Título en España: Cazador a Sueldo
Año de Producción: 1980
Director: Buzz Kulik
Director de Fotografía: Fred Koenekamp, ASC
Ópticas: Cooke 20-100mm
Emulsión: Kodak 5247 (100T)
Formato y Relación de Aspecto: 35mm esférico, 1.85:1
Vista en HDTV
El último trabajo de Steve McQueen combina la fotografía clásica y a menudo anticuada de Fred Koenekamp con unos exteriores sólidos y varias secuencias de acción de notable elaboración.
La película
Último trabajo del legendario actor Steve McQueen, que falleció pocos meses después del estreno norteamericano del film y, según los testimonios, ya daba muestras durante el rodaje del cáncer de pulmón que acabó con su vida. El argumento gira en torno a un cazador de recompensas que va realizando una serie de trabajos por la geografía estadounidense, al tiempo que él y su joven esposa embarazada, interpretada por Kathryn Harrold, son amenazados por un loco al que atrapó un tiempo atrás, encarnado por Tracey Walter.
El guion es demasiado inconexo, anecdótico y posee demasiados cabos sueltos como para funcionar realmente, pero, por suerte para la película, además de la presencia de McQueen en casi cada plano, el tono es ligero y paródico y el conjunto posee cierto encanto. Es un film bastante más disfrutable de lo que su mala fama podría hacer suponer. No obstante, dentro de la filmografía del intérprete es una película menor, aunque su magnetismo la haga bastante llevadera. Eli Wallach y Ben Johnson tienen dos breves papeles.

El director de fotografía
El director de fotografía fue Fred Koenekamp [ASC], quien a buen seguro fue una propuesta de Steve McQueen, ya que había coincidido con él en “Papillon” (Franklin J. Schaffner, 1973) y en “The Towering Inferno” (John Guillermin, 1974), por la que obtuvo un premio Oscar compartido con Joseph Biroc.
Koenekamp, que comenzó su carrera como ayudante y segundo operador, alcanzó el puesto de director de fotografía en televisión. Su trayectoria estuvo ligada sobre todo a Schaffner, con quien despuntó en “Patton” (1970), por la que obtuvo su primera candidatura al Oscar. También trabajó con Schaffner y volvió a ser candidato por “Islands in the Stream” (1977), con estupendas secuencias en noche americana.
Cerró los años setenta con películas poco destacables como “The Domino Principle” (Stanley Kramer, 1977), “The Swarm” (Irwin Allen, 1978) o “When Time Ran Out…” (James Goldstone, 1980), tras la cual regresó principalmente a la televisión, medio que apenas abandonó hasta su retiro, excepto para rodar películas como “The Adventures of Buckaroo Banzai Across the 8th Dimension” (W.D. Richter, 1984) o “Flight of the Intruder” (John Milius, 1991).

Análisis del estilo visual
El estilo de Koenekamp, como hemos escrito tantas veces, apenas había evolucionado con respecto al de sus maestros de los años cincuenta, de modo que bien entrados los setenta seguía renunciando a las nuevas técnicas de luz suave e indirecta ya asentadas en Estados Unidos de la mano de Conrad Hall, Owen Roizman, Gordon Willis y una larga lista de operadores. Ello apenas varió hasta el final de sus días, lo que hizo que su estilo quedase anticuado muy pronto.
Según John A. Alonzo, que se encargó del anterior título de McQueen, “Tom Horn” (1979), “The Hunter” le fue ofrecida a él en primer lugar. La película no es una excepción al estilo de Koenekamp, pero sus métodos de la vieja escuela se notan un poco menos al haber bastante trabajo en localizaciones y muchos exteriores, que era realmente lo que mejor se le daba. Tampoco renunció a una de sus herramientas predilectas: el zoom, que empleaba tanto para realizar movimientos como, sobre todo, a modo de focal variable. Siempre iluminaba para niveles lo suficientemente altos como para no tener que recurrir a lentes fijas, ni en interiores ni en exteriores nocturnos.

Así pues, los interiores en plató tienen su habitual muestrario de luces duras, proyectadas de forma directa contra los intérpretes y generalmente acompañadas por luces frontales para evitar sombras sobre sus rostros. También poseen múltiples sombras y ese estilo televisivo de los años setenta y ochenta al que la renuncia al formato panorámico anamórfico lleva de forma irremediable.
Pero, a pesar de ello y de contar con algunos momentos que, de anticuados, producen bochorno, los exteriores por lo general están muy bien, con colores vibrantes, un negativo muy bien expuesto y excelente continuidad entre las tomas. Sin embargo, cuando llega el momento de acercarse a los intérpretes, Koenekamp tiende a estropearlo todo añadiendo luces de relleno que eliminan cualquier sombra. A veces, quizá porque el rodaje así lo exigiera, toma una vía más directa y deja que sea la luz disponible —algo muy raro en él— la que domine las tomas. En esos casos las cosas mejoran mucho y el aspecto, sin ser interesante, resulta más que correcto en bastantes escenas.
Para ampliar sobre focales, luminosidad, contraste y el empleo del zoom:

Conclusión final
Lo mejor quizá sea la forma en que está rodado el film, por una mezcla entre abundancia de medios —que posibilita filmar las escenas de acción con varias cámaras al mismo tiempo, helicópteros, especialistas, etc.— y una buena planificación. Esta incluye algunas cámaras lentas en momentos de violencia que recuerdan a Sam Peckinpah y hace que varias escenas de acción, especialmente las del metro y el aparcamiento en Chicago, resulten bastante interesantes.
Por todo ello, los resultados, aunque muy irregulares porque Koenekamp ejecuta una imagen más propia de los años sesenta que de los ochenta, no están exentos de interés. La película posee buenos exteriores y, sobre todo, algunos momentos de acción muy elaborados que elevan un conjunto menor, pero muy entretenido.
© Ignacio Aguilar, 2021. Revisada en 2026.
El autor
Ignacio Aguilar, AEC, es director de fotografía y autor de ON FILM & DIGITAL. Puedes conocer su trayectoria, explorar el archivo de reseñas, consultar su biografía profesional y sus trabajos seleccionados.