea la alta velocidad imitando a Sam Peckinpah, el ambiente que consigue Lathrop es muy interesante.

Edwards, que siempre fue elegante rodando, y casi siempre en formato panorámico anamórfico, lo sigue siendo en este film, con muchas composiciones con varios personajes en el encuadre e incluso movimientos semicirculares que funcionan bien en pantalla. Y aunque el zoom está bastante restringido, no puede evitar caer en él, aunque por fortuna, con un número de planos muy inferior que lo usen para hacer zoom in o zoom out que muchos de sus contemporáneos de la época, como sin ir más lejos podría ser el propio Sam Peckinpah. Así pues, aunque la película sea demasiado larga, no esté demasiado bien interpretada y exista cierta confusión estilística, al menos a nivel de dirección (ni los protagonistas tienen el encanto de “Butch Cassidy And The Sundance Kid” ni la violencia tiene un ápice de la fuerza y brutalidad de “The Wild Bunch), lo cierto es que el trabajo de Philip Lathrop (e incluso el de la segunda unidad de Frank Stanley, que posteriormente trabajó con Blake Edwards como director de fotografía en “10” en 1979) es notable, con muchos buenos momentos en un film que, aunque se puede ver sin problemas, no está desde luego entre los mejores de su director.

Título en España: Dos Hombres Contra el Oeste
Año de Producción: 1971
Director: Blake Edwards
Director de Fotografía: Philip Lathrop, ASC
Ópticas: Panavision anamórfico
Emulsión: Kodak 5254 (100T)
Formato y Relación de Aspecto: 35mm anamórfico, 2.35:1

Vista en Blu-ray

© Ignacio Aguilar, 2025.



Language / Idioma