Dawn of the Planet of the Apes (El amanecer del planeta de los simios, 2014) – Fotografía de Michael Seresin
Título en España: El amanecer del planeta de los simios
Año de producción: 2014
Director: Matt Reeves
Director de fotografía: Michael Seresin, BSC
Ópticas: Leica Summilux-C y Fujinon Premier
Formato y relación de aspecto: ARRI Alexa M (ARRIRAW, 2.8K), 1.85:1
Otros: formato 3D nativo
Vista en DCP 2D
Michael Seresin impone una fotografía naturalista, oscura y con personalidad dentro de una superproducción dominada por el 3D y los efectos visuales.
La película
Continuación directa del reboot de la serie iniciado en 2011 con «Rise of the Planet of the Apes», en la que, diez años después de los acontecimientos mostrados en la primera película, el simio César ha organizado una colonia en los bosques del norte de San Francisco donde él y sus congéneres viven en paz. Todo cambia cuando un grupo de humanos, supervivientes del virus que prácticamente terminó con nuestra raza, encuentra este enclave durante una expedición para conseguir electricidad mediante una pequeña presa cercana.
Ningún miembro principal de la anterior entrega, con la excepción de Andy Serkis dando vida a César, repitió sus funciones en esta película. Al igual que la anterior tomaba elementos de «Conquest of the Planet of the Apes» (J. Lee Thompson, 1972), esta hace lo propio con «Battle for the Planet of the Apes» (J. Lee Thompson, 1973), a su vez continuación de aquella, para mostrar el ocaso de la civilización humana y el auge de la de los simios.
La oscura confrontación, al igual que la película de 2011, dista mucho de ser perfecta, pero aun así está inteligentemente escrita y dirigida, sobre todo teniendo en cuenta sus pretensiones de éxito veraniego. Jason Clarke, Gary Oldman y Keri Russell forman el reparto humano principal.

El director de fotografía
El director de fotografía es el veterano neozelandés Michael Seresin, BSC, afincado desde hace muchos años en Inglaterra, donde reside desde la década de 1960. De la mano de Alan Parker, con el que rodó múltiples películas entre las que destacan «Midnight Express» (1978), «Angel Heart» (1987) o «The Life of David Gale» (2003), se hizo un nombre en la publicidad, viajando por todo el mundo como operador y realizador de spots, labor en la que ha centrado su carrera más que en el cine.
Generalmente asociado en términos cinematográficos a un cine más independiente, una excepción fueron sus colaboraciones con Alfonso Cuarón: «Harry Potter and the Prisoner of Azkaban» (2004) y «Gravity» (2013), cuyo rodaje finalizó después de que Emmanuel Lubezki tuviera que dejarlo por circunstancias personales.
Su presencia en una película de estas características es toda una rareza, que parece achacable exclusivamente al realizador Matt Reeves —«Cloverfield» (2008), «Let Me In» (2010)—. Como en sus trabajos anteriores, buscaba una imagen menos convencional y con más personalidad de lo habitual, circunstancia para la que Seresin, una suerte de versión tenebrista de Roger Deakins, era la elección idónea.

Análisis visual
Parece ser que Reeves quería emplear el formato panorámico anamórfico que ya había utilizado junto a Greig Fraser, ACS, en la mencionada «Let Me In». Sin embargo, la necesidad de rodar en formato 3D nativo —una novedad para Seresin, ya que «Gravity» fue convertida tras su rodaje— imposibilitaba la utilización de lentes anamórficas.
Por ello, según la argumentación de Reeves, los cineastas se decantaron por emplear el formato estándar 1.85:1. En palabras del realizador, un formato 2.4:1 con lentes esféricas los habría obligado a utilizar focales más tendentes al angular, incrementando la profundidad de campo, cuando uno de los motivos por los que pretendía emplear el anamórfico era precisamente su reducida profundidad.
Lo peor de esta decisión, que por otro lado podría haber potenciado los elementos verticales de la pantalla —como el bosque en el que habitan los simios—, es que se trata de la primera película de la serie que renuncia al formato panorámico. Crea cierta inconsistencia en este aspecto, aunque en un análisis individualizado la película no sufra en absoluto dicha circunstancia.
Para ampliar cómo las ópticas anamórficas modifican la profundidad de campo, el encuadre y la personalidad visual, consulta Guía de Ópticas de Cine (IV): el formato anamórfico.

