Lujosa adaptación de la famosa novela, dirigida por Francis Ford Coppola, que en esta ocasión la enfoca desde una perspectiva romántica y del amor perdido de Drácula (Gary Oldman) por su prometida (Winona Ryder), reencarnada en la esposa de Jonathan Harker (Keanu Reeves), el hombre que viaja a Transilvania para firmar unos contratos inmobiliarios y queda atrapado en el castillo del vampiro. La acción principal tiene lugar en Londres, a donde llega Drácula, y en donde Van Helsing (Anthony Hopkins) le espera. En manos del director de «The Godfather» o «Apocalypse Now«, esta versión es un absoluto caos narrativo, más allá de un prólogo muy bonito, en el que nadie en el reparto -excepto Gary Oldman- da la talla y en el que, si no se conoce previamente la historia, es complicado llegar a entenderla, pues el director está mucho más interesado en recreaciones visuales y golpes de efectos a través de trucajes, maquillaje, decorados y fotografía, que en explicar debidamente lo que está sucediendo en pantalla. Sadie Frost, Richard E. Grant, Monica Bellucci, Cary Elwes y Tom Waits completan el reparto.

El director de fotografía fue el alemán Michael Ballhaus [ASC, BVK], llegado a Estados Unidos en la década anterior, tras haber sido durante los años 70 el operador predilecto del cineasta Rainer Werner Fassbinder, en catorce títulos (incluyendo algún largometraje para televisión) desde «Whity» (1970) hasta » Die Ehe der Maria Braun» (1979), incluyendo lógicamente » Die Bitteren tränen der Petra von Kant» (1972). Llega a EEUU de la mano de John Sayles con «Baby It’s You» (1983), a la que siguen «Reckless» (James Foley, 1985) y especialmente «After Hours» (Martin Scorsese, 1985), que le abre de lleno la puerta del cine americano, pues no solo trabaja con Scorsese en «The Color of Money» (1986), «The Last Tempation of Christ» (1988), «Goodfellas» (1990), «The Age of Innocence» (1993), «Gangs of New York» (2002) y «The Departed» (2006), sino que rápidamente se hace popular con películas como «Broadcast News» (James L. Brooks, 1987), «Dirty Rotten Scoundrels» (Frank Oz, 1988), «Working Girl» (1988), «The Fabulous Baker Boys» (Steve Kloves, 1989), «What About Bob?» (Frank Oz, 1991), «Quiz Show» (Robert Redford, 1994), «Outbreak» (Wolfgang Petersen, 1995), «Sleepers» (Barry Levinson, 1996), «Air Force One» (Wolfgang Petersen, 1997), «Primary Colors» (Mike Nichols, 1998), «Wild Wild West» (Barry Sonnefeld, 1999) o «The Legend of Bagger Vance» (Robert Redford, 2000).

«Bram Stoker’s Dracula» fue rodada íntegramente en estudio, con diseño de producción de Tom Sanders («Braveheart», «Saving Private Ryan«), que fue candidato al Oscar, así como con maquillaje y vestuario que, como los efectos de sonido, fueron ganadores del premio. Los efectos visuales, supervisados por Gary Gutierrez («The Right Stuff«), fueron también extraordinariamente artesanales, pues en su enorme mayoría fueron realizados en cámara, como parte de la intención de Francis Coppola de realizar, formalmente, un film lo más clásico posible, aunque a la postre, como decíamos, es probable que toda esta parte, sobresaliente, termine perjudicando a la propia película, que confía más en sus valores de producción que en su narrativa. Es posible que Michael Ballhaus, además de por la recomendación de Martin Scorsese, fuera el director de fotografía por su origen alemán, como el propio «Nosferatu» (1922) de F.W. Murnau al que se referencia en el film. Pero Ballhaus era un director de fotografía más conocido por ser simpático y eficiente, en términos logísticos, que por sus grandes recreaciones de época, o el cine de terror, que sencillamente no había trabajado, ya que su especialidad eran las películas contemporáneas.

