REDES SOCIALES
Copyright © Ignacio Aguilar
The Lion King (2019): fotografía de Caleb Deschanel
9456
wp-singular,post-template-default,single,single-post,postid-9456,single-format-standard,wp-theme-bridge,wp-child-theme-bridge-child,bridge-core-3.3.4.6,qi-blocks-1.5.3,qodef-gutenberg--no-touch,qode-optimizer-1.2.3,qode-page-transition-enabled,ajax_fade,page_not_loaded,,qode-title-hidden,side_area_uncovered_from_content,qode-smooth-scroll-enabled,qode-child-theme-ver-1.0.0,qode-theme-ver-30.8.8.6,qode-theme-bridge,qode_header_in_grid,bridge,wpb-js-composer js-comp-ver-8.7.2,vc_responsive
Fotografía de Caleb Deschanel en The Lion King

The Lion King (El Rey León, 2019) – Fotografía de Caleb Deschanel

Título en España: El Rey León
Año de Producción: 2019
Director: Jon Favreau
Director de Fotografía: Caleb Deschanel, ASC
Ópticas: Panavision Primo 70
Formato y Relación de Aspecto: Arri Alexa 65 (ARRIRAW 6.5K), 1.85:1
Vista en DCP Láser Projection

Caleb Deschanel traslada su naturalismo, sus contraluces y su gusto por la hora mágica a un entorno virtual de apariencia casi fotográfica.

La película

Remake literal de la película animada de 1994, de la que no solo toma prácticamente al pie de la letra su guion, su banda sonora y sus canciones, sino también muchos de sus planos e ideas visuales. Eso sí, ya no mediante animación tradicional, sino a través de las más modernas técnicas de imagen digital, incluyendo bastantes momentos de exhibición de las mismas que hacen que el metraje se incremente en casi media hora.

La historia es de sobra conocida: el viejo león, rey de la manada, tiene un hijo llamado a ser su heredero, pero su hermano se opone a ello y conspira para tenderle una trampa, asesinar al padre y tomar él mismo el poder.

Por más que la historia sea la misma y que múltiples elementos se mantengan inalterados, en el tránsito hacia la imagen casi real que ofrece la película de Jon Favreau se pierde parte del estilo directo de la cinta de animación y de su encanto como conjunto. En este sentido, es inferior a la versión de “The Jungle Book” que el mismo director estrenó en 2016.

Simba y Mufasa en The Lion King

El director de fotografía

El director de fotografía es el norteamericano Caleb Deschanel [ASC], todo un veterano, ya que contaba con 74 años en el momento del estreno de este largometraje. Aun así, su trabajo del año anterior en “Never Look Away” (Florian Henckel von Donnersmarck, 2018) demuestra que seguía encontrándose en plena forma y en un momento de madurez envidiable.

Ello le situaba, seguramente, como el último representante en activo del estilo y la filosofía de operadores como Gordon Willis, Conrad Hall u Owen Roizman, entre otros. Activo en cine desde 1979, cuando debutó con títulos como “Being There” y “More American Graffiti”, Deschanel es conocido por sus imágenes realistas y sus cualidades para embellecer la realidad.

Hasta entonces había acumulado seis nominaciones al Oscar, sin llegar a ganar el premio: “The Right Stuff” (Philip Kaufman, 1983), “The Natural” (Barry Levinson, 1984), “Fly Away Home” (Carroll Ballard, 1996), “The Patriot” (Roland Emmerich, 2000), “The Passion of the Christ” (Mel Gibson, 2004) y la mencionada “Never Look Away”.

Atardecer virtual fotografiado por Caleb Deschanel en The Lion King

Análisis del estilo visual

Una de las claves de la imagen de esta nueva versión de “The Lion King” es la presencia de Robert Legato [ASC] entre el equipo. Ganador del Oscar de efectos visuales ya en la época de “Titanic” (James Cameron, 1997), Legato fue responsable de la creación de los escenarios de “Avatar” (James Cameron, 2009) y de los efectos visuales de películas de Martin Scorsese como “Shutter Island” (2010) o “Hugo” (2011).

