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F1: The Movie - Ignacio Aguilar
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F1: The Movie

Hábil superproducción de Jerry Bruckheimer, en la línea de sus películas de los años 80 (como «Top Gun» o «Days of Thunder»), que en esta ocasión está ambientada en el mundo de la Fórmula 1. Un veterano piloto (Brad Pitt) acude en auxilio de un amigo (Javier Bardem), ahora jefe de una escudería en apuros, para correr en las diez últimas carreras de la temporada y controlar, a su vez, a un novato (Damson Idris). A partir de ahí, el argumento (que prácticamente es también un remake de «Top Gun: Maverick», también dirigida por Joseph Kosinski) es de lo más vulgar y previsible, pero lo cierto es que los actores (incluyendo a Kerry Condon como la diseñadora de los vehículos) lo sostienen bien. Y, sobre todo, hay un montaje (Stephen Mirrione), una música (Hans Zimmer) y un estilo de filmación de las carreras que es tan intenso como vistoso y, curiosamente, aunque financia una plataforma de streaming (Apple), parece rodado de forma clara para la gran pantalla, en donde los resultados globales son muy disfrutables, siempre y cuando no se tomen muy en serio. Grandes figuras y escuderías actuales de la F1 hacen acto de presencia en el film.

El director de fotografía es Claudio Miranda [ASC], quien hasta la fecha se ha hecho cargo de todas las películas dirigidas por Joseph Kosinski: «Tron Legacy» (2010), «Oblivion» (2013), «Only the Brave» (2017), «Spiderhead» (2022), así como la citada «Top Gun: Maverick» (2022), además del presente título. Comenzó su carrera como jefe de eléctricos o gaffer de Dariusz Wolski, en sus proyectos de los años 90 como «The Crow«, «Crimson Tide» o «The Fan», para posteriormente serlo en las secuencias adicionales de «Se7en» junto a Harris Savides y Jeff Cronenweth, de cuyo debut en cine («Fight Club», 1999) se hizo cargo en ese puesto. Posteriormente comenzó a rodar videos musicales y, tras rodar algunas escenas adicionales de «Zodiac» (2007), David Fincher le dio la alternativa, ya como director de fotografía, en «The Curious Case of Benjamin Button» (2008), por la que fue nominado al Oscar. Asociado por tanto, desde siempre, al cine digital, el Oscar le llegó poco después con «Life of Pi» (Ang Lee, 2012) y también se hizo cargo de una estupenda película que fracasó en taquilla: «Tomorrowland» (2015).

Técnicamente, «F1: The Movie» sigue claramente la estela de «Top Gun: Maverick» en tanto que utiliza también cámaras Sony (en este caso, Venice 2, como cámara principal) y, a priori (porque aún no se han publicado los detalles), la misma combinación de lentes que la película anterior: Sigma Cine FF Highspeed para las tomas angulares (por ser Full Frame), Arri/Zeiss Master Prime para las tomas medias y teleobjetivo (las predominantes; los Master están diseñados para Super 35), así como Fujinon Premista FF como lentes zoom. Pero en este caso, además, los cineastas demandaron a Sony no solo una extensión pequeña y ligera como el Rialto empleado en «Top Gun: Maverick», sino la construcción de lo que parece ser el origen del «Venice Mini Extension System» o «Rialto Mini»; se trata de un pequeño módulo cableado, que contenía el sensor de la Sony FX3/FX6 (pero sin estabilización IBIS), así como la posibilidad de ponerle un filtro ND. Empleando lentes Voigtlander y Zeiss Loxia, este pequeño módulo, que graba con la calidad de una Sony FX6 (4K XAVC-I, en Slog3 10-bit 4:2:2), se podía colocar en pequeñas cabezas remotas (PTZ) o incluso en los cascos de los pilotos, para rodar realmente desde los propios coches, y desde su interior real, incluso con los actores principales conduciendo, a grandes velocidades. El kit fue completado con cámaras iPhone 15 pro, ubicados en diversos lugares exteriores de las carrocerías de los vehículos, a fin de capturar tomas más realistas, e incluso escenas «detrás de las cámaras» muestran al Ronin 4D en acción en escenas rodadas durante diferentes carreras reales en las que los cineastas capturaron metraje para el film con los actores.

Filmada para su exhibición en salas IMAX (lo cual quiere decir que determinadas secuencias poseen una relación de aspecto «ampliada» a 1.90:1 para dichos segmentos), el resultado es muy bueno en salas convencionales con pantalla grande: puede que se aprecie el cambio de sistema (y de ópticas) en determinados momentos, pero el plus obtenido es mucho mayor que los inconvenientes: las carreras se ven y se aprecian en pantalla desde dentro, junto a los pilotos. Y la película se ve y se siente eminentemente física, con efectos visuales digitales que a buen seguro que están presentes, pero que resultan imperceptibles porque lo que hacen (principalmente) es apoyar un rodaje real. El resultado es por tanto muy bueno, la velocidad se siente en la gran pantalla y, a la postre, ese es el mayor éxito del film.

