Zwartboek / Black Book (El libro negro, 2006) – Fotografía de Karl-Walter Lindenlaub
Título en España: El Libro Negro
Año de Producción: 2006
Director: Paul Verhoeven
Director de Fotografía: Karl-Walter Lindenlaub, ASC, BVK
Ópticas: Cooke S4, Angenieux Optimo
Emulsión: Kodak 5246 (250D) y 5218 (500T)
Formato y Relación de Aspecto: Super 35, 2.4:1
Otros: 2K Digital Intermediate
Karl-Walter Lindenlaub acompaña el regreso europeo de Paul Verhoeven con Super 35, colores saturados, contraluces HMI y un tratamiento de estrella deliberadamente clásico.
La película
Retorno de Paul Verhoeven al cine europeo —y más concretamente a su país natal— tras más de veinte años de ausencia, con una historia ambientada en Holanda en los últimos estertores de la Segunda Guerra Mundial. Su protagonista es una joven judía —Carice van Houten— que, a fin de ayudar a la Resistencia a combatir a los nazis, se infiltra en el cuartel general de los mismos como ayudante de uno de sus más altos cargos —Sebastian Koch—.
Ello es el comienzo de una serie de aventuras y desventuras que incluyen traiciones, grandes dosis de violencia y contenido sexual. Esa forma salvaje de hacer cine del realizador holandés es lo mejor de un film que, a pesar de sus dos horas y media de duración, es muy ágil y dinámico. Pero quizá esa agilidad narrativa también hace que varios de sus giros de guion lleguen al espectador demasiado deprisa y no resulten del todo creíbles, de manera que a veces el film es algo atropellado en sus acciones, por mucho que el ritmo no decaiga nunca durante la proyección.

El director de fotografía
El director de fotografía fue el alemán Karl-Walter Lindenlaub, ASC, BVK, elegido para sustituir a los habituales del director holandés, Jost Vacano y Jan de Bont. El primero se había jubilado tras el rodaje de «Hollow Man» (2000) junto al director y el segundo, como es sabido, se había pasado a la dirección en 1994 con «Speed», después de la cual ya nunca volvería a su oficio original de director de fotografía.
Durante años, Lindenlaub fue conocido por su asociación con su compatriota Roland Emmerich, que le llevó a EE. UU. con películas como «Hollywood Monster» (1987), «Moon 44» (1990), «Universal Soldier» (1992), «Stargate» (1994) y, por supuesto, «Independence Day» (1996), que sin embargo sería su último trabajo juntos.
Trabajó tres veces junto a Michael Caton-Jones: «Rob Roy» (1995), en la que sustituyó a Roger Deakins; «The Jackal» (1997); y «City by the Sea» (2001). También se hizo cargo, precisamente junto a Jan de Bont, del remake de «The Haunting» (1999), aunque no fuera el director de fotografía original del film.

Análisis del estilo visual
Rodada con un presupuesto de dieciséis millones de dólares, parece ser que «Black Book» fue la película holandesa más cara hasta el momento de su realización. Y lo cierto es que el dinero invertido luce en su plenitud en la pantalla. Lindenlaub está lejos de aplicar una estética naturalista al proyecto; muy al contrario, quizá por su exitosa carrera en Hollywood hasta aquel momento, aporta el estilo elegante, vistoso y sofisticado de los clásicos norteamericanos, solo que actualizado a los tiempos modernos y, lógicamente, en color.
Aunque la película renuncia al formato panorámico anamórfico —está rodada en Super 35 con lentes esféricas Cooke S4 y zooms Angenieux Optimo—, todo el trabajo del director de fotografía alemán está encaminado a que el aspecto sea siempre el mejor posible, tanto para la película como para los intérpretes, especialmente la actriz protagonista, Carice van Houten. «Black Book» posee colores muy saturados y ricos en pantalla, fruto probablemente de que Lindenlaub buscase obtener un negativo muy denso y bien expuesto, además de que el aspecto puede que fuera realzado en la etapa de finalización mediante el Digital Intermediate.

