Título en España: Glass
Año de Producción: 2019
Director: M. Night Shyamalan
Director de Fotografía: Michael Gioulakis
Ópticas: Zeiss Master Primes, Angenieux Optimo
Formato y Relación de Aspecto: Arri Alexa (ARRIRAW 3.4K), 2.4:1
Vista en DCP
Michael Gioulakis prolonga la sobriedad visual de Split en un cierre anticlimático, dominado por la geometría de Shyamalan y una paleta casi monocromática.
La película
Glass es la tercera parte de la trilogía «sorpresa» iniciada en el año 2000 con la magnífica Unbreakable, continuada en 2016 con la muy notable Split y cerrada por M. Night Shyamalan con esta coproducción entre Disney y Universal, las majors bajo cuyos sellos se produjeron las dos anteriores.
Este cierre del universo de superhéroes mundanos del realizador de origen indio sigue las pautas clásicas de su cine, huyendo de los estereotipos y proponiendo un análisis de los tres personajes principales: Mr. Glass, David Dunn y las múltiples personalidades de Kevin Wendell Crumb.
Los tres se encuentran encerrados en un hospital psiquiátrico, donde una doctora intenta convencerlos de que carecen de superpoderes. Pero el resultado es una película absolutamente anticlimática. Curiosamente, Bruce Willis y Samuel L. Jackson poseen muy poco peso, pues el relato se centra en James McAvoy, que viene a repetir exactamente lo mismo que ya hizo en Split.
Hay mucha más retórica que acción en el esperado enfrentamiento entre los superhéroes que tan bien se habían definido en las películas anteriores.

El director de fotografía
El director de fotografía vuelve a ser Michael Gioulakis, quien, si la memoria no nos falla, es el primer operador que repite consecutivamente con M. Night Shyamalan. Aunque el veterano Tak Fujimoto se encargó de tres de sus proyectos —The Sixth Sense (1999), Signs (2002) y The Happening (2008)—, lo hizo entre obras fotografiadas por otros directores de fotografía, dentro de la política de Shyamalan de ir alternando operadores.
Sin embargo, al tratarse de una continuación directa de Split —y subrayamos que es mucho más secuela de Split que de Unbreakable—, tiene lógica que Shyamalan contara con el mismo director de fotografía. Gioulakis había destacado en It Follows (2014), de David Robert Mitchell, y también se había hecho cargo de la siguiente película de este director, la fallida pero vistosa Under the Silver Lake (2018).
Desde entonces ha vuelto a colaborar con Shyamalan en la serie Servant y en Old (2021), además de fotografiar Us (2019), de Jordan Peele. Gioulakis ingresó en la American Society of Cinematographers en 2022.

Análisis del estilo visual
Como en la película anterior, los cineastas volvieron a recurrir a la adquisición digital mediante la ARRI Alexa en formato ARRIRAW, con ópticas esféricas Zeiss Master Prime y varios zooms. Con ellos, Shyamalan realiza diversos cambios de focal visibles a lo largo de la producción.
También en este aspecto, Glass es mucho más una continuación de Split que de Unbreakable. En esta última, Eduardo Serra, estupendo director de fotografía portugués generalmente afincado en Francia, empleó el entonces tradicional formato de 35 mm anamórfico con finalización fotoquímica.
Hasta la fecha, Unbreakable es la única película de Shyamalan que ha recurrido a esta configuración. En Glass puede verse en un par de ocasiones, cuando se utilizan imágenes de aquella película para ilustrar varios flashbacks.
Para profundizar en las ópticas esféricas, las focales fijas y los zooms empleados en cine:
Estéticamente, Glass difiere por completo del anterior trabajo de Gioulakis, Under the Silver Lake, mucho más colorido. Aquí, a medida que avanza la proyección, no solo siguen presentes los cielos nublados de Filadelfia, sino que el color parece desvanecerse en busca de una paleta con fuerte tendencia monocromática.

El trabajo de Gioulakis es bueno, pero no enamora ni mucho menos. Luce y funciona bien en el tercio inicial, donde Shyamalan presenta la acción y une los mundos de Unbreakable y Split. Aparece el estilo moderno que caracteriza a este operador, con niveles de luz reducidos y muchas fuentes integradas en el plano.
En la nave industrial donde el personaje de James McAvoy comete sus fechorías, por ejemplo, las tomas están iluminadas desde las ventanas, que hacen las veces de única fuente de luz. Pero, una vez que la acción se traslada al hospital psiquiátrico donde tiene lugar el grueso del relato, la imagen ofrece menos posibilidades y la estética del propio lugar da mucho menos juego, con abundante iluminación cenital de tipo LED o fluorescente y paredes blancas.
Solo en las escenas nocturnas, donde el director de fotografía asume riesgos con la subexposición, el aspecto recobra cierto interés. Por más que el diseño de producción incluya algunos escenarios extraños —como la habitación rosa donde la psiquiatra interroga a los tres personajes principales—, la imagen es algo plana en general y no demasiado atractiva.
Las cosas tampoco mejoran especialmente en el clímax, rodado en exteriores diurnos bajo los mismos cielos encapotados de la primera parte. No es, por tanto, un trabajo brillante ni especialmente vistoso, aunque hay que reconocer que se ajusta bien al habitual perfil bajo que Shyamalan trata de mantener en sus películas.

Conclusión final
Quizá lo mejor sea precisamente la puesta en escena del director, generalmente basada en focales angulares que aprovechan bien el formato panorámico. No es tan llamativa —a la par que austera— como la que caracteriza a sus mejores obras, aunque siempre deja entrever que detrás de las cámaras se encuentra un director que tiene muy claro qué quiere mostrar, cómo desea hacerlo y dónde situar exactamente la cámara.
Así consigue a veces tomas impactantes, como el plano subjetivo en ángulo holandés del personaje de Glass durante su escena con la psiquiatra, o el contrapicado desde el interior del agua hacia el final, que ofrece una imagen muy expresionista de los personajes que miran hacia la cámara.
Es una lástima que el camino escogido para realizar esta secuela —de presupuesto relativamente reducido, pues solo costó veinte millones de dólares— trate de verbalizar el enfrentamiento entre los personajes de Willis y McAvoy y, de hecho, prácticamente lo evite. De ahí emanan la mayoría de los problemas de una tercera parte que, sin ser una mala película, decepciona y queda lejos de las dos con las que Shyamalan abrió la trilogía.
© Ignacio Aguilar, 2019. Revisada en 2026.
El autor
Ignacio Aguilar, AEC, es director de fotografía y autor de ON FILM & DIGITAL. Puedes conocer su trayectoria, explorar el archivo de reseñas, consultar su biografía profesional y sus trabajos seleccionados.