Estéticamente, «F1: The Movie» es una película que no solo resulta moderna en su aproximamiento técnico, sino también, en cuanto a su estética. Lógicamente, la combinación de una Sony Venice 2 junto con lentes modernas ofrece una calidad de imagen superlativa, pero también muy nítida y muy detallada. Lo cual puede ser muy bueno cuando se ofrece un retrato hiperrealista y actual de las carreras, pero quizá sea menos favorable a la hora de fotografiar actores como Pitt o Condon. El caso es que ni siquiera es que Claudio Miranda se esfuerce especialmente en mostrarles atractivos (algunos dirán que, a Pitt, ni falta que le hace), al menos en tanto que no sigue lo que dice «el manual» en estos casos: en lugar de emplear sobre ellos una luz más o menos suave y frontal, utiliza varias veces fuentes laterales o cenitales en las escenas de sus encuentros, que son más o menos lo contrario. Pero aunque ese detalle extra juega probablemente en su contra, lo cierto es que Pitt, Condon y Miranda salen relativamente airosos de sus escenas juntos, sin que el director de fotografía se vea en la necesidad de recurrir a filtros difusores u otro tipo de lentes (más suaves, menos contrastadas) para resolver sus escenas.

La película en sí es muy luminosa, con una exposición relativamente alta, sin un atisbo de grano en pantalla, por lo que podría considerarse que se trata de un «look digital» que ni siquiera pretende imitar ligeramente la adquisición en celuloide. Es un look moderno que funciona muy bien, pues es actual y es directo; no hay la estilización de esos films de los 80 y 90 en cuanto al uso de filtros coloreados o de eternos contraluces. De hecho, si acaso, la paleta de color incluso es desaturada. Todo luce muy bien y realista, sin necesidad de impresionar, más allá de las carreras. Quizá lo más sobresaliente sea lo muy intensas que se ven las luces nocturnas en muchas de las secuencias que muestran paisajes urbanos: por supuesto todo está en rango, pero es que hay un equilibrio, a veces asombroso, entre lo mucho que brillan las luces en los fondos con las que introduce Claudio Miranda. Un ejemplo de ello es la escena en Las Vegas, en la barandilla del hotel, que puede que sea una mezcla de rodaje real y de efectos, pero que luce estupenda y es un tipo de captación de imagen que, probablemente, no hubiera sido posible realizar en celuloide. Los interiores, como los de las reuniones del equipo antes de las carreras, son estilizados, pero cuentan con mucha iluminación integrada, mientras que algunas escenas más íntimas, como con Brad Pitt despertando y ejercitándose por las mañanas, poseen un tipo de luz que dista mucho de ser realista, pero funciona dentro del contexto estético de este tipo de cine, como la estilizada escena de la discoteca.

El resultado es, por lo tanto, muy bueno, no solo en lo técnico, o bien, al menos, no se limita a lo técnico. Es gracias a estos adelantos que la película resulta excitante en su parte esencial, en su reclamo para atraer a la gente al cine: las carreras. De un lado, parecen lo suficientemente realistas como para ser creíbles, y, de otro, enganchan y resultan espectaculares. Teniendo en cuenta que gran parte del metraje del film, que supera las dos horas y media de proyección, son carreras, el éxito de este tipo de escenas es el éxito de la propia película. Luego (¿o deberíamos decir «en primer lugar»?, por supuesto, como Tom Cruise en «Top Gun: Maverick», Brad Pitt es capaz de cargar en sus hombros en enorme peso de la producción, demostrando que, con los años, se ha convertido en un actor tremendamente solvente, con tanto carisma como oficio delante de las cámaras. Sin él, ni la solvencia técnica, ni el interés que generan las carreras, hubieran podido sobreponerse a un guión tan raquítico como esquemático, algo que «F1: The Movie» consigue, con éxito, tanto en pantalla como en taquilla.

Título en España: F1, la película
Año de Producción: 2025
Director: Joseph Kosinski
Director de Fotografía: Claudio Miranda, ASC
Ópticas: Sigma Cine FF, Arri/Zeiss Master Prime, Fujinon Premista, Fujinon Premir, Voigtlander, Zeiss Loxia, Sony G-Master
Formato y Relación de Aspecto: Sony Venice 2 (8.6K RAW) + FX6 (XAVC-I 4) + Ronin 4D, 2.4:1 (escenas convencionales), 1.90:1 (escenas IMAX)
Vista en DCP 2K

ON FILM & DIGITAL
© Ignacio Aguilar, 2025.

Ignacio Aguilar, AEC, además de ser autor y editor de ON FILM & DIGITAL, es director de fotografía en activo. Ha rodado publicidad, cortometrajes, documentales, además películas como «La Pasajera» (Fernando González Gómez, Raúl Cerezo, 2021), «Viejos» (Raúl Cerezo, Fernando González Gómez, 2022), «Rabios@» (Luis Mª Ferrández, 2025) o las escenas españolas del Western «Dead Souls» (Alex Cox, 2025). Además colabora en diversos centros educativos, tanto en Master, como Grados o Diplomaturas, en TAI, ESCAC o ECAM, entre otros. Es «Independent Certified Expert» (ICE) de Sony, así como embajador en España para las lentes Cooke SP3.



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