Título en España: Gracias y Favores
Año de Producción: 1983
Director: Bruce Beresford
Director de Fotografía: Russell Boyd, ASC, ACS
Formato y Relación de Aspecto: 35mm esférico, 1.85:1
Vista en HDTV
Russell Boyd acompaña este drama rural con una fotografía naturalista, sobria e invisible, cuyo oficio reside precisamente en no imponerse nunca a la historia ni a sus personajes.
La película
Pequeño pero muy efectivo drama rural que supuso el debut del cineasta australiano Bruce Beresford —“Driving Miss Daisy” (1989)— en el cine norteamericano. Robert Duvall interpreta a Mac Sledge, un antiguo compositor y cantante de música country venido a menos como consecuencia del alcohol.
Un día, despierta en un motel regentado por una joven viuda —Tess Harper—. Sin dinero, solicita poder pagar lo que debe haciendo algunos arreglos. Poco a poco la relación entre ambos se va estrechando y se casan. Solo entonces descubrimos que Mac fue realmente famoso y exitoso y que su exmujer —Betty Buckley— no le permite ver a su hija —Ellen Barkin—. Hasta que un día Mac decide intentar, por medio del mánager de su exmujer —Wilford Brimley—, hacerle llegar a esta una nueva canción.
Se trata de una película muy modesta y de perfil muy bajo que, sin embargo, gracias a lo comedido de su escritura y la dirección de actores de Beresford, consiguió que Robert Duvall obtuviera el Oscar al mejor actor por su estupenda composición del personaje principal. Horton Foote también obtuvo uno por su guion, mientras que Beresford, la propia película y una de sus canciones fueron finalistas al mismo.

El director de fotografía
El director de fotografía fue el también australiano Russell Boyd [ASC, ACS], elección absolutamente lógica por parte de Beresford para su debut en tierras norteamericanas, ya que, por mucho que el filme describa ambientes rurales del interior de los Estados Unidos, el paisaje guarda mucha relación con el corazón del continente australiano.
Boyd, por supuesto, es un director de fotografía conocido sobre todo por su asociación con su compatriota Peter Weir, gracias a títulos como “Picnic at Hanging Rock” (1975), “The Last Wave” (1977), “Gallipoli” (1981), “The Year of Living Dangerously” (1982) o “Master and Commander: The Far Side of the World” (2003), que le proporcionó a Boyd un discutible premio Oscar, así como “The Way Back” (2010).
A pesar de que ese premio sea cuestionable porque se trataba de una fotografía problemática —y de lejos, el peor trabajo de Boyd para Weir—, lo cierto es que el australiano es un director de fotografía estupendo, perfectamente equiparable al que fuera su alumno John Seale o al aún más veterano “aussie” Donald McAlpine. Con todos ellos Boyd mantiene un gusto por las imágenes naturales y sencillas que es digno de los mayores elogios, aunque sus proyectos en Estados Unidos hayan sido demasiadas veces alimenticios.

Análisis del estilo visual
No es “Tender Mercies”, afortunadamente, uno de esos casos. El estilo de Russell Boyd se ajusta a la narrativa —sencilla, directa, sin embellecimientos— como un auténtico anillo al dedo. Se trata de una de esas fotografías de perfil bajo que permanecen absolutamente invisibles en todo momento, ya que no introducen el menor artificio visual en el desarrollo de la historia, pero sirven y apoyan lo que cuentan con un enorme respeto y fidelidad.
No era evidentemente una película para el lucimiento de su director de fotografía. De hecho, podría argumentarse que sorprende que Robert Duvall ganase el premio Oscar, ya que la suya también es una interpretación en esa línea, sin estridencias, grandes soliloquios o histrionismos: simplemente, se convierte en el personaje. Boyd ejecuta muy bien todo lo que plantea y el aspecto visual se limita a acompasar muy bien lo que vemos en pantalla.
Lógicamente, esto únicamente puede hacerse desde un planteamiento naturalista o realista, ya que es a base de recrear en cada localización o en cada situación que plantea Bruce Beresford la luz que habría en ese lugar, y hacerlo de un modo creíble, como Russell Boyd consigue pasar absolutamente desapercibido.

En exteriores es curioso porque no recurre siempre al contraluz, como mandan o mandaban especialmente los cánones en esta época. Hay algunas escenas con luz solar lateral o frontal bien realizadas —a pesar de que en ellas es más complicado controlar el sol— y lo que obtiene Boyd en lugar de fondos sobreexpuestos son cielos muy azules y saturados que, dada la ambientación desértica de la historia, también le van bien. Sin embargo, nunca se aprecia que Boyd emplee iluminación artificial en estas circunstancias, lo cual juega mucho a su favor.
Los interiores son algo más complicados, ya que a Boyd le gustaba rodar con el zoom casi todo el tiempo —seguramente las versiones de Panavision del Cooke 20-100mm o del Angenieux 20-120mm—, lo que le obligaba a iluminar al menos a T3. Seguramente ello no era un problema para alguien acostumbrado a los 100 ASA porque justo en esta época aparecieron las primeras emulsiones de 250 ASA.
Para profundizar en la sensibilidad, las emulsiones y la evolución histórica del negativo cinematográfico:
El Negativo Cinematográfico (II): formato, sensibilidad, emulsiones y grano
Así consigue que en esos interiores reine la luz suave, con fuentes integradas en los decorados que aparentemente iluminan las estancias. En los interiores día, Boyd introduce haces de luz por las ventanas que a veces imitan determinados efectos solares, como la luz de atardecer.

Conclusión final
Los resultados son muy buenos, pero precisamente porque la fotografía de “Tender Mercies” pasaría completamente desapercibida para cualquier espectador que no vaya buscando fijarse en este tipo de aspectos, a veces denominados técnicos, aunque puedan contener tanto o más arte que el resto de elementos del filme.
Lo que es innegable es que se trata de una película en la que lo importante es la historia, sus personajes, de dónde vienen, adónde van o lo que les ocurre en pantalla, mientras que el estilo visual, tal y como plantea la película Beresford, era algo secundario.
Eso no significa que deba descuidarse, algo de lo que Boyd se encarga sobradamente para que no suceda, pero lo hace con un equilibrio justo entre ser invisible y estar lo suficientemente presente como para que la película posea un elevado empaque y mucho gusto y oficio en su planteamiento visual.
© Ignacio Aguilar, 2020. Revisada en 2026.
El autor
Ignacio Aguilar, AEC, es director de fotografía y autor de ON FILM & DIGITAL. Puedes conocer su trayectoria, explorar el archivo de reseñas, consultar su biografía profesional y sus trabajos seleccionados.