Título en España: Un enredo para dos
Año de producción: 1980
Director: Ronald Neame
Director de fotografía: Arthur Ibbetson, BSC
Ópticas: Super Panazoom Cooke y Panavision C-Series
Emulsión: Kodak 5247 (100T)
Formato y relación de aspecto: 35mm anamórfico (Panavision), 2.40:1
Copia vista: Blu-ray
Arthur Ibbetson resuelve «Hopscotch» con oficio, pero la preferencia de Ronald Neame por los zooms anamórficos y las elevadas necesidades de luz producen una imagen plana, poco nítida y muy inferior al ingenio de su guion y sus intérpretes.
La película
«Hopscotch» adapta una novela de Brian Garfield, llevada a la pantalla por el propio autor junto con el actor, guionista y director Bryan Forbes. Su protagonista es Miles Kendig, interpretado por Walter Matthau, un inteligente y veterano agente de campo de la CIA al que su superior, encarnado por Ned Beatty, decide relevar de su puesto tras haber dejado libre al jefe del KGB en Europa, interpretado por Herbert Lom.
Kendig tenía sus motivos para actuar así y se rebela contra la decisión. Después de huir, decide escribir sus memorias con todos los trapos sucios de la agencia, por lo que sus antiguos compañeros tratan de darle caza a cualquier precio.
«Hopscotch» tiene mucho más de comedia que de thriller de espionaje al uso, gracias a la siempre estupenda presencia de Matthau y a secundarios como Beatty y Lom. Quizá se hubiera beneficiado de un director más dotado para la comedia que Ronald Neame, antiguo director de fotografía que no consigue extraer todo el jugo y la ironía de las situaciones planteadas por el guion. Con todo, es una película estimable, con un buen reparto que completan Glenda Jackson y Sam Waterston.

El director de fotografía
El director de fotografía fue Arthur Ibbetson, BSC, en su quinta y última película para Ronald Neame. Ibbetson nunca fue un operador de primerísima línea en Gran Bretaña, sino uno de esos directores de fotografía que destacaron de forma puntual. Ello le hizo merecedor de varias nominaciones a los premios británicos de la British Society of Cinematographers y de la Academia británica, así como de una candidatura al Óscar por «Anne of the Thousand Days» (Charles Jarrott, 1969).
No fue, por tanto, un director de fotografía al que le cayeran los mejores trabajos en su país: Freddie Young, Geoffrey Unsworth, Douglas Slocombe y Oswald Morris estaban indudablemente mejor considerados. Sí consiguió participar en títulos de presupuestos holgados, especialmente hacia el final de su carrera, como «Santa Claus» (Jeannot Szwarc, 1985) o «The Bounty» (Roger Donaldson, 1984), la producción de Dino De Laurentiis que condensaba el guion en dos partes de Robert Bolt concebido originalmente como un proyecto de David Lean.
Ibbetson había trabajado ya con Neame y volvería a mostrar su oficio en «The Medusa Touch» (Jack Gold, 1978). En «Hopscotch», sin embargo, queda muy condicionado por las decisiones formales del realizador y por las exigencias técnicas de los zooms anamórficos.

Análisis del estilo visual
Neame había dejado su carrera como director de fotografía en los años cuarenta —fue socio del propio David Lean y de Anthony Havelock-Allan— y llevaba varias películas seguidas utilizando el formato panorámico anamórfico: «The Poseidon Adventure» (1972), «The Odessa File» (1974) y «Meteor» (1979).
Aunque Oswald Morris le había contenido en la adaptación de la novela de Frederick Forsyth, el director poseía un gusto exacerbado por rodar de forma casi exclusiva con zooms. En formato anamórfico, estas ópticas ofrecían en la época una apertura máxima de entre T4.5 y T5.6.
Con la Kodak 5247 (100T), Arthur Ibbetson tuvo que recurrir a intensidades de luz muy elevadas. Como les había ocurrido a Harold Stine en «The Poseidon Adventure» y a Paul Lohmann en «Meteor», muchas veces tuvo que priorizar el nivel mínimo de exposición del negativo por encima de la creación de un aspecto visual interesante. De los tres directores de fotografía, solo Stine —que obtuvo además una candidatura al Óscar— fue exitoso en su labor.

Los niveles de luz dejan poco margen al operador para mostrar su creatividad. La otra consecuencia inmediata es el pésimo rendimiento de las lentes, seguramente empeorado por su utilización a máxima apertura de diafragma. La película carece de artefactos anamórficos, excepto en alguna toma aislada; la nitidez es muy escasa y los bordes del fotograma, sobre todo el superior y el inferior, son una verdadera catástrofe óptica.
Ibbetson también se declaraba partidario de los zooms. En los años setenta, los Cooke eran la opción predilecta: ópticamente eran comparables a las focales fijas de los cincuenta y sesenta —Cooke S2/S3 o Super Baltar— y ofrecían un rendimiento y una colorimetría similares desde la parte angular hasta el teleobjetivo. Muchos operadores los utilizaban siempre que podían y recurrían a ópticas fijas cuando necesitaban mayor luminosidad, focales imposibles con el zoom o una configuración compacta.
Para ampliar
La Guía de Ópticas de Cine (II) explica la evolución de los zooms cinematográficos, sus limitaciones de luminosidad y su convivencia con las focales fijas.
Resulta extraño que un director de la procedencia de Neame permitiera que «Hopscotch» y «Meteor» compartan tantos problemas. A la planicie de la luz y del aspecto se añaden escenas, como las de las oficinas, que mezclan de manera muy pobre la luz de tungsteno con los fluorescentes. El conjunto luce excesivamente descuidado y no obtiene partido alguno de unas localizaciones que podrían haber resultado interesantes.

Por supuesto, Ibbetson mantiene un mínimo de oficio: no hay problemas de continuidad ni exposiciones incorrectas. Sin embargo, su trabajo resulta tan rutinario como el de Paul Lohmann al frente de «Meteor».
A pesar de que el gran Peter MacDonald, BSC, colaborador de Geoffrey Unsworth en sus grandes títulos de los años setenta, aparece acreditado como uno de los dos operadores de cámara, el trabajo de cámara es tan poco interesante como en «Meteor». Incluso se aprecia la tendencia de Neame —quizá por economizar— a comenzar una secuencia con varios actores en cuadro y, en lugar de montar la cámara en un travelling, acercarse con el zoom hasta terminar en un encuadre mucho más cerrado.
Los resultados son malos desde un punto de vista estético. La película apenas se diferencia de un trabajo televisivo medio de la época, algo inadmisible en una producción de cierta importancia y más aún cuando el guion y los actores están bastante por encima de la puesta en escena y de la fotografía.
Conclusión final
«Hopscotch» conserva el oficio básico de Arthur Ibbetson, pero las elevadas intensidades necesarias para trabajar con los zooms anamórficos, su rendimiento a máxima apertura y la preferencia de Ronald Neame por los acercamientos de zoom conducen a una imagen plana, blanda y rutinaria.
La continuidad y la exposición son correctas, pero la mezcla de fuentes, la escasa nitidez y el pobre aprovechamiento de las localizaciones impiden que la fotografía esté a la altura del guion y del reparto.
© Ignacio Aguilar, 2017. Revisada en 2026.
Ignacio Aguilar, AEC, es director de fotografía y autor de ON FILM & DIGITAL. Puedes conocer su trayectoria, explorar el archivo de reseñas, consultar su biografía profesional y sus trabajos seleccionados.