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Dragonslayer (1981): fotografía de Derek Vanlint
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Dragonslayer (1981), fotografía de Derek Vanlint

Dragonslayer (El dragón del lago de fuego, 1981) – Fotografía de Derek Vanlint

Título en España: El dragón del lago de fuego
Año de producción: 1981
Director: Matthew Robbins
Director de fotografía: Derek Vanlint, BSC, CSC
Cámaras: Panavision Panaflex-X y Panaflex Gold
Ópticas: Panavision C-Series y Super PanaZoom
Emulsión: Kodak 5247 (125T)
Formato y relación de aspecto: 35mm anamórfico Panavision, 2.4:1
Otros: segunda unidad dirigida y fotografiada por Peter MacDonald, BSC
Premios: Oscar a la mejor banda sonora original y a los mejores efectos visuales (nom)
Vista en DVD

Derek Vanlint combina luz disponible, humo, fuego y un anamórfico exigente para dotar de arraigo físico a uno de los mundos fantásticos más oscuros y convincentes de comienzos de los ochenta.

La película

Coproducción de Paramount y Disney, escrita por dos antiguos colaboradores de Steven Spielberg, Hal Barwood y Matthew Robbins, y dirigida por este último, que se aleja notablemente de los típicos productos de la factoría especializada en cine infantil.

El argumento gira en torno a un joven aprendiz de mago —Peter MacNicol— que, después de la muerte de su maestro —Ralph Richardson—, debe acudir en solitario a ayudar a los habitantes de una comarca cuyas jóvenes vírgenes son entregadas en sacrificio por el rey a un voraz dragón, a fin de mantenerlo tranquilo.

El desarrollo del argumento es muy oscuro y no rehúye la violencia, ni siquiera algún rápido desnudo de los protagonistas —MacNicol y Caitlin Clarke—, lo cual seguramente contribuyó decisivamente al fracaso comercial de la película, cuyo público objetivo quedó así demasiado indefinido.

Sin embargo, aun con sus defectos —como la pareja protagonista—, «Dragonslayer» es un título muy estimable, enormemente rico en valores de producción —efectos visuales de ILM, diseños de Elliot Scott, música de Alex North, etc.—, que ofrece una visión del mundo de la espada y brujería mucho más oscura que otras incursiones cinematográficas en el género.

Dragonslayer (1981), el aprendiz de mago Galen en el paisaje medieval

El director de fotografía

El director de fotografía fue el británico Derek Vanlint [BSC, CSC]. Vanlint era uno de los principales operadores publicitarios de Gran Bretaña en las décadas de los sesenta y setenta, lo cual equivale a decir que era uno de los mejores del mundo en su especialidad, y fue conocido sobre todo por su trabajo junto a Ridley Scott.

Aunque no firmó el debut de este en el cine, «The Duellists» (1977), del que se encargó Frank Tidy, Vanlint sí se hizo cargo de «Alien» (1979), cinta en la que consiguió un emblemático e influyente trabajo, con una imagen moderna y estilizada que causó y sigue causando un tremendo impacto.

«Alien» fue su debut en el largometraje a la edad de 47 años y quizá despertó su interés por el mundo del cine, ya que trabajó en la preproducción de «Excalibur» (1981) junto a John Boorman. Este finalmente contrató a Tony Pierce-Roberts, sustituido por Alex Thomson durante el rodaje.

Vanlint aceptó después «Dragonslayer», que por sus localizaciones y ambientación guarda obvias similitudes con la película de Boorman. Tras este título, se divorció y se trasladó a Canadá, dejando el cine para concentrarse en lucrativos anuncios publicitarios, en los que ejercía la doble labor de fotógrafo y realizador.

Llegó a rechazar títulos como «Blade Runner» (1982) o «Aliens» (1986), y únicamente volvió al cine para fotografiar las miniaturas de «X-Men» (2000) —la producción necesitaba en Toronto un operador con experiencia en formato anamórfico— y para «The Spreading Ground» (2000), un thriller protagonizado por Dennis Hopper que tuvo poca o ninguna comercialización y que él mismo dirigió y fotografió.

Vanlint murió en 2010, a los 78 años, en Canadá, dejando como legado miles de anuncios, «Alien» y la presente película.

Dragonslayer (1981), luz natural y atmósfera con humo en exteriores

Análisis visual

«Dragonslayer» fue rodada en un vistoso formato panorámico anamórfico, tanto en estudio como en localizaciones de Escocia y el norte de Gales. Toda la estética de la película está pensada para ambientarla en un mundo de fantasía, pero con cierto arraigo en la realidad.

Sus exteriores diurnos emplean frecuentemente algo de difusión —Low-Con, Fog o Double Fog— y, sobre todo, mucho humo en conjunción con haces de luz solar, por ejemplo en los bosques, lo que proporciona imágenes muy bellas y estéticas en las localizaciones.

