Título en España: Conan el Bárbaro
Año de Producción: 1982
Director: John Milius
Director de Fotografía: Duke Callaghan
Ópticas: Todd-AO 35
Emulsión: Kodak 5247 (125T)
Formato y Relación de Aspecto: 35mm anamórfico (Todd-AO 35), 2.4:1
Otros: Efectos visuales de Frank Van der Veer [ASC]. Fotografía de segunda unidad de John Cabrera [BSC].
Vista en Blu-ray
La accidentada fotografía de Conan the Barbarian combina bellos exteriores españoles con interiores de imagen muy degradada, hasta formar un extraño cóctel visual tan sucio como épico.
La película
Adaptación para la gran pantalla de las aventuras del personaje creado por Robert E. Howard, producida por el italiano Dino De Laurentiis. La historia comienza con Conan, todavía niño, presenciando la muerte de sus padres; continúa con su posterior esclavitud, durante la que desarrolla su inmensa fortaleza física, y con sus ansias de venganza contra Thulsa Doom, el asesino de su familia.
Rodada en vistosas localizaciones españolas de Ávila, Segovia, Cuenca, Granada y Almería, con guion firmado por Milius y Oliver Stone, lo mejor de esta sinfonía de barbarie y violencia es, sin lugar a dudas, la visceralidad con la que el director traslada el cómic a la pantalla, con un notable sentido épico y una brutalidad desaparecida desde hace mucho tiempo en el cine comercial.
No obstante, en mitad de tanto embrutecimiento, Milius no solo se permite tres o cuatro escenas brillantes, como la apertura, las dos luchas contra los esbirros de Thulsa Doom o el final. El film también tiene extraños arranques líricos, muy propios del autor de “The Wind and the Lion” (1975), que lo elevan notablemente respecto a otras obras de su género, así como una conclusión que parece extraída de su propio libreto de “Apocalypse Now” (1979) y una banda sonora con Basil Poledouris en estado de gracia.

El director de fotografía
El director de fotografía inicial fue el veterano británico Gilbert Taylor [BSC], conocido por sus colaboraciones con Stanley Kubrick, “Dr. Strangelove” (1964); Roman Polanski, “Repulsion” (1965), “Cul-de-Sac” (1966) y “Macbeth” (1971); Alfred Hitchcock, “Frenzy” (1972); Richard Donner, “The Omen” (1976); o George Lucas, “Star Wars” (1977).
El rodaje de esta última fue famoso por la gran tensión en el set y el poco respeto que el equipo británico sentía por el joven director estadounidense, hasta el punto de que se llegó a decir que ello provocó su retiro temporal y voluntario de la dirección. Taylor, sin embargo, había seguido trabajando con normalidad en producciones como “Dracula” (1979), de John Badham, o “Flash Gordon” (1980), producida por el propio Dino De Laurentiis.
Fuera por mediación del italiano o no, Taylor fue contratado para rodar “Conan the Barbarian” (1982) junto al joven Milius, de la generación de Spielberg, De Palma, Coppola, Scorsese y Lucas. Rodó las primeras semanas de producción en España durante enero de 1981.
Se dice, por un lado, que Milius se enorgullecía de su rapidez como director y que Taylor retrasaba el rodaje, mientras que otra teoría apunta a que en realidad no se ponían de acuerdo sobre el aspecto de la película, pues el director querría un aspecto muy directo, muy seco y relativamente poco elaborado, mientras que el británico, más acostumbrado a obtener imágenes de calidad y haber experimentado durante la década anterior con técnicas como la difusión, querría un aspecto más suave, incluso brumoso, para retratar una historia de eminente corte fantástico.

