War for the Planet of the Apes (La Guerra del Planeta de los Simios, 2017) – Fotografía de Michael Seresin
Título en España: La Guerra del Planeta de los Simios
Año de Producción: 2017
Director: Matt Reeves
Director de Fotografía: Michael Seresin, BSC
Ópticas: Hasselblad y Vintage 765
Formato y Relación de Aspecto: Arri Alexa 65 (ARRIRAW 6.5K), 2.4:1
Otros: fotografía de segunda unidad y adicional de Shaun O’Dell
Vista en DCP
Michael Seresin lleva su estilo sombrío, minimalista y naturalista al gran formato digital de la Alexa 65, integrándolo con una captura de movimiento y unos efectos visuales extraordinariamente avanzados.
La película
Espectacular cierre de la trilogía formada por «Rise of the Planet of the Apes» (2011) y «Dawn of the Planet of the Apes» (2014). Matt Reeves, director de la segunda entrega, vuelve a colocarse detrás de las cámaras para narrar la conclusión de la historia de César y su grupo de simios inteligentes.
Estos desean abandonar su asentamiento para llegar hasta un valle lejano y vivir fuera del alcance de la raza humana. Sin embargo, antes de partir, la esposa y el hijo de César son asesinados por «El Coronel» (Woody Harrelson) y su grupo.
Los hombres poseen un fortín al norte, en la frontera, donde esperan el ataque inminente de otro grupo armado. Ello hace que César decida dirigirse hacia allí en busca de venganza.
Con muy pocos diálogos y una narración basada principalmente en imágenes y en el uso de CGI muy avanzados, Reeves consigue que esta conclusión esté no solo a la altura de sus dos antecedentes, sino quizá incluso por encima.
Destacan la ambientación, la música, la puesta en escena y la fotografía, así como la perfecta simbiosis entre los actores que encarnan a los protagonistas —capitaneados una vez más por Andy Serkis— y los efectos visuales que reemplazan sus facciones por las de los simios.

Desde el primer minuto de proyección, el espectador se sumerge completamente en la película como si la totalidad de esta fuera de acción real.
El director de fotografía
El director de fotografía vuelve a ser el veteranísimo neozelandés Michael Seresin, BSC. Nacido en 1942, se estableció en Inglaterra a finales de los años sesenta, donde rápidamente se hizo un nombre como director de fotografía y realizador de anuncios publicitarios.
Pertenece, por tanto, a la misma generación que Ridley y Tony Scott, Alan Parker o Adrian Lyne, quienes revolucionaron la publicidad a nivel mundial. Su carrera cinematográfica es mucho más corta de lo que quizá debería haber sido.
A pesar de ello, destacan títulos como «Bugsy Malone» (1976), «Midnight Express» (1978) o «Fame» (1980), todos a las órdenes de Alan Parker; «Foxes» (1980), de Adrian Lyne; «Birdy» (1984) y «Angel Heart» (1987), de nuevo con Parker.
Ya en los años noventa rodó «City Hall» (1996) y «Mercury Rising» (1998), ambas de Harold Becker. Después volvió a trabajar con Parker en «Angela’s Ashes» (1999) y «The Life of David Gale» (2003).

En 2004, cuando Emmanuel Lubezki no pudo hacerse cargo de «Harry Potter and the Prisoner of Azkaban», bajo la dirección de Alfonso Cuarón, Seresin rodó la película. También sustituyó a Lubezki durante el rodaje de «Gravity» (2013), por la que recibió un crédito de fotografía adicional a pantalla completa.
En 2014 estrenó «Dawn of the Planet of the Apes», rodada con Arri Alexa y en 3D nativo. Posteriormente fotografió para Andy Serkis «Mowgli: Legend of the Jungle» (2018), un nuevo espectáculo basado en la fusión de intérpretes y efectos CGI.
Análisis del estilo visual
Seresin es conocido por su estilo minimalista, su estética sombría y su absoluta predilección por una única fuente lateral, sin luz de relleno o sin que esta resulte apenas perceptible.
A pesar de que el rodaje tridimensional y la creación de los simios mediante técnicas informáticas muy avanzadas pudieran hacer temer que el neozelandés no fuera capaz de mantener su aspecto tradicional, «Dawn of the Planet of the Apes» confirmó que el gran director de fotografía —quien, como casi todos los grandes, curiosamente no se considera una persona técnica— se encontraba, superados los setenta años, absolutamente a la vanguardia.
Ello se manifiesta en una doble vertiente. Por un lado, su estilo continúa plenamente vigente y luce tan moderno como siempre. Por otro, aunque no se considere una persona técnica, ha sabido rodearse de los mejores para continuar rodando, tanto en 3D como con multitud de efectos, con el mismo enfoque que empleaba en 35mm.