En exteriores se aprecia muy claramente cómo los cineastas buscaron rodar en días soleados y evitaron las horas centrales del día, de tal manera que consiguen que el sol esté siempre muy bajo y proporcione tonos cálidos muy bonitos y un aspecto muy contrastado. En exteriores nocturnos, Lindenlaub busca un aspecto absolutamente hollywoodense mediante la utilización de grandes aparatos de iluminación HMI, siempre a contraluz, para proporcionar tonos azulados y una adecuada separación entre los personajes y los fondos.
En estas escenas la profundidad es notable porque, por un lado, Lindenlaub se preocupa de iluminar muy bien los fondos y, por otro, emplea cantidades de luz relativamente elevadas para el formato esférico. Con ello, el diafragma no necesita estar completamente abierto, repercutiendo en una profundidad de campo bastante apreciable. En muchas ocasiones, esa luz de los HMI, tan azul que parece que además estaban corregidos con gelatinas Full Blue, se mezcla con fuentes de temperatura de color muy cálida, ya sean los faros de los coches o farolillos en pantalla, como en una de las secuencias iniciales, logrando efectos muy estéticos.
En interiores, el director de fotografía alemán proyecta siempre bastante luz dura a través de las ventanas, tanto para iluminar los decorados como para crear contraluces sobre los actores. Por todo ello, el aspecto es muy elaborado y tridimensional, con más pretensión de crear un estilo cinematográfico que una recreación de época realista.

Conclusión final
Pero, sobre todo, quizá lo más llamativo sea cómo Karl-Walter Lindenlaub, que en general hace muy buen trabajo, ilumina cuidadosamente a los actores, especialmente a Carice van Houten, que obtiene un privilegiado tratamiento de estrella a lo largo de toda la proyección, tan pronunciado que es difícil de ver en el cine moderno.
La actriz, en casi toda circunstancia, posee su propia luz, a veces de manera casi independiente de la escena en la que aparece: tanto por el uso del contraluz para realzar su pelo teñido de rubio —circunstancia que se traslada también a los exteriores con efectos de luz solar— como por una luz muy suave, generalmente lateral, pero a veces un poco más frontal, que trata de favorecer su aspecto en todas y cada una de sus escenas.
Ello crea una apariencia de «muñeca de porcelana» absolutamente buscada y consciente, aunque a veces suponga un resultado muy artificial, porque resulta obvio que la luz de la actriz es demasiado glamurosa y sofisticada —apoyándose en el maquillaje y la peluquería— para la luz general de las escenas del film.
Por todo ello decimos que «Black Book» huye del realismo y pretende crear un aspecto cinematográfico para la película: elaborado, teatral, pero a la vez bonito. Obtiene al mismo tiempo una imagen mucho más contrastada que la habitual en el cine de Paul Verhoeven de la mano de Jan de Bont o, sobre todo, Jost Vacano, de cuyas fuentes de iluminación cenitales —fluorescentes— no hay rastro a lo largo del film.
En conversación personal con el autor de estas líneas, Lindenlaub comentó que habría rodado el siguiente film de Paul Verhoeven, «Elle», de no ser porque la producción francesa conllevaba obligatoriamente el empleo de un director de fotografía de dicho país.
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ON FILM & DIGITAL
© Ignacio Aguilar, 2023. Revisada en 2026.
Este artículo forma parte del archivo ON FILM & DIGITAL de análisis de fotografía cinematográfica, que reúne reseñas, pruebas técnicas y artículos de Ignacio Aguilar AEC.
Estos textos no son resúmenes argumentales ni críticas generalistas, sino análisis centrados en la fotografía cinematográfica escritos desde la perspectiva de un director de fotografía en activo.
Sobre el autor
Ignacio Aguilar, AEC es director de fotografía con base en Madrid. Su trabajo abarca largometrajes, televisión, publicidad y escritura técnica sobre cinematografía, con experiencia en cine digital, 16mm y 35mm, ópticas anamórficas, grandes formatos, pruebas de objetivos y flujos fotoquímicos.
Es miembro de la Asociación Española de Directoras y Directores de Fotografía (AEC) y de la Academia de Cine, Sony I.C.E. Certified Expert y embajador de las ópticas Cooke SP3. Sus artículos han aparecido en American Cinematographer y Camera & Light.
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