Sea como fuere, Taylor fue despedido y su lugar fue ocupado el 26 de enero de 1981 por Duke Callaghan, un operador principalmente televisivo cuyos créditos principales en cine eran dos films para Sydney Pollack: “Jeremiah Johnson” (1972) y las escenas estadounidenses de “The Yakuza” (1974).
Las versiones sobre lo que queda del trabajo de Taylor también son algo contradictorias; por un lado, la lógica invita a pensar que aprovechasen ese mes de enero para rodar el inicio y las secuencias en la nieve;
por otro lado, algunas fuentes apuntan a que Taylor rodó el encuentro de Conan con la bruja, el ataque de los perros (éste seguro, pues su nombre figura en la claqueta en algunas fotos), posiblemente el comienzo más o menos íntegro, así como algunos interiores, como Conan en el interior de la tumba, aunque esas mismas fuentes (la revista Cinefantastique de la época) indican que Callaghan volvió a rodar algunas secuencias previamente rodadas por Taylor, algo que es habitual cuando se despide a un operador porque no se está satisfecho con su trabajo.

Análisis del estilo visual
En cualquier caso, la imagen final de “Conan the Barbarian” (1982) es algo problemática. La secuencia inicial, prodigiosa en su concepción e influencias, que van desde Leone a Eisenstein pasando por Kurosawa, es lo mejor a nivel visual de todo el film. Contiene elaborados instantes a cámara lenta, así como bruma y rayos de sol entre los pinos que producen imágenes muy bellas y que contrastan enormemente con la brutalidad de los asaltantes y sus acciones.
Pero, a continuación, el film adquiere un aspecto muy desgarrado, además de trasladarse a localizaciones del sur de España mucho más secas y polvorientas que Segovia, Ávila y Cuenca. Los exteriores son, por lo general, lo mejor, con los cielos casi siempre muy bien expuestos y un aspecto natural. Muchas escenas están rodadas con la luz disponible, aunque en otro buen número se aprecia el uso de iluminación artificial para rellenar sombras.

El problema principal aparece en los interiores, rodados en formato anamórfico con niveles de luz muy bajos. Se recurre y se confía demasiado en el revelado forzado e incluso en la posibilidad de subir la copia al positivar, de manera que gran parte de ellos, aunque también hay exteriores subexpuestos, presentan una enorme cantidad de grano, negros muy poco densos y sombras muy sucias.
La iluminación de los interiores, e incluso la de los exteriores nocturnos al anochecer o en noche cerrada, con antorchas, fuegos y hogueras, tampoco resulta demasiado inspirada. Casi siempre utiliza luces muy duras que intentan imitar la temperatura de color real del fuego, pero producen sombras excesivas y un aspecto general demasiado plano, incluso cuando hay suficiente luz para que la calidad de imagen sea más decente.
Las lentes empleadas, las Todd-AO 35 High Speed (esencialmente idénticas a las Canon Xtal Express del J-D-C Scope, es decir, las Canon K35 convertidas a formato anamórfico) muestran también, así mismo, un buen número de aberraciones y distorsiones, especialmente a grandes aperturas de diafragma como en la escena final en Thulsa Doom, aunque curiosamente ello también permite a Callaghan utilizar niveles de luz inferiores y hacer que, por una vez, el fuego que aparece en pantalla ilumine realmente las tomas.

Conclusión final
El conjunto no es naturalista ni busca bonitos efectos estéticos, salvo algunos instantes en los que los escenarios o el diseño de producción de Ron Cobb los producen prácticamente por sí solos. La fotografía de “Conan the Barbarian” funciona más bien porque sus propios problemas técnicos, e incluso su inconsistencia, juegan de alguna forma a favor de la brutal historia narrada por Milius.
El director se muestra muy sólido, sobrio y eficaz en su puesta en escena, no solo en la planificación de la secuencia inicial, sino también en el resto de combates y hasta en las escenas intermedias. Así consigue un extraño cóctel tan sucio como épico, que realmente no posee un aire fantástico, pero funciona de todos modos. Entre el equipo de cámara figuraron los operadores españoles Ricardo Navarrete y Julio Madurga y, como ayudantes, el futuro operador Tote Trenas y José Luis Aguilar.
ON FILM & DIGITAL
© Ignacio Aguilar, 2013. Revisada en 2026.
Ignacio Aguilar, AEC, es director de fotografía y autor de ON FILM & DIGITAL. Puedes conocer su trayectoria, explorar el archivo de reseñas, consultar su biografía profesional y sus trabajos seleccionados.