En «War for the Planet of the Apes», Reeves y Seresin abandonaron el engorroso sistema de captación nativa en 3D y lo sustituyeron por el que hasta entonces era el mejor sistema digital: la Arri Alexa 65.
Su enorme sensor, similar en tamaño al tradicional formato de 65mm de cinco perforaciones del que deriva su nombre, está formado por tres sensores ALEV III como los empleados por las Arri Alexa desde su introducción, unidos para crear una superficie de captación mucho mayor. De este modo mantiene la ciencia de color y el generoso tamaño de píxel que hicieron de la Alexa una de las cámaras favoritas del cine y la publicidad.
Seresin, tradicionalmente un hombre de Arri y no de Panavision, optó por rodar con el juego de lentes de formato medio remontado por la empresa alemana para la ocasión —principalmente Hasselblad—, así como con las ópticas preparadas a finales de los años ochenta para la Arri 765.
Esta cámara habría sido la competencia de la Panavision System 65 si el formato de 65mm hubiera repuntado en aquel momento. El mayor tamaño implica que la luminosidad de las lentes no es tan grande: parece ser que el juego empleado iba de T2.2 a T4.8, con aperturas medias entre T2.8 y T3.5.
En contraposición, el mayor tamaño del sensor permite incrementar la sensibilidad en cámara. Seresin empleó una base de 1280 EI en lugar de 800 y pudo elevarla hasta 2000 cuando fue necesario.

Bien porque Seresin sea mucho mejor técnico de lo que manifiesta, bien porque realmente se rodea de los mejores, lo más llamativo es que, siendo una película capturada en formato digital —ARRIRAW 6.5K— y casi siempre mediante captura de movimiento, su aspecto no solo resulta orgánico en todo momento, sino que respeta profundamente sus ideas estéticas habituales.
Los actores llevaban puntos de seguimiento para que Weta Digital los transformara posteriormente en simios, aprovechando su expresividad y sus movimientos. Aunque la película posee grandiosos exteriores y bellos paisajes —rodados principalmente en Vancouver—, continúa siendo un trabajo sombrío, de fuerte contraste y color reducido de forma deliberada, dominado por tonos grisáceos.
Seresin vuelve a lucirse con enormes fuentes de luz lateral suave, que crean al mismo tiempo una apariencia muy natural. También utiliza luz dura y aprovecha la bellísima respuesta de las Hasselblad cuando esta incide directamente sobre las lentes y genera flares, como sucede en las secuencias nocturnas del cautiverio de los simios.
El aspecto es muy rico, pero también natural y verosímil, sin que se vea afectado por unos CGI que no comprometen en absoluto su trabajo.

A pesar de que la Alexa 65 pudiera hacer pensar en una abundancia de tomas amplias, destaca poderosamente el uso de primeros planos. No solo por lo bien iluminados que están —por Seresin o por el equipo de CGI—, sino por su expresividad y emotividad.
La enorme resolución y la reducida profundidad de campo trasladan las emociones de los personajes desde la pantalla hasta el espectador. Sobresale la expresividad que Seresin obtiene de la joven Amiah Miller, quien encarna a un personaje mudo, así como la forma en que el operador juega con la «humanidad».
Con frecuencia sitúa una luz de ojos sobre César que permite discernir lo que siente, mientras que su antagonista, interpretado por Woody Harrelson, es un humano cuyos ojos o emociones rara vez podemos ver.
Conclusión final
Bajo la sobria puesta en escena de Reeves —un director estupendo, como ya habían demostrado «Cloverfield» (2008) y «Let Me In» (2010), y capaz de mostrar personalidad en grandes espectáculos—, los recursos visuales confluyen con las orquestaciones de Michael Giacchino.
En determinados momentos y secuencias —atención a «The Great Escape» (1963) en versión simia— reúne todas las características de lo que el que suscribe estas líneas entiende por gran cine comercial.
Por desgracia, cada vez resulta más difícil encontrar esa combinación en productos que, como el presente, superan los 150 millones de dólares de presupuesto.
© Ignacio Aguilar, 2017. Revisada en 2026.
Ignacio Aguilar, AEC, es director de fotografía y autor de ON FILM & DIGITAL. Puedes conocer su trayectoria, explorar el archivo de reseñas, consultar su biografía profesional y sus trabajos seleccionados.