The Adventures of Buckaroo Banzai (Las Aventuras de Buckaroo Banzai a través de la Octava Dimensión, 1984) – Fotografía de Fred Koenekamp
Título en España: Las Aventuras de Buckaroo Banzai a través de la Octava Dimensión
Año de Producción: 1984
Director: W. D. Richter
Director de Fotografía: Fred Koenekamp, ASC
Ópticas: Panavision C-Series y Super Panazoom Cooke
Formato y Relación de Aspecto: 35mm anamórfico (Panavision), 2.4:1
Vista en Blu-ray
La sustitución de Jordan Cronenweth por Fred Koenekamp convirtió esta extravagante aventura en un revelador choque entre dos concepciones visuales diametralmente opuestas.
La película
Estrafalario debut en la dirección del guionista W. D. Richter —«Invasion of the Body Snatchers» (1978), «Big Trouble in Little China» (1986)—, que trata de combinar sin mucho acierto acción, comedia y ciencia ficción con una especie de tono satírico que no hace sino enrarecer aún más la película.
El argumento gira en torno a Buckaroo Banzai (Peter Weller) y su grupo de lucha contra el crimen, que se enfrentan a unos Lectroides procedentes del Planeta 10, escondidos en la Tierra, en la octava dimensión.
Todo ello se contempla con suma perplejidad. Por un lado, la película contó con un elevado presupuesto para la época; por otro, los efectos de maquillaje imitan a los alienígenas de las películas de serie B más baratas de los años cincuenta. En cuanto a los efectos visuales —pésimos para 1984—, no se sabe si están hechos así a propósito o es que son realmente tan malos.
Los resultados son desconcertantes en el mejor de los casos: la película pretende ser diferente, pero lo que acaba produciendo es indiferencia. John Lithgow, quizá en su papel más pasado de rosca —y ya es decir—, Ellen Barkin, Christopher Lloyd, Clancy Brown y Jeff Goldblum completan el reparto.

El director de fotografía
Fruto de su generoso presupuesto, «The Adventures of Buckaroo Banzai» contó con un prolongado periodo de preproducción y con diseños de J. Michael Riva —«The Goonies» (1985), «The Color Purple» (1985), «A Few Good Men» (1992)—, apoyado por Rick Carter, habitual de Spielberg, como director artístico.
Este equipo trabajó estrechamente con Richter para crear el universo de la película. Inicialmente, el director de fotografía fue Jordan Cronenweth, ASC, cuya carrera se vio condicionada por la enfermedad de Parkinson, pero que dejó obras como «Rolling Thunder» (1977), «Altered States» (1980) y, sobre todo, «Blade Runner» (1982).
Después de rodar algunas secuencias, Cronenweth fue despedido por David Begelman. El jefe del estudio no quería que la película tuviera un aspecto sombrío, sino algo mucho más ligero y caricaturesco; según el propio Richter, Begelman consideró que el material rodado se parecía demasiado a «Blade Runner».
Hay que recordar que esta última había sido un sonoro fracaso de taquilla, achacado entonces en parte al aspecto visual que poco después sería reconocido de forma casi universal.

En contra de los deseos del director y del equipo, Fred Koenekamp, ASC —«Papillon» (1973)— se hizo cargo de la película. Si Cronenweth era uno de los operadores de estilo más moderno de Hollywood, Koenekamp era, sin ningún género de dudas, uno de los más anticuados: ambos eran diametralmente opuestos.
Koenekamp fue un colaborador habitual de Franklin J. Schaffner. Fue candidato al Oscar por «Patton» (1970) y «Islands in the Stream» (1977), y ganó el premio, compartido con Joseph Biroc, por «The Towering Inferno» (1974).
También estuvo vinculado al cine de Irwin Allen y participó en los últimos coletazos del género de catástrofes con «The Swarm» (1978) y «When Time Ran Out…» (1980).