En este caso, la producción rodó algunas tomas y fondos en Kenia con la Arri Alexa 65 y lentes Panavision. El viaje también sirvió seguramente a Deschanel para familiarizarse con el tipo de luz de la sabana africana y, a Legato, para recopilar y crear sus entornos virtuales sobre una base real.

Posteriormente, toda la película fue rodada “dentro” de ese entorno de realidad virtual, con los decorados visibles en 360 grados a través de las gafas adecuadas. Dentro del sistema, Deschanel y Favreau podían elegir sus movimientos de cámara y encuadres, así como el tipo de luz —con sus cualidades, tonos y dirección— que querían emplear para cada escena.

Entorno digital y luz naturalista en The Lion King

De este modo, aseguran que, una vez uno se acostumbra al sistema de trabajo, este no difiere tanto como cabría pensar de la filmación “normal” de una película en estudio. Solo que los cambios y las opciones escogidas, lógicamente, no exigen un trabajo físico, sino que son aplicaciones dentro del entorno de realidad virtual.

Así pues, la labor de Deschanel es más la de un diseñador de iluminación o un creador de conceptos que la de un director de fotografía propiamente dicho, ya que, en lugar de iluminar un set, se crea la luz del entorno virtual.

Una vez sentadas estas bases, lo cierto es que la luz de esta nueva versión de “The Lion King” se parece mucho a sus conceptos habituales de fotografía. Las escenas felices están rodadas en gloriosos atardeceres a contraluz, como en los mejores títulos de su filmografía, mientras que las escenas nocturnas poseen tonos azulados que recuerdan a películas suyas como “The Patriot” o al comienzo de “The Passion of the Christ”.

Las escenas intermedias juegan o bien a mostrar escenarios lo más bellos posible —pero sin recurrir a esos atardeceres— o, en los momentos más dramáticos de la historia, a proporcionar tonos azulados y algo desagradables que tratan de trasladar al espectador el estado de ánimo de los personajes.

Alexa 65, gran formato y ópticas Primo 70

Las particularidades del gran formato digital, su perspectiva y la cobertura de las ópticas se desarrollan en Formato Full Frame en cine: guía práctica sobre Large Format y VistaVision (I).

Iluminación de Caleb Deschanel en The Lion King

Conclusión final

Por supuesto, tratándose de entornos virtuales, a veces mezclados con imágenes de acción real modificadas, la luz es siempre exquisita y perfecta, tanto en su apariencia como en su continuidad o en el efecto que crea al recaer sobre los animales que aparecen en pantalla.

Sin embargo, de alguna manera, esa hiperrealidad que atesora el conjunto y que es su mayor cualidad —pues la película es intachable a nivel visual y de acabado— también juega en su contra. Cuando vemos la película de animación somos plenamente conscientes de estar viendo una historia de ficción, por bien ambientado que esté el original.

En cambio, en esta nueva versión, con sus escenarios que parecen maravillosas postales y los animales moviéndose con total naturalidad por ellos, todo parece tan real, sin serlo, y está tan embellecido que causa de forma automática cierto distanciamiento. Este no juega a favor de la historia, especialmente cuando esos animales que parecen tan reales se ponen a hablar.

Los resultados son extraños, puesto que se crean dos efectos contrapuestos que al final no terminan de sentarle bien a la narración, por más que el envoltorio sea técnicamente superlativo.

© Ignacio Aguilar, 2019. Revisada en 2026.

El autor

Ignacio Aguilar, AEC, es director de fotografía y autor de ON FILM & DIGITAL. Puedes conocer su trayectoria, explorar el archivo de reseñas, consultar su biografía profesional y sus trabajos seleccionados.