Título en España: Gladiator
Año de Producción: 2000
Director: Ridley Scott
Director de Fotografía: John Mathieson, BSC
Ópticas: Panavision Primo, Primo Zoom
Emulsión: Kodak 5274 (200T), Kodak 5245 (50D)
Formato y Relación de Aspecto: 4-perf Super 35, 2.4:1.
Otros: segunda unidad dirigida y fotografiada por Alexander Witt, ASC. Efectos visuales rodados en VistaVision.
Premios: Oscar a la mejor fotografía (nom), American Society of Cinematographers (nom), BAFTA
Vista en 35mm & HDTV
John Mathieson combina naturalismo, Super 35, emulsiones de sensibilidad media y una puesta en escena todavía planificada para construir la épica romana más sólida del último Ridley Scott.
La película
Producción de DreamWorks SKG, escrita por David Franzoni, John Logan y William Nicholson, que supuso la vuelta al éxito del cineasta británico Ridley Scott, quien, tras “Thelma & Louise” (1991), llevaba encadenando prácticamente una década de fracasos.
El argumento, que supone una suerte de mezcla de “The Fall of the Roman Empire” (Anthony Mann, 1964) y “Spartacus” (Stanley Kubrick, 1960), gira en torno a Máximo, un general de las legiones romanas interpretado por Russell Crowe que clama venganza contra el nuevo emperador Cómodo, encarnado por Joaquin Phoenix.
Cómodo es responsable de la muerte de su padre, Marco Aurelio —Richard Harris—, y de la familia de Máximo en Hispania. Este, con la ayuda de Próximo —Oliver Reed—, retorna a Roma convertido en un feroz gladiador, en el que un senador —Derek Jacobi— y la propia hermana del nuevo emperador —Connie Nielsen— ven a un líder para derrocar a Cómodo.
“Gladiator” funciona razonablemente bien a todos los niveles, en parte por la carismática interpretación de Russell Crowe en el papel principal, por el que ganó el Oscar; por la recreación de Roma y sus espectáculos en el Coliseo; y por la notable banda sonora de Hans Zimmer y Lisa Gerrard. También es cierto que funciona mejor cuanto menos se toman en serio sus piruetas narrativas y de guion y cuanto más énfasis ponen Ridley Scott y sus brillantes colaboradores en el espectáculo.

El director de fotografía
El director de fotografía fue el británico John Mathieson, BSC, un descubrimiento de Scott para este filme, aunque fuera a través de su hijo Jake Scott, con el que Mathieson ya había rodado “Plunkett & Macleane” (1999) y un buen número de vídeos musicales durante la década de los noventa. En cualquier caso, “Gladiator” fue su gran oportunidad, que desde luego no desaprovechó —obtuvo una candidatura al Oscar— y que le ha convertido durante dos décadas en uno de los directores de fotografía británicos más prominentes.
Con Ridley Scott colaboró además en “Hannibal” (2001), “Matchstick Men” (2003), “Kingdom of Heaven” (2005), “Robin Hood” (2010) e incluso en el fallido piloto de una serie acerca de “The Vatican” (2013), aunque desde entonces el realizador ha venido prefiriendo a Dariusz Wolski como director de fotografía.
A las órdenes de Joel Schumacher obtuvo su segunda nominación al Oscar por “The Phantom of the Opera” (2004). También ha trabajado para John Landis —“Burke and Hare” (2010)—, Guy Ritchie —“The Man from U.N.C.L.E.” (2015) y “King Arthur: Legend of the Sword” (2017)—, Joe Wright —“Pan” (2015)— o James Mangold —“Logan” (2017)—.

Análisis del estilo visual
John Mathieson es un director de fotografía de perfil más sobrio y naturalista que Adrian Biddle o Hugh Johnson, responsables de las cuatro películas inmediatamente anteriores de Ridley Scott: “Thelma & Louise” (1991), “1492: Conquest of Paradise” (1992), “White Squall” (1996) y “G.I. Jane” (1997). Esto, junto con la mayor practicidad que conlleva, hizo que los cineastas se decantaran para “Gladiator” por el formato Super 35, en lugar del anamórfico al que estaba acostumbrado el realizador británico hasta aquel momento.
Además de poder aprovechar mejor los primeros y últimos momentos de la luz solar rodando en Inglaterra, el Super 35 permitía a Mathieson trabajar más abierto de diafragma —con los fantásticos Panavision Primo— e intentar simular un aspecto en el que las fuentes de luz reales del periodo, como velas y antorchas, iluminasen más que en el cine clásico.
Aun así, el filme contiene múltiples escenas rodadas con zooms en interiores y exteriores, que conllevaban aperturas de aproximadamente T2.8. Incluso, en aras de obtener un negativo más denso, de menos grano y mayor calidad —para contrarrestar tanto la menor área de negativo del Super 35 respecto al anamórfico como el posterior hinchado óptico—, Mathieson recurrió en exclusiva a una emulsión de sensibilidad media, la 5274 (200T), y a la 5245 (50D) para gran parte de sus exteriores e interiores día.
Ello propició que, en proyección, “Gladiator” fuera una de las películas con mejor calidad de las rodadas en Super 35 y finalizadas fotoquímicamente, aunque las versiones actuales seguramente provengan ya todas de un nuevo máster digital en 4K creado en 2018, que hace que la imagen sea aún más limpia.