Ya en los años setenta era un operador extraordinariamente conservador. Rodó «Patton» con 47 años imitando el trabajo de directores de fotografía clásicos nacidos veinte o treinta años antes que él, pero lo más llamativo es que no evolucionó: bien entrados los ochenta seguía utilizando el mismo estilo de luz dura y el esquema clásico de tres puntos que a comienzos de los sesenta.
Se retiró a los 67 años con «Flight of the Intruder» (1991), de John Milius, que, como el presente título, tiene un aspecto visual del pleistoceno de la fotografía cinematográfica. Él mismo reconoció que dejó el cine porque ya no le gustaban los proyectos para los que lo llamaban.
Desde 1980, su campo principal fue la televisión: rodó mucho menos cine y siempre películas muy menores. Únicamente mantuvo hasta el final su relación con Schaffner, hasta el fallecimiento del director en 1989.
Análisis del estilo visual
Es muy fácil reconocer qué escena de las rodadas por Cronenweth permanece en el montaje final: aquella en la que la banda de Buckaroo Banzai ofrece un concierto y se presenta al personaje de Ellen Barkin.
Aunque parece que durante el etalonaje se aclaró bastante su aspecto, el empleo de humo, fuertes haces de luz dirigidos hacia los actores y neones en el escenario pone de manifiesto la mano del creador de «Blade Runner».

Hay otra escena nocturna, con un neón azulado dentro de una furgoneta ocupada por Buckaroo y Hikita, que desde luego no responde al estilo de Koenekamp. Sin embargo, es completamente seguro que el resto de la película no contiene ninguna otra secuencia completa rodada por Cronenweth.
Algún plano de efectos contiene haces de luz y humo muy propios de su estilo; podría ser que se rodara al comienzo de la producción para encajar con el planteamiento del operador original.
Es fácil darse cuenta de que el 99 % de la película fue rodado por Koenekamp. Sus luces duras sobre los actores y los decorados, la inexistente justificación de las fuentes, las sombras por todo el set y el estilo plano y televisivo son más que evidentes durante todo el metraje.
También lo es, sobre todo, la renuncia a cualquier innovación en técnica cinematográfica posterior a 1965. Si el estudio quería que la película fuera una caricatura, es seguro que acertó. Sin embargo, resulta imposible pensar que Cronenweth hubiera empeorado el conjunto y aún más difícil creer que no lo hubiera mejorado, por lo menos en el terreno estético.
Ni siquiera a nivel técnico es una fotografía demasiado salvable. No está rodada íntegramente con zooms, como muchos otros títulos de Koenekamp, pero estos aparecen en numerosas ocasiones como cámaras «B» o directamente para efectuar alejamientos y acercamientos de la imagen.
Koenekamp tendía a forzar el revelado para utilizar estos objetivos a su apertura máxima de T4.5 en anamórfico. Para entonces ya habían aparecido las primeras emulsiones de alta sensibilidad de Kodak: la 5293 de 250 ASA y, en 1984, la 5294 de 400 ASA. No eran de demasiada calidad y presentaban mucho grano, un aspecto que desde luego puede aplicarse a «Buckaroo Banzai», incluso aunque los niveles de intensidad de la luz de Koenekamp fueran elevados y sus diafragmas, de al menos T4.
Conclusión final
Visto su trabajo aquí, no es de extrañar que durante los años ochenta el principal campo de Koenekamp fuera la televisión: rodó cerca de treinta telefilmes en la década, además de trece películas. Un operador con un estilo tan arcaico difícilmente podía casar con un director que tuviera ciertas ideas visuales o con una producción de empaque.
Así pues, «The Adventures of Buckaroo Banzai» es un caso digno de estudio, pero desgraciadamente por sus innumerables problemas y no por sus inexistentes virtudes.
© Ignacio Aguilar, 2017. Revisada en 2026.
Ignacio Aguilar, AEC, es director de fotografía y autor de ON FILM & DIGITAL. Puedes conocer su trayectoria, explorar el archivo de reseñas, consultar su biografía profesional y sus trabajos seleccionados.