Invasion of the Body Snatchers (La Invasión de los Ultracuerpos, 1978) – Fotografía de Michael Chapman
Título en España: La Invasión de los Ultracuerpos
Año de Producción: 1978
Director: Philip Kaufman
Director de Fotografía: Michael Chapman, ASC
Ópticas: Zeiss “B” Speeds T/1.4
Emulsión: Kodak 5247 (100T)
Formato y Relación de Aspecto: 35mm esférico (1.85:1)
Vista en Blu-ray
Michael Chapman convierte San Francisco en una pesadilla paranoica mediante ópticas ultraluminosas, subexposición y un noir en color.
La película
Segunda adaptación cinematográfica de la obra de Jack Finney —tras el clásico de 1956 dirigido por Don Siegel e interpretado por Kevin McCarthy; ambos tienen sendos cameos en este filme—, cuyo argumento gira en torno a una invasión alienígena en la que los seres humanos son reemplazados por copias idénticas en lo físico, pero carentes por completo de emociones.
Ambientada en San Francisco e interpretada por Donald Sutherland, Brooke Adams, Jeff Goldblum, Veronica Cartwright y Leonard Nimoy, lo que más destaca de la propuesta es la inteligente y atmosférica puesta en escena de Philip Kaufman, que entronca directamente con el cine de conspiración y paranoia tan habitual en EE. UU. después del escándalo Watergate, y en la que cada actor en pantalla es casi constantemente sospechoso de ser un doble de sí mismo.

El director de fotografía
El director de fotografía fue Michael Chapman [ASC], uno de los operadores más prominentes del cine norteamericano de la época, en la segunda de sus cuatro colaboraciones con el realizador. Chapman había sido, ni más ni menos, operador de cámara de Gordon Willis [ASC] en sus primeros trabajos cinematográficos, incluyendo The Godfather, pero además había iniciado una meteórica carrera con trabajos para realizadores como Hal Ashby —The Last Detail (1973)—, Martin Ritt —The Front (1976)— o, especialmente, Martin Scorsese, para quien acababa de filmar su emblemática Taxi Driver en 1976. Chapman también sería el operador de otro de los títulos clave de la filmografía del italoamericano, Raging Bull, en 1980.
Aunque su carrera decayó en los años ochenta —en parte, por su dedicación a la dirección, que lo llevó a dejar de lado su ocupación originaria— y nunca volvió a alcanzar el interés de su primera etapa, salvo en casos como The Fugitive (1993), lo cierto es que sus primeros trabajos hacen que siga siendo recordado como un notable operador, también muy hábil cuando él mismo manejaba la cámara. Esta función la realizó memorablemente en Jaws (1975), para Steven Spielberg y su director de fotografía Bill Butler [ASC], película para la cual aceptó un puesto inferior al de operador jefe en una etapa en la que pasaba dificultades económicas.
Análisis visual
La imagen de Invasion of the Body Snatchers es muy característica de la época en la que el filme fue rodado e, incluso, del estilo de Chapman, más intuitivo que técnico. La película destaca, como se ha indicado, por la garra de la puesta en escena de Philip Kaufman, a menudo a través de numerosas tomas móviles, planos torcidos, zooms, ángulos sugerentes e ingeniosos y montajes en los que los personajes secundarios miran de reojo directamente a cámara mientras esta se mueve entre las calles o localizaciones escogidas por los cineastas.
Para todas estas escenas, y especialmente para las nocturnas, Kaufman y Chapman obtuvieron un excelente partido de las pequeñas cámaras Arri —como la 2C— y las entonces novedosas ópticas Zeiss High Speed, o «B Speeds» —la serie anterior a los 1.3 Super Speed—, con aperturas máximas de T/1.4 y su característico iris triangular. Estas permitían rodar en las calles de San Francisco —o en coches transitando por ellas, al estilo de Taxi Driver— sin apenas emplear iluminación cinematográfica.
No obstante, también hay que destacar que gran parte de la película está rodada utilizando lentes zoom —alguno de los disponibles en aquella época, como el Cooke 20–100mm T3.1—, tanto como focal variable como para realizar algunos impactantes cambios de focal en mitad de las tomas, aunque ello requiriese que Chapman empleara niveles de luz sensiblemente superiores a los que le permitía el juego de lentes fijas.
Las escenas diurnas están rodadas de forma bastante directa, con un estilo claramente realista, muchas veces prescindiendo de toda iluminación artificial o intentando imitar los efectos de la luz natural. Por ello, el sello de distinción de la película son sus escenas nocturnas, uno de los más claros ejemplos de iluminación film noir en color.
En un gran número de escenas, Chapman utiliza enormes contrastes de luz en clave baja, con luces duras incidiendo sobre los actores o alguna parte del decorado y proyectando sombras sobre las paredes y los fondos, sin que en ningún momento, como buen discípulo de Willis, parezca sentir miedo ante los fuertes niveles de subexposición y el revelado forzado de la emulsión —puede que hasta dos pasos—. Esto hace que, con mucha frecuencia, la densidad de los negros sea escasa y aparezca una capa de grano muy evidente en la imagen; de ahí que Chapman parezca más interesado en los resultados artísticos que en obtener una imagen técnicamente perfecta.

Conclusión final
El conjunto está realmente conseguido, sobre todo por su atmósfera, que tiene un aire verdaderamente paranoico hasta la segunda mitad de la película, cuando la acción desemboca en un filme de terror algo más convencional. Aun así, la forma en que Chapman lo ilumina, con sus bajos niveles de luz y elevadísimo grado de oscuridad, es siempre original y sugerente. Sus problemas técnicos no dejan de darle un aspecto más cercano y orgánico, aunque seguramente esa no fuera la intención original ni los justifique.
ON FILM & DIGITAL
© Ignacio Aguilar, 2013. Revisada en 2026.
Ignacio Aguilar, AEC, es director de fotografía y autor de ON FILM & DIGITAL. Puedes conocer su trayectoria, explorar el archivo de reseñas, consultar su biografía profesional y sus trabajos seleccionados.