REDES SOCIALES
Copyright © Ignacio Aguilar
Voyage of the Damned (1976): fotografía de Billy Williams
9952
wp-singular,post-template-default,single,single-post,postid-9952,single-format-standard,wp-theme-bridge,wp-child-theme-bridge-child,bridge-core-3.3.4.6,qi-blocks-1.5.4,qodef-gutenberg--no-touch,qode-optimizer-1.2.3,qode-page-transition-enabled,ajax_fade,page_not_loaded,,qode-title-hidden,side_area_uncovered_from_content,qode-smooth-scroll-enabled,qode-child-theme-ver-1.0.0,qode-theme-ver-30.8.8.6,qode-theme-bridge,qode_header_in_grid,bridge,wpb-js-composer js-comp-ver-8.7.2,vc_responsive
Fotografía de Voyage of the Damned

Voyage of the Damned (El Viaje de los Malditos, 1976) – Fotografía de Billy Williams

Título en España: El Viaje de los Malditos
Año de Producción: 1976
Director: Stuart Rosenberg
Director de Fotografía: Billy Williams, BSC
Ópticas: Cooke Speed Panchro (cámaras Panavision)
Emulsión: Kodak 5254 (100T)
Formato y Relación de Aspecto: 35mm esférico, 1.85:1
Vista en HDTV

Billy Williams combina planteamientos modernos y recursos de la vieja escuela británica en una imagen de gran oficio, aunque tan indefinida como la propia película.

La película

Adaptación de una novela de Gordon Thomas y Max Morgan-Witts, basada, al parecer, en hechos reales: el viaje del crucero St. Louis desde Hamburgo hasta La Habana en 1939, con un pasaje de casi mil judíos que debían desembarcar en Cuba.

Sin embargo, poco a poco se hace evidente que se trata de una maniobra propagandística del régimen nazi poco antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial, así como que la complicada burocracia cubana tampoco está dispuesta a permitir el desembarco de los pasajeros si no media el pago de grandísimas sumas de dinero por cada visado de entrada.

Siguiendo la moda de otras producciones de la época, “Voyage of the Damned” reunió un reparto de rostros muy populares para todos los papeles principales. Max von Sydow, Faye Dunaway, Oskar Werner, Wendy Hiller, Lynne Frederick, Malcolm McDowell, Jonathan Pryce, Paul Koslo, Katharine Ross, Lee Grant, Ben Gazzara, José Ferrer, Fernando Rey, James Mason y hasta Orson Welles, entre otros, aparecen incluso en breves escenas de una película que, curiosamente, recreó La Habana y su puerto en Barcelona. La película incluye algunas interpretaciones notables —Von Sydow, Grant, Dunaway, Frederick y Ross, principalmente—, pero le falta alma y convicción para trascender.

El St. Louis en Voyage of the Damned

El director de fotografía

El director de fotografía fue el británico Billy Williams, BSC, un operador de elevado nivel como aquellos con los que solía codearse el realizador Stuart Rosenberg, aunque fuera capaz de trabajar con profesionales de estilos tan diferentes como Conrad Hall, Gordon Willis, Fred Koenekamp o el francés Bruno Nuytten.

El estilo de Williams no estaba tan marcado por las nuevas tendencias como podía estarlo el de Hall o Willis, pero tampoco permanecía, ni mucho menos, anclado en la fotografía en color de los años cincuenta y, como mucho, los sesenta, como Koenekamp, con quien Rosenberg hizo dos películas después de la presente.

De hecho, Williams podría considerarse un director de fotografía puente entre la vieja escuela británica —aunque mucho más cercano a Oswald Morris o Geoffrey Unsworth que a Douglas Slocombe y Freddie Francis— y las nuevas tendencias de los años sesenta y setenta.

Cuando irrumpe en escena, principalmente con “Women in Love” (Ken Russell, 1969), el estilo de Williams, que venía del documental, es novedoso, aunque posteriormente nunca evolucionaría tanto como para ser considerado un vanguardista como sí lo fue David Watkin.

