The Professionals (Los Profesionales, 1966) – Fotografía de Conrad L. Hall
Título en España: Los Profesionales
Año de Producción: 1966
Director: Richard Brooks
Director de Fotografía: Conrad L. Hall, ASC
Ópticas: Panavision
Emulsión: 5251 (50T)
Formato y Relación de Aspecto: 35mm anamórfico (Panavision), 2.35:1
Premios: Oscar a la mejor fotografía (nom.)
Vista en Blu-ray
Conrad L. Hall combina el clasicismo del western con una fotografía de enorme profundidad, modelada mediante luz dura y una exposición rigurosa.
La película
Adaptación de una novela de Frank O’Rourke, ambientada en la época inmediatamente posterior a la Revolución mexicana y en la zona fronteriza de este país con Estados Unidos. Los protagonistas son un grupo de cuatro hombres, veteranos aventureros —Burt Lancaster, Lee Marvin, Robert Ryan y Woody Strode—, que reciben un curioso encargo por parte de un importante hombre de negocios (Ralph Bellamy): rescatar a su mujer (Claudia Cardinale), secuestrada por un bandido mexicano (Jack Palance), quien pide una importante cantidad por su puesta en libertad.
«The Professionals» es uno de los últimos grandes westerns clásicos. Cuenta con un sólido reparto y mucha química entre sus miembros, además de una estupenda dirección y escritura por parte de Brooks, candidato al Oscar en ambos apartados, así como un brillante montaje de Peter Zinner («The Godfather», 1972) y música de Maurice Jarre.

El director de fotografía
El director de fotografía fue el norteamericano Conrad L. Hall [ASC]. «The Professionals» pertenece a la primera etapa de su carrera, todavía marcada por la fuerte herencia del blanco y negro sobre la estética de sus imágenes. Hall se había formado —después de acudir a la University of Southern California (USC)— en el equipo del director de fotografía Ted McCord («The Sound of Music», 1965).
Fotógrafo de gran clase y talento, consiguió estar siempre a la vanguardia de la estética cinematográfica. Ya sus primeros títulos de los años setenta, como «Fat City» (1972), muestran un aspecto moderno, con un realismo muy alejado del estilo de fotografía de estudio. Después de una década de ausencia de las pantallas —de 1976 a 1987—, durante la que estuvo ocupado rodando anuncios publicitarios e intentó dirigir su propia película, volvió con gran éxito con «Tequila Sunrise» (Robert Towne, 1988).
Como curiosidad, hay que mencionar que en el equipo de Hall en este film se encontraban dos futuros directores de fotografía de mucho éxito: William A. Fraker [ASC], como operador, y Jordan Cronenweth [ASC], como ayudante. Al año siguiente, además, Hall rodaría con Richard Brooks uno de sus trabajos más emblemáticos: «In Cold Blood» (1967).

Análisis del estilo visual
Como indicábamos, la fotografía de «The Professionals» es un trabajo muy arraigado en el estilo de blanco y negro en el que se había formado Hall. Destacan sobre todo sus exteriores diurnos, que predominan en el film y están rodados a la manera clásica de exponer el negativo para una reproducción óptima de los cielos. Puesto que la emulsión de la época, de solo 50 ASA, no tenía la latitud de exposición de las actuales —y posiblemente ni siquiera la de las modernas cámaras HD—, exponer para los cielos significaba que los rostros de los actores quedaban forzosamente demasiado oscuros.
Por ello, Hall utiliza a lo largo de la película muchas luces de contorno, laterales, de ojos, etc., sobre los intérpretes, para modelar sus rostros y la parte que le interesa que se vea de ellos. Por lo general evita, eso sí, la simple utilización de la luz de arco como relleno frontal y plano, lo cual eleva mucho su trabajo y denota ya un interés por huir de un aspecto más convencional. A pesar de ello, años después Hall aún comentaría que le resultaba difícil valorar su trabajo por estar todavía tan anclado en sus raíces como director de fotografía.

Todos los exteriores, incluyendo varios en noche americana que hacen uso de filtros degradados, polarizadores, etc., para oscurecer los cielos, están rodados a diafragmas muy cerrados —seguramente al T/11 que marca el índice de exposición de una emulsión de 50T en luz diurna—. Por ello, la película posee muchísima profundidad de campo y mucho detalle en la imagen.
Para ampliar
La sensibilidad de la Kodak 5251, la latitud de exposición y su relación con el grano se explican con mayor detalle en El Negativo Cinematográfico (II): formato, sensibilidad, emulsiones y grano.
Las antiguas lentes anamórficas empleadas por Hall e incluso el zoom —seguramente el famoso Angénieux 25-250mm T/3.9, adaptado al formato anamórfico con un convertidor trasero— rinden muy bien tan cerradas de diafragma. Apenas se aprecian los artefactos anamórficos, excepto en las tomas nocturnas e interiores en las que Hall no puede utilizar tanta luz como para cerrar a más de T/4 o T/5.6.
Curiosamente, en estos interiores noche, o en los pocos exteriores nocturnos realmente rodados por la noche que hay durante la proyección, Hall utiliza un ligero filtro de niebla o bajo contraste, como si le diera apuro que sus negros fueran demasiado intensos. También emplea mezclas de diferentes temperaturas de color —azuladas para la luz de ambiente de la noche, anaranjadas para las que proceden de fuego o farolillos—, con mucho regusto clásico y luz dura sobre los actores.
Conclusión final
Los resultados, dentro de su estilo, son estupendos y muy disfrutables, aunque la tremenda profundidad de campo pueda llegar a resultarnos extraña en una época como la presente, en la que precisamente se lleva un estilo contrario y se busca que los segundos términos, y no digamos ya los fondos, estén lo más desenfocados posible. También se aprecia que Hall podría haber sido un magnífico operador clásico, con mucho talento tanto en interiores como en exteriores diurnos, en una película como esta, que debió de ser complicada a nivel logístico y más aún con un hombre difícil como Richard Brooks a los mandos.
Sin embargo, Hall, que ya recibía candidaturas al Oscar en esta época —incluyendo una por el presente título—, evolucionó y evolucionó hasta convertirse no solo en un operador de vanguardia, sino en uno de los más justamente respetados de la historia del séptimo arte, con un estilo absolutamente moderno incluso en su obra póstuma, «Road to Perdition» (2002).
© Ignacio Aguilar, 2015. Revisada en 2026.