Título en España: Richard Jewell
Año de Producción: 2019
Director: Clint Eastwood
Director de Fotografía: Yves Bélanger, CSC
Ópticas: Panavision C-Series
Formato y Relación de Aspecto: Arri Alexa (ArriRaw 3.4K), 2.4:1
Vista en HDTV 4K
Yves Bélanger firma una fotografía moderna, discreta y fluida, que acompaña la narración de Clint Eastwood sin reclamar protagonismo para sí misma.
La película
Adaptación cinematográfica de un artículo periodístico de Marie Brenner y de un libro de Ken Alexander y Kevin Salwen, que cuenta la historia de Richard Jewell (Paul Walter Hauser), un vigilante de seguridad que, durante los Juegos Olímpicos de Atlanta en 1996, alertó de la presencia de un paquete sospechoso en un parque y, puesto que se trataba de una bomba, salvó la vida a decenas de personas.
Sin embargo, ante la ausencia de sospechosos, así como algunas evidencias que parecían indicar que Jewell poseía rasgos de terrorista solitario, se inició una investigación en su contra, que es la que narra —y muy bien, por cierto— Clint Eastwood. Se trata de una película muy bien interpretada, mejor escrita —especialmente en cuanto al retrato de los personajes «negativos»— que otros títulos del realizador y que, si bien no tiene una gran historia que contar, posee una sencillez en las formas y una honestidad que elevan notablemente el interés del conjunto.
Kathy Bates, nominada al Oscar a la mejor actriz secundaria por su papel como la madre de Jewell; Sam Rockwell, como su abogado; Olivia Wilde, como la periodista que destapa públicamente la investigación; y Jon Hamm, como el encargado de esta, completan el reparto de la película.

El director de fotografía
El director de fotografía es el canadiense Yves Bélanger [CSC], quien repite en este rol después de su más que satisfactorio debut junto a Clint Eastwood en “The Mule” (2018). En ella sustituyó a Tom Stern, que llevaba siendo el director de fotografía de todas las películas del actor, productor y director desde que, a su vez, sustituyera a Jack N. Green a partir de “Blood Work” (2002) y hasta “The 15:17 to Paris” (2018), en un total de catorce películas dirigidas por Eastwood e incluso quince con su presencia, si contamos “Trouble with the Curve” (2012).
Bélanger es conocido sobre todo por su labor como director de fotografía en “Dallas Buyers Club” (Jean-Marc Vallée, 2013), “Wild” (Jean-Marc Vallée, 2014), “Brooklyn” (John Crowley, 2015) y “Long Shot” (Jonathan Levine, 2019).

Análisis del estilo visual
La fotografía de “Richard Jewell” es moderna y no necesariamente corresponde con la de una película que, en el momento de su estreno, está ambientada veintitrés años en el pasado. Quizá, si los cineastas hubieran querido ser absolutamente fieles al período, debieran haber optado por un rodaje en 35mm. Pero Eastwood, desde “Jersey Boys” y “American Sniper”, ha preferido siempre la adquisición digital mediante la Arri Alexa, circunstancia que no ha sido modificada para la ocasión.
Tampoco lo ha sido su clásica elección del formato panorámico anamórfico con las lentes C-Series de Panavision, las cuales, en parte —pero solo en parte—, contrarrestan el aspecto digital de la imagen. Y decimos solo en parte porque las secuencias iniciales, en el Parque Centenario de Atlanta, por algún extraño motivo poseen cierto aspecto de vídeo de alta definición que no se corresponde con el aspecto habitual de la cámara de ARRI.
Puede ser que se deba a alguna configuración de obturación durante el rodaje, al tratarse de una secuencia nocturna, o bien a algún tipo de procesado de posproducción, o incluso al uso de lo que claramente parecen fuentes LED —circunstancia que también sería anacrónica, por supuesto—, pero los resultados son esos: la imagen posee cierta reminiscencia de vídeo.

A continuación, el grueso de la película transcurre por cauces normales, recuperando la combinación de la Arri Alexa con la Serie C de Panavision su gozoso aspecto habitual. Bélanger plantea casi siempre una iluminación lo más sencilla posible, con fuentes proyectadas a través de las ventanas y luz suave sobre los personajes, o bien luz suave procedente de fuentes integradas en los interiores nocturnos y luz cenital sobre los intérpretes.
Deja que uno de los sellos habituales del cine de Clint Eastwood, primero implementado por Bruce Surtees, continuado por Jack Green y llevado al límite por Tom Stern —los potentes haces de luz dura—, aparezca únicamente de forma puntual y, generalmente, imitando los efectos de la luz del sol. Así sucede, por ejemplo, en la escena en el periódico con persianas venecianas o en la escena final en la cafetería entre los personajes de Hauser, Rockwell y Hamm, en la que un gran aparato situado a mucha distancia hace las veces del sol.
Por supuesto, lo más complicado del rodaje son las secuencias de conciertos, como aquella en la que se produjo el atentado. Como decíamos, parece que Bélanger las resuelve con muchas luces interactivas y LED de diferentes tonalidades, que producen una luz que fluctúa constantemente durante la escena, tanto en intensidad como en color.
Para profundizar en las Panavision C-Series, el formato anamórfico y la forma en que las ópticas modulan el aspecto digital:

Conclusión final
Los resultados son, por lo general, bastante buenos. A pesar de que parece obvia la voluntad de Eastwood de rodar todo muy rápido —lo que hace que algunos interiores reales parezcan filmados con las luces reales de los mismos en algunos momentos—, Bélanger se las ingenia para realizar una fotografía silenciosa en la que todo luce bien, pero sin estridencias ni llamar la atención sobre sí misma.
Esa voluntad de Eastwood de rodar rápido también parece evidente por el abultado número de tomas con Steadicam —con el habitual Stephen Campanelli a los mandos— de las que hace gala la película. Es como si el director, en lugar de querer rodar múltiples planos, tomas o puntos de vista, hubiera hecho el esfuerzo de intentar captar todo lo posible con planos largos en el soporte inventado por Garrett Brown.
Ello produce resultados un poco contradictorios. En el lado positivo, contribuye a esa sensación fluida y dinámica que posee la historia en pantalla —y ojo, que sus más de dos horas de proyección se pasen volando es una de las virtudes del filme—. Pero, por otro, también es una Steadicam silenciosa y sobre la que, insistimos, es evidente que en parte se usa para ir más rápido y solucionar secuencias en el menor número de tomas posibles.
Por lo tanto, “Richard Jewell” se encuentra lejos de los grandes logros estéticos del cine de Clint Eastwood, que posee unos cuantos, pero tiene un aspecto visual que ni desentona ni llama la atención sobre sí mismo, dejando que sean los actores y la historia real los que cobren un más que adecuado protagonismo.
© Ignacio Aguilar, 2020. Revisada en 2026.
El autor
Ignacio Aguilar, AEC, es director de fotografía y autor de ON FILM & DIGITAL. Puedes conocer su trayectoria, explorar el archivo de reseñas, consultar su biografía profesional y sus trabajos seleccionados.