Título en España: Aeropuerto 77
Año de Producción: 1977
Director: Jerry Jameson
Director de Fotografía: Philip Lathrop, ASC
Ópticas: C-Series y Super High Speed de Panavision
Emulsión: Kodak 5247 (100T)
Formato y Relación de Aspecto: 35mm anamórfico (Panavision), 2.4:1
Otros: fotografía de segunda unidad de Rexford Metz, ASC. Efectos especiales fotográficos de Albert Whitlock.
Vista en Blu-ray
Un eficaz ejemplo del cine de catástrofes de los setenta, sostenido por la fotografía clásica de Philip Lathrop y unos efectos visuales artesanales de primer nivel.
La película
Segunda secuela de «Airport» (1970), que se declara a sí misma inspirada a su vez por la novela original de Arthur Hailey, aunque su argumento no tenga nada que ver con la película inicial y sí mucho más con la moda del cine de catástrofes que asoló Hollywood durante la década de los setenta.
En esta ocasión, el argumento gira en torno a un Boeing 747 de lujo, propiedad de un millonario (James Stewart) y que transporta obras de arte. El avión es secuestrado con la cooperación del copiloto (Robert Foxworth) para robarlas, pero, mientras vuela bajo para escapar del radar, choca accidentalmente contra una torre de extracción de petróleo, ameriza y se hunde en el mar a poca profundidad.
Los pasajeros, liderados por el piloto (Jack Lemmon), tratarán entonces de enfrentarse a su situación para sobrevivir. Dejando de lado la credibilidad de la premisa y el escaso desarrollo de unos personajes interpretados por Lee Grant, Joseph Cotten, Brenda Vaccaro, Olivia de Havilland, Christopher Lee y el habitual George Kennedy, los resultados son entretenidos y tienen buen ritmo, con escenas de suspense bien llevado y efectos visuales artesanales a cargo del maestro Albert Whitlock.

El director de fotografía
El director de fotografía fue un clásico de la Universal, Philip Lathrop, ASC, quien ya se había encargado de la anterior película de la serie, «Airport 1975» (1974). Antiguo operador de cámara de Russell Metty —a Lathrop se le deben tomas tan legendarias como el plano secuencia de apertura de «Touch of Evil» (1958), de Orson Welles—, desarrolló su carrera principalmente en el estudio.
Como otros colegas de profesión de su generación, entre ellos Fred Koenekamp o Joseph Biroc, Lathrop dedicó los últimos años de su carrera a la televisión, donde su estilo de la vieja escuela, que nunca se adaptó realmente a las nuevas tendencias estilísticas, encajaba mejor que en el cine.
De su obra destacan sus ocho películas con Blake Edwards hasta 1971, entre las que se incluyen «Days of Wine and Roses» (1962) y «The Pink Panther» (1963), además de las dos por las que fue candidato al Oscar: «The Americanization of Emily» (1964) y «Earthquake» (1974).
También rodó con John Boorman «Point Blank» (1967), con Sydney Pollack «They Shoot Horses, Don’t They?» (1969) y con Walter Hill «Hard Times» (1975) y «The Driver» (1978). A pesar de ello, siempre se le ha reconocido mucho más como un técnico con oficio que como un verdadero artista de la fotografía.

Análisis del estilo visual
La fotografía de «Airport ’77» es también la mejor de las secuelas de la película original de George Seaton. Se apoya, además, en los efectos visuales de Albert Whitlock, con una serie de pinturas mate que crean la ilusión del 747 en pleno vuelo y varias composiciones ópticas meritorias para la época.
También resulta fundamental el diseño de producción de George C. Webb. La película obtuvo dos candidaturas al Oscar: dirección artística —Webb y el decorador Mickey S. Michaels— y vestuario —Edith Head y Burton Miller—.
Según el propio Lathrop, se benefició mucho de la introducción, justo cuando iba a comenzar el rodaje en agosto de 1976, de la segunda versión de la Kodak 5247. En opinión del director de fotografía, poseía una sensibilidad real de aproximadamente 200-250 ASA, de modo que el forzado de un diafragma no degradaba la calidad de imagen, todo ello con una latitud superior a la de la 5254 o la primera versión de la 5247.
Esta última, introducida a comienzos de 1974, fue retirada en Estados Unidos ante las críticas de los operadores, aunque no en Europa, donde se utilizó hasta ser reemplazada por la versión mejorada.
Las dimensiones y la forma del avión dictaban la necesidad de utilizar el formato panorámico anamórfico. La mayor sensibilidad del material posibilitó que Lathrop, en una labor conjunta con el diseñador de producción, introdujera un buen número de fuentes integradas en los decorados.

En las escenas previas al accidente, rodadas por la noche, destaca el contraste que Lathrop emplea en la cabina de mando, así como el aspecto lujoso de la cabina de pasajeros. Después del accidente, cuando la mitad de las luces deja de funcionar, utiliza mucho menos relleno y unidades de iluminación más pequeñas, como luces directas sobre los actores.
El aspecto es adecuado en todo momento, aunque, en la línea habitual del operador, tampoco resulta brillante en ninguna secuencia. La abundante fotografía submarina funciona muy bien, con planos rodados en el tanque del estudio y secciones del avión sumergido construidas a escala real, uno de los pasajes técnicamente más logrados de la película.
Lathrop subexpone en algunos momentos en que las luces se pierden, pero por lo general muestra su clasicismo renunciando a abrir el diafragma más allá de T4. La excepción es una escena entre James Stewart y George Kennedy en un hangar, en la que se aprecia claramente el uso de objetivos ultraluminosos y abundante luz disponible, seguramente rodando entre T1.4 y T1.8 como mucho.

Conclusión final
La puesta en escena de Jerry Jameson, director generalmente televisivo que también se hizo cargo de «Raise the Titanic» (1980), es efectiva y funcional. Utiliza bien los recursos a su disposición, como la cámara al hombro durante las acciones de los secuestradores antes del accidente, mientras reserva un estilo más formal para la tripulación y los pasajeros. Vuelve al hombro en las escenas finales de acción con bastante acierto, logrando un buen suspense.
Entre la labor de técnicos como Whitlock, Webb y Lathrop y la puesta en escena, que hace que a veces «Airport ’77» sea un thriller de cierto interés en su simpleza, el aspecto global de la película es bueno. Supera fácilmente a su antecesora y, no digamos ya, a su penosa continuación, «The Concorde… Airport ’79» (1979), en la que a la pérdida de valores de producción se sumó un argumento delirante que hace que, comparativamente, el de la presente película y su desarrollo sean cinéma-vérité.
Se constituye así como un buen entretenimiento y un buen ejemplo del cine comercial de estudio de los años setenta, antes de que se consolidaran efectos visuales modernos y mucho más ambiciosos con títulos como «Star Wars» (1977), «Close Encounters of the Third Kind» (1977) o «Alien» (1979).
© Ignacio Aguilar, 2017. Revisada en 2026.
Ignacio Aguilar, AEC, es director de fotografía y autor de ON FILM & DIGITAL. Puedes conocer su trayectoria, explorar el archivo de reseñas, consultar su biografía profesional y sus trabajos seleccionados.