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Avatar: Fire and Ash (Avatar, Fuego y Ceniza, 2025) – Fotografía de Russell Carpenter - Ignacio Aguilar
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Avatar Fire and Ash 2025 fotografía de Russell Carpenter en Pandora

Avatar: Fire and Ash (Avatar, Fuego y Ceniza, 2025) – Fotografía de Russell Carpenter

«Avatar: Fire and Ash»
Título en España: Avatar, Fuego y Ceniza
Año de Producción: 2025
Director: James Cameron
Director de Fotografía: Russell Carpenter, ASC
Ópticas: Fujinon MK & Cabrio
Formato y Relación de Aspecto: Sony CineAlta VENICE (X-OCN 4K, Dual Strip 3D), 1.85:1 (3D) o 2.39:1 (2D)

3D HFR, Sony VENICE y Russell Carpenter al servicio de una Pandora técnicamente apabullante, aunque cada vez menos sorprendente.

La película

Segunda continuación de «Avatar» (2009) y continuación directa de la estupenda «Avatar: The Way of Water» (2022), con la que James Cameron continúa su historia ambientada en Pandora: en esta ocasión, los acontecimientos se desarrollan poco después de los de la segunda película. El revivido coronel Miles Quaritch (Stephen Lang) sigue pretendiendo recuperar a su hijo Spider (Jack Champion) y atrapar a Jake Sully (Sam Worthington); para ello se aliará con la líder de una peligrosa tribu de nativos (Oona Chaplin), mientras que en la familia Sully, su hija adoptiva Kiri (Sigourney Weaver) comenzará a tener extraños poderes.

No es que «Avatar: Fire and Ash» suene a más de lo mismo, es que es exactamente más de lo mismo; es cierto que James Cameron nunca se ha caracterizado por su originalidad (más allá de su primer «Terminator», casi toda su obra son remakes/secuelas propios o ajenos), pero en este caso la falta de nuevas ideas, o lo poco desarrolladas que están las presentes, es especialmente sangrante. A pesar de ello, el film es un espectáculo de primerísima categoría si se visiona en su formato nativo (3D HFR), además de que hasta el último dólar invertido en su rodaje está presente en pantalla, especialmente a través de los efectos visuales o de la extraordinaria captura de movimiento de actores reales «pasados» a animación. Zoe Saldaña, Kate Winslet, David Thewlis o Giovanni Ribisi completan el reparto.

Fotograma de Avatar Fire and Ash con personajes Na’vi y atmósfera volcánica en Pandora

El director de fotografía

El director de fotografía continúa siendo Russell Carpenter [ASC], que junto con James Cameron rodó la fotografía principal de ambas películas, una tras otra. Carpenter es sobre todo conocido, por supuesto, por su asociación con el director canadiense: rodaron juntos «True Lies» (1994), el cortometraje en 65mm «Terminator 2: Battle Across Time» (1996) para los estudios Universal y, por supuesto, «Titanic» (1997), si bien el director de fotografía originalmente escogido por James Cameron fue Caleb Deschanel, que de hecho comenzó el rodaje de las secuencias modernas en Halifax. Carpenter, en cualquier caso, rodó el grueso del multipremiado film y obtuvo tanto el Oscar como el premio de la American Society of Cinematographers (ASC).

Curiosamente, para el retorno de James Cameron a la dirección con «Avatar» (2009), el director no contó de nuevo con Carpenter, sino con Mauro Fiore, que ganó uno de los premios Oscar más discutidos de la historia de los premios, ya que apenas 1/3 de la película terminada contenía metraje de acción real. Además de sus películas con James Cameron, el ya veterano Russell Carpenter tiene en su haber largometrajes de acción como «Solar Crisis» (Richard C. Sarafian, 1990), «Hard Target» (John Woo, 1993), «The Negotiator» (F. Gary Gray, 1998), «Charlie’s Angels» (McG, 2000), «Monster in Law» (Robert Luketic, 2005), «This Means War» (McG, 2012) o «Ant-Man» (Peyton Reed, 2015).

Fotograma de Avatar Fire and Ash con profundidad estereoscópica y diseño visual de Pandora

Análisis del estilo visual

Técnicamente, al estar rodadas simultáneamente, las especificaciones de «Avatar: Fire and Ash» y de «Avatar: The Way of Water» son las mismas: ambas están rodadas con la Sony VENICE en formato 4K, con lentes zoom Fujinon MK y Cabrio, en rigs 3D con el módulo Rialto, que permite que estos rigs estereoscópicos puedan ser mucho más compactos y ligeros que si se tratase de un rodaje convencional con el cuerpo de cámara de la propia Sony VENICE o una Arri Alexa. Ya en el film anterior había poco metraje real, en el sentido de metraje capturado con actores reales y que no haya sido postproducido para convertir a los mismos en los Na’vi, o que no contuviera amplísimos efectos de postproducción; en el caso de «Fire and Ash», da la sensación de que ese metraje es aún más insignificante dentro de sus casi doscientos minutos de proyección.

Es, por lo tanto, un film que, como el anterior, no puede juzgarse en términos estrictos de lo que habitualmente se considera una fotografía cinematográfica: hay pocos decorados reales y sí, muchas extensiones de pequeñas partes o trozos de los mismos, que es lo único construido por los cineastas, ya que el grueso del rodaje consistió —a tenor de lo visto— en rodar lo justo como para poder irse posteriormente a una larga postproducción, en donde realmente no se termina la película, que sería lo habitual, sino que se hace la misma en este caso.