“Gladiator” comienza con una batalla ambientada en Germania —pero rodada en Inglaterra— con la emulsión 5274 sin corregir para la luz día, lo que provoca automáticamente esos tonos azulados, no del todo corregidos en laboratorio, que identifican esta parte de la película. Las escenas en África, rodadas en Marruecos, son cálidas, mientras que la parte que transcurre en Roma, rodada principalmente en Malta, posee un aspecto más neutro, aunque con variaciones de escena a escena.
En la batalla inicial y en diferentes secuencias del Coliseo es famoso el uso de velocidades de obturación cortas —generalmente 45 grados, pero también 90— para producir un movimiento entrecortado que crea un aspecto más violento e inmediato, siguiendo la estela de Steven Spielberg y Janusz Kaminski en “Saving Private Ryan” (1998). También rodaron parte de la secuencia, al perder la luz natural del día, a ocho fotogramas e impresionaron sobre seis, de modo que al proyectar de nuevo a veinticuatro se produce una cadencia de movimiento muy extraña que acentúa su violencia. Todo ello aparece combinado con alguna grúa, Steadicam y mucha cámara en mano.

Como Mathieson es un director de fotografía relativamente naturalista, “Gladiator” no resulta tan estilizada visualmente como otras obras de su director. Las escenas nocturnas tratan claramente de justificar su luz cálida en las fuentes naturales de los decorados, como velas, fuegos y antorchas, aunque, lógicamente, para exponer únicamente a 200 ASA tuvo que emplear grandes aparatos de 5 y 10 kW debidamente difuminados a través de telas y chimeras.
En los exteriores nocturnos hay grandes aparatos azulados a contraluz, incluido el Wendy Light, con algo de humo en el ambiente para generar atmósfera. Pero la utilización de este recurso también está mucho más limitada que en otras obras del director de “Alien” (1979) y “Blade Runner” (1982).
En los interiores de los palacios, Mathieson empleó generalmente globos para crear la luz de ambiente, así como una mezcla de luz suave o dura, según las secuencias, para sugerir la noche o algunos haces de luz solar.
En exteriores rueda casi todo lo que puede con la luz disponible, situando generalmente las multicámaras de Scott —presentes en todo el filme— a contraluz. Esto genera muy buen aspecto sin apenas necesidad de relleno, más allá de modelar en algunos momentos a los actores.
Mathieson sí utiliza con mucha frecuencia luces de ojos. El recurso le funciona especialmente bien con Joaquin Phoenix en sentido inverso: cuando el maquillaje hace que sus ojeras parezcan más prominentes, el director de fotografía evita precisamente iluminarle los ojos.

“Gladiator” funciona bien también porque parece que Ridley Scott se tomó su trabajo mucho más en serio que en películas posteriores, especialmente durante sus últimos años, en los que ha ejecutado un trabajo de improvisación con varias cámaras, en lugar de planificar adecuadamente sus tomas como está mucho más presente en sus mejores obras.
Aunque hay mucho trabajo multicámara —nunca rodaban con menos de dos, algo absolutamente obvio en numerosas secuencias—, en esta ocasión existe más puesta en escena, más planificación e incluso un mayor interés en captar recursos que luego funcionan muy bien en pantalla.
Por ello, el filme es reconocible dentro de su estilo, con teleobjetivos, zooms e incluso zooms durante la toma, y con esa imagen aplanada y de perspectiva comprimida que identifica su cine. Pero conserva cierta elegancia y limpieza en las formas, aportada por John Mathieson, y todavía un interés por rodar por parte del realizador que, como indicábamos, ha ido perdiendo, especialmente desde que trabaja en exclusiva con Dariusz Wolski, que ha venido fotografiando las películas más dejadas y descafeinadas del director de “The Duellists” (1977).

Conclusión final
Los efectos visuales del filme, que ganaron el Oscar y que ya lucían muy justos en el momento del estreno, al menos en la recreación de Roma, quizá sean la parte que peor ha envejecido de una película que no solo se mantiene vigente en lo estético, sino que además es una clara inspiración para producciones como “Game of Thrones” en muchos aspectos visuales.
Mathieson, en un año de mucha competencia por los premios, perdió el Oscar frente a Peter Pau por su trabajo en “Crouching Tiger, Hidden Dragon” (Ang Lee, 2000), que no era superior. El premio de la American Society of Cinematographers fue a parar a Caleb Deschanel por “The Patriot” (2000), de modo que Mathieson tuvo que conformarse con el BAFTA británico.
© Ignacio Aguilar, 2020. Revisada en 2026.
El autor
Ignacio Aguilar, AEC, es director de fotografía y autor de ON FILM & DIGITAL. Puedes conocer su trayectoria, explorar el archivo de reseñas, consultar su biografía profesional y sus trabajos seleccionados.