«Glory»
Título en España: Tiempos de Gloria
Año de Producción: 1989
Director: Edward Zwick
Director de Fotografía: Freddie Francis, BSC
Ópticas: Cooke Varotal, Panavision Ultra Speed MKII
Emulsión: Kodak 5247 (125T), 5294 (400T)
Formato y Relación de Aspecto: 35mm esférico, 1.85:1
Premios: Oscar a la mejor fotografía, British Society of Cinematographers, BAFTA (nom.)
Clasicismo, oficio y una luz a contracorriente en el segundo Oscar de fotografía obtenido por Freddie Francis, BSC.
La película
Adaptación cinematográfica de un hecho histórico -que bebe de fuentes diversas, como libros de Lincoln Kirstein y Peter Burchard, además de las cartas reales del protagonista, Robert Gould Shaw- ambientado en la Guerra Civil americana del siglo XIX. En medio del conflicto, Shaw (Matthew Broderick) es encargado de formar y entrenar uno de los primeros regimientos afroamericanos de la Unión, de hombres libres y voluntarios, para combatir contra los Estados del Sur.
Y ello lo logra consiguiendo unir las voluntades de sus propios soldados, pero también, doblegando la oposición de los propios nordistas que, permitiendo este hecho, más bien pretendían un gesto de cara a la galería. El relato bélico no está ni mucho menos exento de interés, pero quizá el guion de Kevin Jarre («Tombstone«, 1993) resulte demasiado edulcorado y esquemático, además de previsible. Es por ello que, en manos de Edward Zwick («Legends of the Fall«, «Blood Diamond»), «Glory» es una película tan eficaz y vistosa como impersonal y raquítica en lo dramático. Cary Elwes, Morgan Freeman y Denzel Washington (que obtuvo el Oscar al mejor actor secundario) completan el reparto de un film en el que destaca mucho el músico James Horner.

El director de fotografía
El director de fotografía fue el británico Freddie Francis [BSC], uno de los clásicos del oficio en su país natal, cuya carrera se había dividido claramente en dos etapas: una primera en la que obtuvo un Oscar por su trabajo en «Sons and Lovers» (Jack Cardiff, 1960) y en el que firmó títulos emblemáticos como «The Innocents» (Jack Clayton, 1961), y una segunda que arranca en 1980, cuando tras dieciséis años en los que se dedicó exclusivamente a dirigir (son famosas sus películas de terror), volvió a su profesión inicial de la mano de David Lynch con «The Elephant Man«.
Mantuvo su asociación con Lynch hasta el final, porque después de la fallida «Dune» (1984), volvieron a trabajar en «The Straight Story» (1999). Y aunque durante esta segunda etapa no abandonó del todo la dirección, todavía pudo dejar algunos títulos más de interés por el camino, exclusivamente como director de fotografía: «The French Lieutenant’s Woman» (Karel Reisz, 1981), «The Man in the Moon» (Robert Mulligan, 1991) o «Princess Caraboo» (Michael Austin, 1994), además de, lógicamente, «Cape Fear» (Martin Scorsese, 1991), el título más conocido de su autor en esta etapa, tras la estela de su renacido prestigio precisamente por «Glory», por la que obtuvo su segundo Oscar.

Análisis del estilo visual
Tiene lógica que un veterano, con tanta experiencia y prestigio a sus espaldas, tanto como director de fotografía como director, fuera el asignado a un director relativamente inexperto en aquel momento (era la segunda película de Zwick, quien luego también haría películas de gran escala). Y Francis entregó un trabajo muy clásico y que es de lo mejor de la película.
Puede que bien el presupuesto o bien el auge del vídeo en aquel momento (con el temido Pan & Scan, que recortaba la imagen para adaptarla a la televisión) influyeran en el hecho de renunciar al formato panorámico anamórfico, que a priori, por el tipo de película, ambientación y por la presencia de Francis, hubiera sido la opción más lógica. A pesar de ello, quizá la parte de la puesta en escena relacionada con el trabajo de cámara sea lo mejor del film: a veces por la pericia en el uso de teleobjetivos en exteriores para comprimir la perspectiva y, en otras ocasiones, porque la cámara siempre o casi siempre se sitúa en el lugar más indicado para capturar la esencia de cada escena.
No se aprecia un talento desbordante más que con cuentagotas, pero sí ese oficio y saber hacer que seguramente la producción demandase de Freddie Francis. Curiosamente, el film está principalmente rodado con lentes zoom, pero no para hacer «zooms» por lo general (más allá de acercamientos en los primeros planos), sino como focal variable, dejando las lentes fijas como recurso para las secuencias con menores niveles de iluminación.

