Título en España: Morituri
Año de Producción: 1965
Director: Bernhard Wicki
Director de Fotografía: Conrad L. Hall, ASC
Formato y Relación de Aspecto: 35mm esférico, 1.85:1
Otros: efectos especiales fotográficos a cargo de L.B. Abbott, ASC y Emil Kosa, Jr.
Premios: Oscar a la mejor fotografía (nom)
Vista en Blu-ray
Antes de convertirse en uno de los grandes innovadores de la fotografía estadounidense, Conrad L. Hall demuestra en blanco y negro un dominio absoluto del clasicismo aprendido en los estudios.
La película
Adaptación cinematográfica de una novela del alemán Werner Jörg Lüddecke, dirigida por el cineasta austríaco Bernhard Wicki —“Die Brücke” (1959), “The Longest Day” (1962)— y protagonizada por Marlon Brando. Brando interpreta a un alemán que se infiltra en un barco carguero cuya ruta es Tokio-Burdeos, haciéndose pasar por un oficial de las SS, a fin de desconectar una serie de bombas que los nazis han instalado en el buque. En el caso de que este fuera apresado por los aliados, podría ser hundido y su valioso cargamento —siete toneladas de caucho para fabricar ruedas— no caería en manos de los enemigos.
Nunca se ve cómodo a Brando en esta aventura de la Segunda Guerra Mundial, que parece ser que rodó para finalizar su contrato con la 20th Century Fox. El propio filme, si bien mantiene cierto interés, tampoco llega a despegar en ningún momento, pues no se decide entre el suspense o la acción y además adolece de algunos problemas de montaje que dejan entrever que bastante material se quedó fuera del montaje final. Yul Brynner, como el capitán del navío; Janet Margolin, en el papel de una pasajera judía; y un cameo de Trevor Howard completan el reparto principal.

El director de fotografía
El director de fotografía fue Conrad L. Hall, ASC, todavía al comienzo de una gloriosa carrera que llegaría a proporcionarle nada menos que tres premios Oscar: por “Butch Cassidy and the Sundance Kid” (1969), “American Beauty” (1999) y “Road to Perdition” (2002). Precisamente por “Morituri” obtendría su primera candidatura a estos premios.
Fue su tercera película de estudio como director de fotografía, después de una carrera como ayudante y posterior operador de directores de fotografía de la talla de Ted McCord o Robert Surtees. Para este último llevó la cámara, por ejemplo, en otra producción de Aaron Rosenberg: “Mutiny on the Bounty” (1962), segunda versión del famoso libro coescrito por James Norman Hall, padre de Conrad Hall.
Posteriormente vendrían muchas películas célebres: además de las citadas, “The Professionals” (1966), “In Cold Blood” (1967), “Hell in the Pacific” (1968), “Fat City” (1972), “The Day of the Locust” (1975), “Marathon Man” (1976), “Tequila Sunrise” (1988), “Jennifer 8” (1992), “Searching for Bobby Fischer” (1993) o “A Civil Action” (1998), entre otras.
Pero, sobre todo, Hall mostró una fuerte voluntad de situarse siempre a la vanguardia y de seguir creciendo de forma constante como director de fotografía, hasta el punto de que sus últimas obras son tan modernas como las del operador de moda del momento.

Análisis del estilo visual
“Morituri” es una película compleja, rodada en blanco y negro mediante una mezcla de decorados de estudio y exteriores en la cubierta de un carguero real. Hall había aprendido su oficio en blanco y negro y eso no era un problema para él; al contrario, era su hábitat natural. Si acaso, tardó en acostumbrarse al uso del color, que se impondría ya de forma casi definitiva en esta época.
Lo curioso es que Hall era un hombre joven cuando realizó este filme —debía de rondar los 38 o 39 años en el momento de rodarlo—, pero la forma en que lo afrontó es total y absolutamente la de un veterano de Hollywood. Y no solo la de un veterano, sino la de uno de corte absolutamente clásico.
Ello se debe, sin duda, a que Hall aprendió muy bien el oficio de sus maestros, en aquel momento muy sometido a las reglas de los estudios de Hollywood. Como consecuencia, en sus primeros pasos en solitario siguió al dedillo el manual sobre el que había aprendido su oficio.

Desde un punto de vista estético, la película sigue el esquema tradicional de los tres puntos de luz dura, con sus múltiples variantes a lo largo del metraje. Cada personaje posee, como en el cine clásico, su propia luz principal, que puede ser más de una si en un momento determinado sus movimientos lo llevan a otra marca a lo largo del plano. Allí lo esperan siempre su luz de relleno y su contraluz para separarlo del fondo.
Con este esquema, lógicamente de luz dura, se crean algunos claroscuros bastante fuertes y hay una clara distinción entre las zonas de luz y las de sombra. Al trabajar a niveles de intensidad bastante altos, las sombras son todas aquellas zonas sobre las que no incide expresamente ningún aparato.
Este sistema, que permitía crear y controlar contrastes de forma más sencilla que las actuales técnicas de luz difusa y rebotada, es manejado a la perfección por Hall sin mostrar ni por asomo la más mínima intención de salir de él en ningún momento del metraje.
Tampoco hay intentos, ni siquiera tibios, de justificar las luces en las ventanas o en las fuentes integradas de los decorados: toda la iluminación pertenece por completo al Hollywood clásico en blanco y negro. Si acaso, lo único que no busca Hall son los contrastes extremos del cine negro, a pesar de que se trata de una fotografía relativamente contrastada.

Conclusión final
Los resultados sorprenden por su clasicismo, pero no del todo a quienes conozcan la primera parte de la filmografía de Conrad Hall, especialmente sus dos primeras películas en color, “Harper” (Jack Smight, 1966) y “The Professionals” (Richard Brooks, 1966), también rodadas de forma absolutamente clásica.
Después comenzaría su etapa de sobreexposición y experimentación a raíz de títulos como “Butch Cassidy and the Sundance Kid”, “Fat City” o “Electra Glide in Blue” (1973). En muy poco tiempo, esta evolución lo llevaría a ser un operador moderno y absolutamente contemporáneo, con una voz y una personalidad propias completamente alejadas de los convencionalismos o reglas que el Hollywood clásico imponía a sus directores de fotografía.
Si acaso, en “Morituri” se aprecia que Hall y Bernhard Wicki no tuvieron miedo a emplear el zoom, una herramienta de aparición reciente para su uso cinematográfico, y especialmente a combinarlo con tomas desde un helicóptero. Ello da lugar a algunas imágenes espectaculares del barco, en las que incluso se atrevieron a orquestar secuencias de diálogo, aunque estas fueran obviamente dobladas en posproducción. Como en las primeras películas de Hall, es prácticamente seguro que los futuros directores de fotografía William A. Fraker y Jordan Cronenweth ejercieran las labores de segundo operador y ayudante de cámara.
© Ignacio Aguilar, 2020. Revisada en 2026.
El autor
Ignacio Aguilar, AEC, es director de fotografía y autor de ON FILM & DIGITAL. Puedes conocer su trayectoria, explorar el archivo de reseñas, consultar su biografía profesional y sus trabajos seleccionados.