En su intento de aproximarse al expresionismo alemán, Michael Ballhaus y Coppola hacen unos cuantos juegos de sombras con la figura del vampiro aproximándose a sus víctimas, dando a entender casi siempre que se trata de la sombra de Gary Oldman, pero dejando que la misma se separe del actor. Ello conlleva un efecto extraño (que podría funcionar una vez, pero nunca las tres o cuatro en que lo intentan), porque dicho tipo de sombras, si son frontales, conllevan luz dura, cuando dichas escenas están iluminadas con luz suave, supuestamente, pues hay velas presentes en pantalla. Este tipo de escenas, las de velas, están resueltas generalmente de manera clásica, con velas en cuadro y la luz, la real, procedente de aparatos Fresnel debidamente suavizados (y dimmerizados) a través de bastidores, sin un intento real de simular este tipo de fuentes de luz. Hay una serie de interiores/exteriores diurnos con Sadie Frost y Winona Ryder que son particularmente evidentes por su origen en estudio, pero más llamativos aún son los exteriores nocturnos que tienen lugar alrededor de la casa en la que se encuentran ambas, con un aspecto azulado y mezclas de luces cálidas procedentes del exterior y muy azules (procedentes del exterior) que nunca son convincentes. En los momentos más efectistas, Ballhaus recrea un efecto de relámpagos con «lighting strikes» o luces de arco, incluyendo movimientos de cámara a lo «The Evil Dead», a veces empleando algún ligero filtro difusor (incluso Double Fog), por ejemplo, para remarcar el efecto de los farolillos, además de un (White) Pro-Mist 1/8 aquí y allá. Ballhaus indicó además a «American Cinematographer» que subreveló todo el material, lo cual explicaría ese bajo contraste y textura suave globales.

Ballhaus, que rodaba con su propio material ARRI (incluyendo su famosa Arri 535 y lentes Zeiss), nunca fue un virtuoso de la luz, de manera que no es demasiado sorprendente que en todo este metraje aparezcan luces duras sobre los actores, que no tienen mucha cabida ni justificación en las escenas, o bien sombras de un personaje sobre otro, lo cual ocurre varias veces a lo largo de la proyección. Por eso lo que más y mejor funciona del film son las escenas pequeñas, como las de Gary Oldman con Winona Ryder en modo «ensoñación romántica», o los momentos en que los efectos visuales, arte y fotografía tiran directamente de lo teatral y onírico, como durante el prólogo, o algunos momentos de transición en exteriores noche rodados en estudio, como durante el viaje de Keanu Reeves a Transilvania, que no dejan de ser aislados en un film que, desde el punto de vista de la producción, está bien diseñado y planteado, pero que en manos de Michael Ballhaus, que de por sí era inconsistente, a veces cae en el guiñol y desde luego, en general, no es capaz de aprovechar sus grandes posibilidades visuales, por más que algunos pasajes llamen la atención, especialmente en 4K HDR.

Siempre cabe plantearse qué hubiera hecho Gordon Willis con un proyecto como el presente (Willis no hizo tampoco terror, pero sí que era un maestro de la época y era capaz de crear atmósferas románticas), si bien su tirante relación con el director -Willis ataba en corto a Coppola- le llevó solo a trabajar con él en la trilogía «The Godfather». Y por supuesto, hubiera sido interesantísimo observar a Jordan Cronenweth («Blade Runner«), con el que Coppola hizo «Peggy Sue Got Married» (1986) y «Gardens of Stone» (1987), pero que quizá estaba ya demasiado enfermo para hacerse cargo de un rodaje como este (no en vano, tuvo que dejar por esta época el de «Alien 3» por este motivo), o sobre todo, el más obvio, Vittorio Storaro, un maestro de la luz y del color, colaborador de Coppola en «Apocalypse Now» y otros títulos de los 80 («One From the Heart», «Tucker«), tremendamente capacitado para rodar un Drácula romántico, pero que quizá hubiera supeditado todo el film a su propio trabajo, como en gran parte de su filmografía tras «The Last Emperor» (Bernardo Bertolucci, 1987).
Título en España: Drácula de Bram Stoker
Año de Producción: 1992
Director: Francis Ford Coppola
Director de Fotografía: Michael Ballhaus, ASC, BVK
Ópticas: Zeiss Super Speed T1.3, Cooke Varotal
Emulsión: Kodak 5296 (500T)
Formato y Relación de Aspecto: 35mm esférico, 1.85:1
Vista en Blu-ray 4K HDR
© Ignacio Aguilar, 2025.