Título en España: Boogie Nights
Año de Producción: 1997
Director: Paul Thomas Anderson
Director de Fotografía: Robert Elswit, ASC
Ópticas: C-Series de Panavision & Super PanaZoom Cooke
Formato y Relación de Aspecto: 35mm anamórfico (Panavision), 2.4:1
Vista en Blu-ray
Paul Thomas Anderson y Robert Elswit retratan el auge y la decadencia del cine pornográfico mediante una puesta en escena enérgica, un color exuberante y una cámara extraordinariamente narrativa.
La película
Segundo largometraje de Paul Thomas Anderson, que retomaba un cortometraje anterior, «The Dick Diggler Story» (1988), para narrar una historia de ascensión y posterior descenso a los infiernos ambientada en el mundo del cine pornográfico de finales de los años setenta y primeros años ochenta.
El protagonista es un joven (Mark Wahlberg) con un miembro viril de gran tamaño que, por casualidad, conoce a un director de cine para adultos (Burt Reynolds). Este le ofrece un primer papel y lo introduce en su grupo cercano de amigos y colaboradores: una mujer divorciada y adicta a las drogas (Julianne Moore), una joven que ha dejado la escuela (Heather Graham), otros actores (John C. Reilly y Don Cheadle) y diversos miembros del equipo técnico (Philip Seymour Hoffman y William H. Macy), entre otros.
Con ellos entabla una relación cercana a medida que conoce el éxito y también afronta la difícil cuesta abajo de las drogas y la aparición del vídeo a comienzos de los ochenta. Anderson consiguió uno de sus mejores filmes —quizá el más equilibrado de todos hasta la fecha—, con la frescura y energía heredadas de Scorsese, pero todavía sin la pretenciosidad o solemnidad de algunos títulos posteriores.
Es un convincente retrato de una época y de unos personajes que la vivieron a fondo, apoyado como siempre en un reparto de altura en el que Philip Baker Hall, Luis Guzmán, Alfred Molina, Melora Walters y Thomas Jane tienen papeles menores.

El director de fotografía
El director de fotografía fue Robert Elswit, ASC, quien ya se había hecho cargo el año anterior de «Sydney» (1996), el debut de Anderson tras las cámaras en un largometraje.
Hasta aquel momento, con la excepción de «The Master» (2012), para la que no se encontraba disponible, había fotografiado todos los filmes de Anderson: «Magnolia» (1999), «Punch-Drunk Love» (2002), «There Will Be Blood» (2007) e «Inherent Vice» (2014).
Elswit se convirtió en uno de los operadores más respetados y solicitados de su época. Debutó como director de fotografía a comienzos de la década de 1980, cuando aún compaginaba esta labor con la de técnico de efectos visuales en Industrial Light & Magic. Hasta el comienzo de su asociación con Anderson, su carrera había transcurrido de forma más o menos anónima, con muchos proyectos de escasa visibilidad.
Entre las excepciones se encuentran «The Hand That Rocks the Cradle» (1992) y «The River Wild» (1994), ambas a las órdenes de Curtis Hanson. En el mismo año en que estrenó «Boogie Nights», Elswit rodó también una entrega de James Bond, «Tomorrow Never Dies» (1997), y comenzó a hacerse cargo de cine de mayor presupuesto.
Junto a George Clooney rodó «Good Night, and Good Luck» (2005), por la que obtuvo su primera nominación al Óscar, premio que consiguió con Anderson por «There Will Be Blood» (2007). Trabajos sólidos como «Michael Clayton» (2007), «The Town» (2010), «Mission: Impossible – Ghost Protocol» (2011) y «Mission: Impossible – Rogue Nation» (2015) ponen de manifiesto el nivel de confianza del que gozaba en Hollywood.

Análisis del estilo visual
La imagen de «Boogie Nights» sigue la senda iniciada en «Sydney» (1996), aunque aquí Anderson y Elswit —como en sus siguientes películas— optaron por primera vez por el formato panorámico anamórfico como lienzo para plasmar sus imágenes.
Parece ser, además, que Anderson ya insistió, como en trabajos posteriores, en evitar las emulsiones de alta sensibilidad —500T— por su mayor grano, favoreciendo una emulsión o emulsiones que, aunque requiriesen más luz, ofrecieran la posibilidad de obtener imágenes más ricas.
Si por algo se caracterizan los trabajos de Anderson y Elswit de esta época es por la riqueza del color, fruto sin duda de sobreexponer los negativos —dejándolos muy densos— y bajar las imágenes al positivarlas. Juegan así la baza de una paleta muy amplia, que prácticamente acoge todos los colores del espectro y múltiples mezclas de temperaturas de color, para trasladar al espectador a la época sin degradar las imágenes con el fin de reproducir su estética.
Para ampliar
Las características de las C-Series y del zoom anamórfico se desarrollan en Guía de Ópticas de Cine (V): juegos de lentes anamórficas.

La película comienza con un vistoso y complicado plano secuencia de Steadicam, desde el exterior hasta el interior de una discoteca, en el que Anderson presenta a los personajes principales y realiza toda una declaración de principios. Al más puro estilo de Scorsese, mostrará a una serie de personajes excesivos y filmará con mucha garra y energía.
La cámara de Anderson, aunque también tiene momentos de pausa y sosiego, se mueve con tanta frecuencia como inteligencia a lo largo de la proyección. En muchas ocasiones es además un medio narrativo que sitúa al espectador como observador o casi como partícipe de la acción, haciendo un estupendo uso de la pantalla panorámica.
Fiel a la realidad del momento, presenta las imágenes del porno de los años setenta en 16mm y pantalla completa, mientras que en los ochenta el vídeo NTSC en formato 4:3 aparece en el centro de la pantalla Scope. Anderson recurre también varias veces a una herramienta muy propia de la época, el zoom, aunque seguramente complicase la labor de Elswit porque estas lentes requieren más luz, especialmente en formato anamórfico.

Conclusión final
Elswit realiza un trabajo muy bueno, en el que la variedad de texturas, tonos cromáticos y fuentes de iluminación es constante. Ofrece un aspecto natural, aunque siempre con matices que estilizan, aportan glamour o ponen de manifiesto la decadencia de los personajes conforme avanza la narración.
Prácticamente no hay dos escenas consecutivas fotografiadas de la misma manera, excepto quizá los exteriores nocturnos con potentes HMI de contraluz. Ya sea mediante fluorescentes, lámparas incandescentes integradas y rebajadas con dimmers o exteriores diurnos con sol, el aspecto siempre es muy rico. Gracias a los adecuados diseños de producción y vestuario, las imágenes resultan muy coherentes con la época retratada.
Así pues, «Boogie Nights» es un trabajo muy sólido, con una puesta en escena inspirada y un tratamiento visual muy elaborado. Tras el ensayo de «Sydney» (1996), Anderson y Elswit confirmaron que la suya era una relación profesional destinada a proporcionar imágenes de enorme interés.
© Ignacio Aguilar, 2015. Revisada en 2026.