Vanlint apenas emplea luz artificial en estas circunstancias, con una filosofía de sencillez que incluye más relleno negativo sobre los actores, mediante palios y telas negras, que iluminación sobre ellos. Peter MacDonald, antiguo operador de Geoffrey Unsworth y futuro realizador de «Rambo III» (1988), se encargó de dirigir y fotografiar una segunda unidad que también aporta muy buen material a la primera.

Para ampliar cómo el formato anamórfico modifica el encuadre, la profundidad de campo y el carácter de las fuentes luminosas, consulta Formato anamórfico en cine: guía completa.

Dragonslayer (1981), composición anamórfica en los exteriores de Escocia y Gales

Sin embargo, como en «Alien», la imagen de «Dragonslayer» destaca por la capacidad de Vanlint para iluminar y crear una estética a través de la luz. Son muy recurrentes las escenas que transcurren en cuevas, en las que utiliza velas integradas en pantalla —también antorchas— con doble o triple mecha, así como fuertes contraluces con aparatos de iluminación cinematográfica y mucho humo en cada decorado.

Aunque muchas veces son perceptibles la fuerza y la dirección del haz, la parecida temperatura de color y la atmósfera creada hacen que la mezcla de luz natural —la de las velas y antorchas— y luz cinematográfica quede muy bien en pantalla.

Por supuesto, todo esto se logra empleando niveles de iluminación tan reducidos como permitía el rodaje en formato anamórfico —T2.8— con la clásica emulsión Kodak 5247, seguramente forzada un diafragma en el revelado para fijar aproximadamente 250 ASA en el fotómetro.

En escenas como las del lago que habita el dragón que da título a la película, Vanlint se sirve de grandes fuegos como luz principal, en conjunción con el equipo de efectos especiales mecánicos liderado por Brian Johnson, otro veterano de «Alien», y de una tenue luz de base que permite ver la cueva y el espacio que habita la criatura.

Vanlint incluso evoca con ella cambios de luz o proyecta sobre los actores la luz verde que a veces hace aparecer la bestia, en lo que seguramente fue un complicado trabajo con primitivos dimmers y consolas de iluminación.

Dragonslayer (1981), velas, contraluz y humo en el interior de una cueva

Algunos exteriores nocturnos, rodados en estudio para acomodar las necesidades del diseño de producción, poseen el típico aspecto de luz suave procedente de spacelights, aunque siempre con una estética más sucia de lo habitual en estos casos.

Muy interesantes son sus exteriores nocturnos, como las escenas en la aldea mientras se celebra la falsa muerte del dragón. Vanlint incorpora antorchas y fuegos como luces integradas y, a lo lejos, lo que parece un Wendy Light, el famoso aparato de iluminación inventado por David Watkin para «Hanover Street» (1979).

Cuando se utiliza en su integridad, emplea 192 lámparas FAY a un cuarto de milla de distancia para evitar las caídas en la intensidad de luz, al tiempo que provoca un bello efecto single-source, con una única sombra y, en este caso, un ligero aspecto azulado, posiblemente por su filtraje con una gelatina tipo ¼ CTB.

A pesar de que algunas fuentes indican que el negativo de Vanlint, como consecuencia de sus métodos de exposición y rodaje, no era demasiado denso, lo cierto es que el trabajo de Industrial Light & Magic sobre él es muy bueno.

Fue el primero de ILM en una película que no estaba producida por Lucasfilm y en él trabajó gente del calibre de Dennis Muren, Ken Ralston, Bruce Nicholson, Michael Pangrazio o Phil Tippett, con una novedosa técnica de animación go motion para crear al dragón en pantalla.

Dragonslayer (1981), efectos visuales de ILM para el dragón Vermithrax

Conclusión final

Si a esto se suma que la puesta en escena de Robbins evidencia un enorme regusto clásico —con composiciones de imagen en gran angular y personajes cercanos a cámara—, la parte visual de «Dragonslayer» es absolutamente notable, incluso con ciertas imperfecciones derivadas de su origen artesanal que no detraen en absoluto de la experiencia.

Se trata, por tanto, de un título que, como la citada «Excalibur», estrenada en el mismo año, es una verdadera referencia del género y supera con creces a muchas aventuras medievales rodadas incluso en décadas posteriores, como las de Peter Jackson basadas en Tolkien.

Ni las mejores técnicas digitales son capaces de emular el enorme conjunto de talentos visuales que se unieron para hacer posible la presente película. «Dragonslayer», a pesar de su fracaso en taquilla, fue candidata en dos categorías a los Oscar: mejor banda sonora original —Alex North— y mejores efectos visuales, en la que fue derrotada por «Raiders of the Lost Ark» (Steven Spielberg, 1981).

© Ignacio Aguilar, 2015. Revisada en 2026.

Ignacio Aguilar, AEC, es director de fotografía y autor de ON FILM & DIGITAL. Puedes conocer su trayectoria, explorar el archivo de reseñas, consultar su biografía profesional y sus trabajos seleccionados.



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