Prueba de ello son trabajos híbridos entre una y otra escuela como “The Wind and the Lion” (John Milius, 1975), “On Golden Pond” (Mark Rydell, 1981), por la que fue candidato al Oscar, e incluso “Gandhi” (Richard Attenborough, 1982), un crédito compartido con Ronnie Taylor por el que ambos obtuvieron el Oscar a la mejor fotografía. Williams comenzó “Gandhi”, pero una hernia discal le obligó a operarse y a ausentarse durante varias semanas de un rodaje de ocho meses de duración, antes de volver para terminar la película junto con Taylor.

Billy Williams y la fotografía de Voyage of the Damned

Análisis del estilo visual

“Voyage of the Damned” no es ajena a ese estilo de Williams, que a veces resulta incluso indefinido. La película está rodada generalmente en decorados construidos por Wilfred Shingleton que imitan los interiores del barco, en los que el director de fotografía trata de conseguir un aspecto realista y, a través del diseño de producción y de vestuario, algo lúgubre y triste, en la línea de la historia que ilustra.

Aunque su planteamiento suele ser de luz justificada, en el sentido de que respeta las fuentes naturales de cada decorado, así como de luz suave, lo cierto es que tampoco resulta totalmente coherente a lo largo de la narración. En más de una ocasión alterna luces suaves —rebotadas o filtradas— con luces duras y puntuales sobre algunos puntos del decorado.

La película también alterna un rodaje con lentes fijas —aparentemente Cooke Speed Panchro— y lentes zoom. Estas últimas se emplean generalmente como focal variable más que como zoom propiamente dicho. Todo ello supone además una renuncia al formato panorámico anamórfico, probablemente por motivos relativos al espacio en el interior de los decorados, que tampoco se prestaba a una relación de aspecto más ancha.

Hay momentos en localizaciones de Barcelona en los que Williams no emplea luz artificial en los exteriores, utiliza una única fuente o aprovecha la luz del atardecer o del amanecer, cuando el sol está más bajo y proporciona una luz de mayor calidad.

Pero también recurre a herramientas propias de la vieja escuela, como el filtraje cuando se acerca a actrices como Faye Dunaway o Lynne Frederick, que produce un suavizado y una pérdida de contraste de la imagen más que evidentes. Incluso utiliza, sobre todo con Dunaway, luces duras y puntuales para tratar de resaltar sus ojos en algunos primeros planos glamourosos.

Existe, por tanto, una cierta carencia de lógica interna en el planteamiento, o bien uno tan amplio que alterna elementos novedosos o modernos para la época con otros propios aún del cine en blanco y negro y de la primera fotografía en color. Todo ello se presenta con una imagen que a veces es demasiado plana e incluso posee demasiado brillo, si bien esto último podría ser un defecto de las copias que han llegado hasta nosotros.

Para profundizar en los Cooke Speed Panchro, las lentes zoom y su influencia sobre el contraste y la textura de la imagen:

Guía de Ópticas de Cine

Iluminación de los interiores de Voyage of the Damned

Conclusión final

Evidentemente, por su temática, no es una película que demande imágenes especialmente bellas ni siquiera vistosas, algo de lo que “Voyage of the Damned” carece por completo. Pero quizá se quede en un terreno visual demasiado indefinido, sin resultar moderna ni suficientemente clásica, a pesar de que hay mucho oficio en la forma en que está iluminada y, sobre todo, rodada. Sin demasiado brillo, ofrece composiciones que casi siempre son equilibradas y acertadas e incluso, puntualmente, reparte muy bien a los personajes por el encuadre, haciendo un buen uso de localizaciones tan angostas y del formato convencional escogido por los cineastas.

Lástima, por lo tanto, que, como la propia película, la fotografía de Billy Williams rara vez despegue, quedándose, como la narrativa, en un loable intento que podría y debería haber sido mucho más interesante de lo que resulta en su conjunto.

© Ignacio Aguilar, 2020. Revisada en 2026.

El autor

Ignacio Aguilar, AEC, es director de fotografía y autor de ON FILM & DIGITAL. Puedes conocer su trayectoria, explorar el archivo de reseñas, consultar su biografía profesional y sus trabajos seleccionados.