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Malice (1993) – Fotografía de Gordon Willis
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Malice (1993), fotografía de Gordon Willis

Malice (Malicia, 1993) – Fotografía de Gordon Willis

Título en España: Malicia
Año de producción: 1993
Director: Harold Becker
Director de fotografía: Gordon Willis, ASC
Formato y relación de aspecto: 35 mm esférico, 1.85:1
Vista en HDTV

Gordon Willis aplica a este thriller su enorme oficio y algunas de sus señas de identidad, aunque con una imagen más contenida, favorecedora y menos arriesgada que la de sus grandes trabajos.

La película

Thriller escrito por los reputados guionistas Aaron Sorkin y Scott Frank que, sin embargo, tiene en su guion su principal lastre, con una subtrama absolutamente secundaria que se presenta como principal y se abandona a mitad de la película.

La trama propiamente dicha gira en torno a una pareja —Bill Pullman y Nicole Kidman— que ha comprado una casa grande con el objetivo de llenarla de niños, hasta que en su vida aparece un doctor —Alec Baldwin—, antiguo compañero de estudios del marido. La deriva argumental no echa por tierra la totalidad de la película, que, aun con escepticismo, puede verse como un thriller de ecos hitchcockianos y notables valores de producción, aunque los resultados globales sean fallidos.

Malice (1993), Bill Pullman y Nicole Kidman en el thriller de Harold Becker

El director de fotografía

El director de fotografía fue el norteamericano Gordon Willis [ASC], posiblemente el operador más reputado de su generación, con obras en su haber como la trilogía de «The Godfather» (1972–1990) y grandes clásicos de Alan J. Pakula como «Klute» (1971), «The Parallax View» (1974) o «All the President’s Men» (1976).

También fue célebre su asociación con Woody Allen, que incluye los siete títulos del realizador neoyorquino comprendidos entre «Annie Hall» (1977) y «The Purple Rose of Cairo» (1985).

Hombre de fuerte carácter y famoso por la forma en que se involucraba en sus trabajos —con opiniones que iban más allá de lo que normalmente se entiende por un «simple» director de fotografía—, «Malice» fue su penúltima película, rodada cuatro años antes que «The Devil’s Own» (Alan J. Pakula, 1997), título con el que Willis se despidió del mundo del cine.

Malice (1993), iluminación interior de Gordon Willis

Análisis visual

El thriller seguramente fue el género en el que Willis más destacó, pero en este caso, junto a un director interesado en que sus películas tuvieran una buena fotografía —colaboró habitualmente con Owen Roizman y Michael Seresin—, era el caldo de cultivo ideal para que el operador apodado «el Príncipe de la Oscuridad» diese rienda suelta a su creatividad.

Desde ese punto de vista, «Malice» contiene algunas de sus señas de identidad más obvias, pero, aunque ello no es noticia, el Gordon Willis de la década de los noventa no era el Gordon Willis de los setenta. Prácticamente desde que cesó su colaboración con Woody Allen, con la excepción quizá de la notable «Presumed Innocent» (Alan J. Pakula, 1990), el cine que hace Willis desciende notablemente en interés y también en resultados estéticos.

En cierto modo, es como si al director de fotografía, que durante su época dorada se había caracterizado por el tremendo riesgo y tenebrismo de sus imágenes, se le hubieran acabado las ganas de seguir rompiendo reglas y moldes y, en cierto punto de su carrera, hubiera decidido comenzar a rodar aportando solo su tremendo oficio. Un oficio que le elevaba notablemente por encima de la media, pero al que le faltan al menos un par de puntos para alcanzar la brillantez de sus mejores títulos.

Malice (1993), Nicole Kidman fotografiada por Gordon Willis

En «Malice» se aprecia, por encima de todo, que Willis tiene cierta preocupación por el aspecto de sus tres actores protagonistas y, al menos uno de ellos, aparece en todas y cada una de las escenas de la película. Ello es especialmente evidente con respecto a Nicole Kidman, por entonces una emergente y joven estrella conocida por ser la esposa de Tom Cruise, con la que Willis hace serios esfuerzos por mostrar su lado más atractivo.

Por supuesto, el veterano operador jamás cae en la situación del cine clásico en la que la estrella femenina poseía su luz y la película otra diferente, pero sí es evidente que existe cierto condicionamiento a crear atmósfera, como siempre en Willis, pero con una luz favorecedora para los actores. Por lo tanto, aunque en algunos instantes sí aparece una verdadera oscuridad, «Malice» es un producto muy condicionado por el trío protagonista, algo inhabitual en los trabajos de este director de fotografía.

Malice (1993), atmósfera contenida y naturalista de Gordon Willis

Conclusión final

Por otro lado, dejando de lado este significativo hecho, «Malice» sí es un trabajo que responde a la filosofía e inspiración habitual del operador. La apariencia de sus imágenes es natural, emplea pocos aparatos de iluminación y, cuando puede iluminar de la forma más sencilla, lo hace.

Solo que los contrastes exagerados o los niveles de oscuridad en gran parte de la pantalla, más que habituales, son más esporádicos en un film que trata de inquietar visualmente, pero siendo bonito y agradable. Por ello no es el mejor ni el más recordado trabajo del operador nacido en Queens, pero su oficio y enorme clase, aunque nunca aparezcan en todo su esplendor, se bastan para superar con creces a la media.

© Ignacio Aguilar, 2014. Revisada en 2026.

Ignacio Aguilar, AEC, es director de fotografía y autor de ON FILM & DIGITAL. Puedes conocer su trayectoria, explorar el archivo de reseñas, consultar su biografía profesional y sus trabajos seleccionados.



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