Star Wars: Episode VIII – The Last Jedi (Los Últimos Jedi, 2017) – Fotografía de Steve Yedlin
Título en España: Star Wars Episodio VIII – Los Últimos Jedi
Año de Producción: 2017
Director: Rian Johnson
Director de Fotografía: Steve Yedlin, ASC
Ópticas: G-Series, C-Series, E-Series, ATZ & AWZ + Primo (esféricos) de Panavision
Emulsión: Kodak 5203 (50D), Kodak 5207 (250D) & 5219 (500T)
Formato y Relación de Aspecto: 35mm anamórfico (Panavision), 2.4:1
Otros: tomas adicionales rodadas en ArriRaw 3.4 con la Arri Alexa
Vista en DCP
Una película bastante desmitificadora y rompedora con el universo de “Star Wars”, pero de resultados desiguales.
La película
Segunda película de la tercera trilogía de “Star Wars”, que sigue los pasos de “The Force Awakens” (2015), en la que J.J. Abrams continuó de manera exitosa, aunque poco original, el universo originalmente creado por George Lucas. En esta ocasión, la acción gira en torno a la retirada de los rebeldes, comandados por la Princesa Leia (Carrie Fisher), ante la persecución que sufren por parte de la Primera Orden, mientras Rey (Daisy Ridley) intenta ser entrenada como Jedi por Luke Skywalker (Mark Hamill).
Se trata de la película más larga de toda la saga hasta ese momento, con 152 minutos, y en ella el director y guionista Rian Johnson propone el habitual y ágil montaje paralelo que ya estaba presente en títulos como “The Empire Strikes Back” (1980). Pero si quizá “The Force Awakens” era una película absolutamente conservadora y muy en la línea, para bien y para mal, de lo que hasta la fecha había sido el universo “Star Wars”, el film de Johnson es bastante desmitificador y rompedor con ese mundo.
Los resultados, por lo tanto, son desiguales, lastrados además por alguna subtrama que no aporta al conjunto, un humor que descoloca y secuencias y personajes que distraen del argumento principal de la lucha de la luz contra la oscuridad. Adam Driver, Andy Serkis, John Boyega, Oscar Isaac, Lupita Nyong’o, Laura Dern, Benicio del Toro y Gwendoline Christie completan el reparto de un film netamente inferior al de Abrams, que volvió en la tercera entrega de esta trilogía.

El director de fotografía
El director de fotografía es Steve Yedlin, ASC, hasta la fecha conocido casi de forma exclusiva por su relación profesional con Rian Johnson, para el que había fotografiado todas sus películas: “Brick” (2005), “The Brothers Bloom” (2008) y “Looper” (2012).
Lejos de Johnson, su filmografía incluía películas como “San Andreas” (2015) o el remake de “Carrie” (2013), por lo que era probablemente el director de fotografía que había llegado a la serie “Star Wars” con un currículum más corto, en competencia con David Tattersall. Este contaba con la serie “The Young Indiana Jones” y “Con Air” (1996) como sus principales reclamos cuando en 1999 se hizo cargo de “The Phantom Menace” y los otros dos títulos de la segunda trilogía.
Yedlin es, sin embargo, conocido por su faceta tecnológica, dentro de la cual presentó en 2017 un trabajo sobre la resolución real y percibida de diferentes cámaras cinematográficas, analógicas y digitales, con algunos resultados sorprendentes.

Análisis del estilo visual
La imagen de “The Last Jedi” es también una evolución del aspecto creado por el sudafricano Daniel Mindel, ASC, BSC, para “The Force Awakens” (2015). Como aquella, “The Last Jedi” recurre principalmente para su adquisición al formato panorámico anamórfico, que Rian Johnson y Steve Yedlin ya usaron en su anterior trabajo, la mencionada “Looper” (2012).
A falta de tener acceso completo a la información técnica cuando se escribió la reseña, parecía que también había algunas tomas captadas con la Arri Alexa, en formato IMAX e incluso planos aislados rodados en formato esférico. La documentación publicada después confirmó la mezcla de 35mm con Alexa, Alexa 65, IMAX de 65mm y ópticas esféricas. Aun así, después del etalonaje y de la tremenda cantidad de efectos visuales que contiene la película, sigue siendo muy complicado discernir otro tipo de material diferente al anamórfico que supone el grueso de la proyección.
La imagen ofrece, por lo tanto, una continuidad clara en el sentido tecnológico con “The Force Awakens”: el celuloide utilizado para su adquisición no se muestra tan nítido como suele serlo cualquier formato digital, mientras que el grano está presente en pantalla en todo momento, bien por ser inherente a la emulsión correspondiente o por haber imitado su aspecto en el etalonaje digital a fin de igualar el material.

