Last Night in Soho (Última Noche en el Soho, 2021) – Fotografía de Chung-hoon Chung
Título en España: Última Noche en el Soho
Año de Producción: 2021
Director: Edgar Wright
Director de Fotografía: Chung-hoon Chung
Ópticas: Panavision Primo, G-Series, B-Series, Angenieux Optimo 24-290 T2.8
Emulsión: Kodak 5207 (250D) & 5219 (500T)
Formato y Relación de Aspecto: 35mm anamórfico + Super 35 + Alexa XT (Arriraw), 2.4:1
Otros: Digital Intermediate
Vista en DCP
Chung-hoon Chung mezcla 35mm esférico y anamórfico, Alexa XT, LED y colores saturados para separar la realidad contemporánea de un Soho sesentero cada vez más alucinado.
La película
Una joven estudiante de diseño de moda, interpretada por Thomasin McKenzie, se traslada a Londres. Como no termina de encajar con sus compañeras de residencia, se muda a un viejo edificio regentado por una anciana, a la que da vida Diana Rigg.
Muy pronto comienza a soñar que cada noche se transporta al mismo barrio en el que vive, pero durante la década de 1960. El sueño se transforma en una pesadilla de la que no puede escapar y en la que aparecen una joven aspirante a cantante (Anya Taylor-Joy), un hombre que quiere obligarla a prostituirse (Matt Smith) y un misterioso octogenario que frecuenta el pub donde trabaja la protagonista (Terence Stamp).
A pesar de contar con la energía característica del cine del británico Edgar Wright, “Last Night in Soho” mezcla demasiadas influencias y fluctúa entre géneros de forma demasiado altisonante para resultar plenamente exitosa. Aunque es moderadamente entretenida, queda lejos de sus películas más logradas o simpáticas, como la anterior “Baby Driver” (2017).

El director de fotografía
El director de fotografía es el surcoreano Chung-hoon Chung, quien sustituye a Bill Pope, responsable de la trilogía original de “Matrix” y de las tres películas anteriores de Edgar Wright: “Scott Pilgrim vs. the World”, “The World’s End” y “Baby Driver”, además de algún videoclip.
Chung-hoon Chung es, por supuesto, el director de fotografía de la afamada “Oldboy” (2003), “Lady Vengeance” (2005) y “The Handmaiden” (2016), todas ellas dirigidas por Park Chan-wook. Dio el salto a Estados Unidos sobre todo de la mano de Andy Muschietti con “It” (2017), adaptación cinematográfica de la novela de Stephen King ya llevada anteriormente a la televisión.
Posteriormente rodó “Hotel Artemis” (Drew Pearce, 2018), “Zombieland: Double Tap” (Ruben Fleischer, 2019), “Earthquake Bird” (Wash Westmoreland, 2019) y la serie de Disney+ “Obi-Wan Kenobi”, estrenada en 2022. Estos trabajos ponen de manifiesto su consolidación dentro de la industria estadounidense.

Análisis del estilo visual
“Last Night in Soho” alterna presente y pasado mediante una combinación de lentes y formatos, recurso al que Edgar Wright ya había acudido en “The World’s End”. La mayor parte de la película está rodada en 35mm, mientras que la adquisición digital se reserva para los exteriores nocturnos en las calles del Soho, en los que Chung emplea la Arri Alexa, seguramente por su excelente rendimiento con poca luz y su capacidad para mantener una apariencia fílmica.
Más allá de la mezcla entre celuloide y digital, lo más perceptible es la alternancia de ópticas esféricas y anamórficas. El film comienza en 35mm esférico con lentes Panavision Primo, empleadas durante el arranque situado en el “mundo real”. Las escenas ambientadas en los años sesenta están rodadas inicialmente en anamórfico con Panavision G-Series y la antigua B-Series.
Sin embargo, algo más allá de la mitad de la proyección, esa alternancia cesa y la película pasa a utilizar exclusivamente el formato anamórfico, tanto para el mundo real como para los sueños y pesadillas de la protagonista. La convergencia visual acompaña así la pérdida de límites entre ambos espacios.

También destaca la manera en que el director de fotografía abraza la iluminación LED y la emplea de forma expresiva en las secuencias de sueños. El mundo de los años sesenta se representa mediante frecuentes mezclas de color, con variaciones sobre rosas, azules y, sobre todo, magentas, que aparecen ricos y saturados.
Incluso la habitación de la protagonista, que funciona como puerta hacia el sueño y el pasado, alterna como dominantes el blanco, el azul y el rojo de la bandera francesa, justificados por los neones de un restaurante situado al otro lado de la ventana. Los colores son intensos, pero rara vez permanecen fijos: varían en intensidad y mutan de tonalidad, como si estuvieran vivos.

Los exteriores nocturnos están fotografiados de manera algo más clásica y emplean como regla general grandes fuentes a contraluz. En lugar de recurrir a los tonos azulados habituales durante muchos años en este tipo de escenas, Chung imita la luz de sodio. El aspecto es bueno, aunque el director de fotografía se facilita a sí mismo la tarea introduciendo sus propios aparatos de cine en el fondo del fotograma, como si fueran farolas, pese a que resultan bastante evidentes.
En las escenas “fuera del sueño”, la fotografía se muestra más comedida y realista, dentro de un naturalismo debidamente sofisticado acorde con el presupuesto y el tipo de film. El contraste entre estos registros es claro, aunque se va desdibujando de forma deliberada conforme avanza la narración.

Esférico, anamórfico y formatos híbridos
La alternancia entre Panavision Primo, G-Series y B-Series, celuloide y Alexa XT se contextualiza en la guía del formato anamórfico.
Conclusión final
La recreación de las pesadillas incluye numerosos efectos visuales que simulan los fantasmas vistos por la protagonista. Su integración es quizá uno de los aspectos más flojos de la película: coincide con momentos en los que la narración va demasiado lejos, se aparta del tono establecido y muestra unos VFX demasiado evidentes.
El trabajo es claramente identificable con Edgar Wright, incluidos los numerosos momentos captados con Steadicam y las elaboradas coreografías que sustituyen dentro del plano a Thomasin McKenzie por Anya Taylor-Joy, ya sea mediante recursos físicos o efectos. Sin embargo, la menor inspiración del conjunto hace que la fotografía también se resienta si se la compara con “Baby Driver”, más elaborada y probablemente más atinada en todos sus planteamientos.
“Last Night in Soho” intenta más cosas —diferentes líneas temporales, géneros y estados relativos a la cordura de la protagonista—, pero no todas con el mismo acierto. Aunque su aspecto visual y, especialmente, su ejecución son buenos, el resultado no está a la altura de los mejores trabajos de su director.
© Ignacio Aguilar, 2021. Revisada en 2026.
El autor
Ignacio Aguilar, AEC, es director de fotografía y autor de ON FILM & DIGITAL. Puedes conocer su trayectoria, explorar el archivo de reseñas, consultar su biografía profesional y sus trabajos seleccionados.