Como en «Rise of the Planet of the Apes», tanto el personaje simio principal como el resto —que en esta ocasión son cientos— están generados por ordenador mediante una combinación de técnicas que incluye el motion capture de «Avatar» (James Cameron, 2009), solo que esta vez rodando en exteriores. Por consiguiente, aunque Reeves y Seresin pugnaron por rodar la película lo máximo posible en localizaciones reales, una gran parte de las imágenes posee un enorme retoque en posproducción a cargo de Weta.
Michael Seresin es conocido por su estilo naturalista, mezclado con una fuerte tendencia a las imágenes oscuras y una capacidad innata para crear imágenes muy estéticas. Siendo una elección muy original para una película como esta, pero también interesantísima, quedaba la duda de cómo adaptaría su estilo a un rodaje en el que tantos elementos escapaban a su control por la intensa posproducción necesaria para integrar a gran parte de los personajes.

En este aspecto, Michael Seresin no puede salir más airoso: su filosofía naturalista se respeta por completo a lo largo de todo el metraje. La película se inicia con una larga secuencia en la colonia de los simios cuyo tono azulado nos traslada de inmediato a un planeta Tierra en el que la tecnología ha dado paso a una vida salvaje, con cielos nublados, paisajes lluviosos y fuertes contrastes que nos hacen olvidar la existencia de luz artificial.
Ello se traslada a las primeras imágenes de lo que se supone que son los restos del distrito financiero de San Francisco, donde la única luz que entra en los interiores lo hace a través de las ventanas, con marcadas transiciones desde una gran luminosidad hasta la penumbra absoluta. Seresin emplea siempre que puede una única fuente de luz, lo que hace que su trabajo sea muy creíble.
De forma sorprendente o no, la fotografía se impone por completo a los elementos integrados en posproducción, que respetan su trabajo y por ello se integran de una manera muy veraz. No es la típica película en la que un operador reputado se amolda al equipo de efectos y, a fin de facilitar su labor, realiza un trabajo plano, poco contrastado y, a la postre, de escaso interés.
Es, como «Gravity» —en la que, después de ver su trabajo aquí, a nadie le sorprenderá que fuera el encargado de finalizarla—, una de esas escasas películas en las que las imágenes digitales desempeñan un papel fundamental, pero aun así se aprecia muy bien la personalidad de su creador.
Una vez vuelve la luz artificial a la ciudad, Seresin aprovecha para emplear fuentes integradas en pantalla y, sobre todo, realizar una interesante distinción: si antes había escogido el azul para retratar las noches en la colonia de los simios, en la ciudad se decanta por el sodio. Sus noches y la gran batalla están fotografiadas con una luz anaranjada que hace que las dos civilizaciones también contrasten de esta forma.

Reeves realiza un trabajo muy bueno detrás de las cámaras, en el que a ojos del gran público seguramente destaque por encima de todo el plano secuencia que simula una cámara sobre un tanque durante la batalla. El realizador también repite una toma de «Let Me In» —la del accidente de coche, esta vez con la cámara fija en un autobús que da vueltas— y desarrolla un interesantísimo trabajo de puesta en escena a través del zoom, algo que huele a influencia de Seresin.
No solo hay algún zoom de estilo plenamente setentero —como el que comienza en un primer plano muy cerrado de César, abre el cuadro y termina con este dando la orden de ataque—, sino que gran parte de la película los utiliza para hacer leves correcciones del encuadre, acercamientos y alejamientos que incrementan el dinamismo y la tensión de las escenas.
Así pues, sin ser una puesta en escena de enorme inspiración, demuestra que detrás de las cámaras hay alguien muy interesado en dotar a la película de cierta personalidad, algo que sin duda consigue a lo largo de gran parte de la proyección.

Conclusión final
Quizá el conjunto no sea tan superior a «Rise of the Planet of the Apes» como se ha dicho —o quizá es que, para quien escribe estas líneas, la película de Rupert Wyatt ya era también muy estimable—. Visualmente, se trata de un producto extraño: dentro de las tremendas necesidades de efectos y de la elevada perfección de muchos de ellos, sobre todo en la credibilidad de los simios y sus movimientos, es una de esas escasas películas en las que el director de fotografía no queda aplastado por la posproducción.
Y lo mejor de todo es que el trabajo que llega a la gran pantalla no solo mantiene el estilo habitual de Michael Seresin, sino que este resulta tan notable e interesante como siempre.
© Ignacio Aguilar, 2014. Revisada en 2026.
Ignacio Aguilar, AEC, es director de fotografía y autor de ON FILM & DIGITAL. Puedes conocer su trayectoria, explorar el archivo de reseñas, consultar su biografía profesional y sus trabajos seleccionados.