Con diseño de producción de Rick Heinrichs, habitual del cine de Tim Burton y que sustituye así a Rick Carter, habitual en cambio del de Steven Spielberg, “The Last Jedi” trata de ser, por diseño, una película más sombría, siguiendo la mítica estela del elemento central de la primera trilogía: “The Empire Strikes Back” (1980), que posiblemente sea el mejor trabajo de su director, Irvin Kershner, y del director de fotografía Peter Suschitzky.
Por ello, se aprecian tonos algo más monocromáticos y una imagen que, sin ser del todo desaturada, sí posee menos color y tonos más apagados que su antecesora, bastante luminosa y comercial en este sentido. Pero ello no significa que “The Last Jedi” se aproxime al tono de “The Empire Strikes Back”: es una película algo más siniestra y sucia que “The Force Awakens”, pero está lejos, por diseño e inspiración, del film de Kershner con diseños de Norman Reynolds.
Es suficiente comparar el aspecto de Dagobah, el lugar en el que Yoda entrenaba a Luke, con el islote en el que este entrena a Rey; o la sala en la que Rey se enfrenta a Snoke con aquella en la que Luke hacía lo propio ante Vader. Incluso, de forma preocupante, se acerca peligrosamente al tono y valores formales de la segunda trilogía de Lucas en secuencias tan vergonzantes como la del casino y su resolución.

Por supuesto, siendo el tipo de producción que es, la película contiene algunas imágenes interesantes, así como pasajes bien fotografiados, pero desgraciadamente no es una película que vaya a pasar a la historia, ni siquiera a la de la saga, por su aspecto visual. Sorprende quizá el uso de la noche americana, o una pseudo noche americana, en algunas escenas en el islote o en aquellas en las que Finn y su amiga asiática huyen del citado casino.
En general, es un film con una estética sin demasiado interés y demasiado pendiente de ofrecer el necesario acomodo a los múltiples efectos que requiere cada toma como para crear un aspecto visual distintivo. Yedlin se toma una molestia especial con una Carrie Fisher cuyo estado físico ya era incluso peor que el de dos años antes, aunque sorprende en algunos momentos el tratamiento —por la dureza de la luz y su desmedido contraste— que hace de Luke Skywalker. Esto provoca incluso que varíe su aspecto a lo largo de la proyección, y no solo por los flashbacks que introduce Johnson.
La puesta en escena de Johnson tampoco está a la altura de la de J.J. Abrams, que en cierto modo aunaba clasicismo y modernidad. Está claro que no se le puede exigir a Johnson componer en anamórfico a la manera de Lucas con Gilbert Taylor, o de Kershner con Suschitzky, con focales tendentes al angular, personajes y movimientos que hacen uso de todo el cuadro y empleo de la profundidad. Pero “The Last Jedi” muestra un preocupante exceso de primeros planos o planos cerrados y muy poco del estilo de filmación en torno a un plano máster para la acción y pequeños planos cortos para los detalles.

Conclusión final
Los resultados no son especialmente vistosos —en cierto modo se echa en falta la impersonal solvencia de Mindel en el título anterior—, pero sí aceptables, una vez se entra en el juego de un film con tantas imágenes creadas por ordenador o fondos en los que el equipo de efectos visuales ha tenido que modificar los realmente existentes. No se trata de una película que ofrezca grandes imágenes de acción real, ni siquiera grandes localizaciones o decorados, como sí hacían algunas de las anteriores en la trilogía original, ni mucho menos una imagen con cierta intención y personalidad.
Algunos dirán que este Episodio VIII no va de eso, sino de continuar el legado de Lucas. Quizá no les falte razón y Yedlin cumpla su cometido sobradamente, pero Greig Fraser demostró en “Rogue One” (2016) que al menos sí se podía tener arrojo e intención en el universo paralelo de “Star Wars”, algo que después refrendó Bradford Young en “Solo: A Star Wars Story” (2018), dentro de los condicionantes de Ron Howard y Kathleen Kennedy. Resulta curioso que los directores de fotografía escogidos para los títulos “Anthology” fueran, a priori, mucho más interesantes que los que filmaban las películas oficiales.
© Ignacio Aguilar, 2017. Revisada en 2026.
Ignacio Aguilar, AEC, es director de fotografía y autor de ON FILM & DIGITAL. Puedes explorar el archivo ON FILM & DIGITAL de análisis de fotografía cinematográfica, consultar su biografía y trayectoria profesional y sus trabajos como director de fotografía.