Y decimos menores, y no bajos, porque un clásico como Freddie Francis hace exactamente lo que hubieran hecho otros clásicos como sus compatriotas Freddie Young («Doctor Zhivago«) o Douglas Slocombe («Raiders of the Lost Ark«, 1981): utilizar niveles de luz elevados, mucha luz dura y puntual y un esquema muy clásico en todo momento. En los exteriores, ello implica utilizar una omnipresente luz de relleno o incluso luces directas y dirigidas hacia los personajes. Un estilo que, en esencia, era el mismo que el de la fotografía en color de los años 50 y 60.
Solo que Francis trató de parecer algo más natural, integrando su luz algo mejor con la de los ambientes (es decir, utiliza un relleno algo menos intenso, para que no sea tan evidente), un poco por adaptarse a los nuevos tiempos. Pero a pesar de los esfuerzos de rodar con cielos nublados, o con máquinas de humo y niebla en exteriores, para conseguir una imagen más desaturada y algo más sucia, incluso con cierto grano, el trabajo de Francis es siempre obvio, por ejemplo, porque ilumina mucho los rostros y en los ojos de los actores se aprecian muchas veces los reflejos causados por la luz artificial.
Este aspecto, por muy pulido que esté, posee cierta irregularidad (a veces es demasiado evidente, otras, hay algún problema técnico, como HMIs que dan un tono algo verde) y desde luego iba a contracorriente en relación a la época de rodaje del film.

Y en interiores, o en las escenas nocturnas, Francis es donde muestra claramente que no era precisamente Conrad Hall o David Watkin: incluso las escenas en que aparecen velas en pantalla (y que se supone que son la fuente principal de iluminación) están realmente fotografiadas con aparatos Fresnel de luz dura y algún gel en los mismos para hacer la imagen algo más cálida. Sus luces de luna, generalmente a contraluz, son absolutamente clásicas y, en los interiores día, hay cierto intento de mostrar que la luz procede de ventanas y demás fuentes naturales de los decorados, pero se percibe claramente que a Francis le importa mucho más crear contraste y separación que ser naturalista.
Ello no impide, ni mucho menos, que su trabajo no sea disfrutable: hay secuencias realmente logradas en todos los escenarios. En interiores, la de Matthew Broderick y Cary Elwes solicitando a su superior (Bob Gunton) que sus hombres puedan pelear. En exteriores noche, cuando Morgan Freeman y Denzel Washington se dirigen a sus soldados. Y en exteriores día, es particularmente interesante la primera escaramuza del regimiento contra soldados sudistas, entre los árboles, con una luz tenue pero muy conseguida, que es uno de esos momentos que justifican una candidatura al Oscar.
Quizá, lógicamente, el punto culminante sea la batalla final de la película, muy bien rodada y, además, de noche, con fondos azules y la luz de los disparos, cañones, cohetes, etc. iluminando gran parte de la escena (Zwick le pediría algo parecido a John Toll en «Legends of the Fall«, y Toll también ganó el Oscar). Parece ser que Freddie Francis utilizó en esta escena el Lightflex (antecesor del Arri Varicon), un proceso de «flasheado» o flashing en cámara introduciendo algo de luz residual a la hora de exponer, que sirve para reducir el contraste (es posible que se usase también en algún exterior, o bien su efecto puede confundirse con algún ligero filtro Fog o Low-Contrast).

Conclusión final
Lo que resulta llamativo, más allá del anacronismo general de la fotografía de Freddie Francis (que, si es plenamente aceptable, es por el simple hecho de que nos encontramos ante una película de época), es que durante muchos años «Glory» fue la única película ganadora del Oscar a la mejor fotografía que no había sido siquiera nominada en los premios de la «American Society of Cinematographers» (ASC), desde que los mismos comenzaron en 1986 (en 2006, ocurriría lo mismo con Guillermo Navarro, ganador del Oscar por «Pan’s Labyrinth»).
Ello puede tener dos explicaciones: o bien en la ASC se olvidaron de Francis por llegar con un film muy de última hora (estrenado a finales de diciembre de 1989 para ser calificado para los Oscar, pero sin estreno general hasta semanas después), o bien que los americanos consideraron el de Freddie Francis como un trabajo tan clásico que prefirieron otros más modernos. Sea como fuere, compitiendo con películas de mucho nivel en este apartado, como «Born on the Fourth of July» (Robert Richardson) o «The Abyss» (Mikael Salomon), Freddie Francis se alzó con su segundo Oscar de manera sorpresiva.
Desde un punto de vista técnico e industrial, premiar una película de época con un aspecto tan sólido y solvente, aunque anticuado, pudo tener sentido; aunque, desde un punto de vista estrictamente cinematográfico, quizá debió ganar Richardson —que lo obtendría dos años después por «JFK«— o bien el trabajo más innovador y difícil del año: el de Salomon en el film de James Cameron.
Vista en Blu-ray 4K HDR
ON FILM & DIGITAL
© Ignacio Aguilar, 2026.
El Autor
Ignacio Aguilar, AEC, además de ser autor y editor de ON FILM & DIGITAL, es director de fotografía en activo. Ha fotografiado películas como «La Pasajera» (Fernando González Gómez, Raúl Cerezo, 2021), «Viejos» (ídem, 2022), «Rabios@» (Luis Mª Ferrández, 2025), o las escenas españolas del Western «Dead Souls» (Alex Cox, 2025). Tiene pendiente de estreno «Los Que Vienen» (Víctor Català, 2026). Además colabora en diversos centros educativos, tanto en Máster, como Grados o Diplomaturas, en TAI, ESCAC, THE CORE o ECAM, entre otros. Es «Independent Certified Expert» (ICE) de Sony, así como embajador en España para las lentes Cooke SP3. Las opiniones del autor son estrictamente personales. No dudes en contactar para cualquier proyecto creativo.