Fotograma de Avatar Fire and Ash con acción en Pandora y captura de movimiento fotorrealista

Dentro de este contexto, lo poco que se puede ver del trabajo de Russell Carpenter es muy bueno: como decíamos, cada dólar invertido se aprecia claramente en pantalla, con multitud de efectos tridimensionales que dejan con la boca abierta al espectador. Y no nos referimos a decisiones de postproducción en este caso, sino a la forma en la que James Cameron y (entendemos) su director de fotografía deciden orquestar la puesta en escena: dónde situar a la cámara, a qué altura, a los personajes, en qué (distintos) términos se va a situar a cada uno, el grado de desenfoque, así como qué elementos va a haber por delante o detrás de los mismos para generar esa profundidad y espacialidad que es tan necesaria en una imagen tridimensional tan pura y tan verdadera como la que ofrece «Avatar: Fire and Ash».

Todo ello sin olvidar que, en general, las secuencias de diálogo están rodadas en el estándar de 24 fotogramas por segundo, mientras que el grueso de las secuencias submarinas y las secuencias de acción están rodadas a 48 fotogramas por segundo. Viendo el film tal y como está diseñado, en formato HFR (High Frame Rate), las primeras se proyectan a 24 fotogramas y las segundas a 48 fotogramas, lo que produce un efecto más fluido y natural en este tipo de proyección 3D (en opinión de quien suscribe estas líneas, en una película de acción real y 2D, el efecto sería seguramente insoportable).

El resultado es, como en «The Way of Water», una inmersión total y absoluta, además de que la captura de movimiento es tan perfecta que, viendo el film, uno a veces llega a cuestionarse si se trata de efectos visuales o incluso, por momentos, en planos muy cortos, actores maquillados como los personajes ficticios que representan. Durante las escenas de acción especialmente, resulta también asombrosa la cantidad de información visual, objetos y personajes en movimiento que aparecen de forma simultánea, un signo más de esa perfección que rodea a toda la producción.

Fotograma de Avatar Fire and Ash con Jake Sully y la nueva tribu de Pandora

Conclusión final

Los resultados, por consiguiente y desde un punto de vista técnico, son apabullantes, pues como en el título anterior, se consigue recrear a la perfección el mundo de Pandora y los personajes que lo habitan. Tiene la ventaja artística de tener a los mandos a cineastas que saben lo que es una puesta en escena y saben, además, cómo explorar y explotar a fondo el formato tridimensional y la alta tasa de fotogramas (incluso, podríamos añadir, que aunque a veces sus decisiones técnicas respecto a las presentaciones de sus películas sean discutibles, James Cameron es un cineasta que se preocupa de verdad por la calidad visual de su obra).

El problema radica en que «Avatar: The Way of Water» era o es una película preciosa a nivel conceptual, describiendo un mundo idílico en el que sus personajes viven y disfrutan, por lo que esa técnica maravillosa estaba al servicio de una descripción de ambientes, e incluso sentimientos vitales, que encajaban como un guante los unos con los otros. Como en el caso de «The Way of Water», cuya historia realmente también era muy simple, en «Fire and Ash» el guión es lo de menos, pero aun así, está tan pobremente desarrollado, que afecta al conjunto porque se repiten escenas, situaciones y escenas de acción que prácticamente son intercambiables.

Y sin embargo, esa sorpresa que generaba la belleza de «The Way of Water», que en ese sentido tenía una chispa indudable —continúa siendo uno de los grandes espectáculos cinematográficos que jamás he presenciado, gracias al 3D HFR— se pierde por completo en «Fire and Ash». Sí, a menudo deja con la boca abierta, pero ya no sorprende, ni es tan «bonita» audiovisualmente, sin duda la mayor virtud del anterior film, que superaba ampliamente al «Avatar» original en todos los aspectos. En cierto modo, es una lástima que un cineasta con tantas virtudes como James Cameron no haya aplicado toda esta maravilla técnica a un nuevo proyecto, a algo diferente, con nuevos diseños, porque esta Pandora continúa siendo disfrutable pero muestra evidentes signos de agotamiento. Esperemos que a sus casi 72 años de edad, al creador de «Aliens» —ampliamente referenciada en este título— aún le queden fuerzas para ello.

Vista en IMAX 3D HFR (2K)

ON FILM & DIGITAL
© Ignacio Aguilar, 2026.

Ignacio Aguilar, AEC, además de ser autor y editor de ON FILM & DIGITAL, es director de fotografía de películas como «La Pasajera» (Fernando González Gómez, Raúl Cerezo, 2021), «Viejos» (ídem, 2022), «Rabios@» (Luis Mª Ferrández, 2025), o las escenas españolas del Western «Dead Souls» (Alex Cox, 2025). Tiene pendiente de estreno «Los Que Vienen» (Víctor Català, 2026). Además colabora en diversos centros educativos, tanto en Master, como Grados o Diplomaturas, en TAI, ESCAC, THE CORE o ECAM, entre otros. Es «Independent Certified Expert» (ICE) de Sony, así como embajador en España para las lentes Cooke SP3. Las opiniones del autor son estrictamente personales.



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