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The Black Stallion (1979) – Fotografía de Caleb Deschanel
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The Black Stallion (1979), fotografiada por Caleb Deschanel

The Black Stallion (El Corcel Negro, 1979) – Fotografía de Caleb Deschanel

Título en España: El Corcel Negro
Año de Producción: 1979
Director: Carroll Ballard
Director de Fotografía: Caleb Deschanel, ASC
Ópticas: Zeiss T1.4 High Speed, Nikon, Kinoptik y Angénieux
Emulsión: Kodak 5247 (100T)
Formato y Relación de Aspecto: 35mm esférico, 1.85:1
Otros: Fotografía de segunda unidad de Stephen H. Burum, ASC; fotografía adicional de Robert Dalva
Premios: British Society of Cinematographers y BAFTA (candidata)
Vista en Blu-ray

Luz natural, contraluces y focales extremas convierten el debut de Caleb Deschanel en una de las grandes experiencias visuales del cine norteamericano de los setenta.

La película

Producción de Omni Zoetrope, la compañía de Francis Ford Coppola, con la que debutó en la dirección de largometrajes Carroll Ballard —“Never Cry Wolf” (1983), “Wind” (1992), “Fly Away Home” (1996)—, adaptando una historia de Walter Farley coescrita para la gran pantalla por Melissa Mathison, guionista de “E.T. The Extra-Terrestrial” (1982).

La película comienza en un buque frente a las costas de África, en el que viaja el pequeño Alec, interpretado por Kelly Reno, acompañado de su padre, encarnado por Hoyt Axton. En el mismo barco se encuentra un imponente caballo negro que, durante el naufragio de la nave, en mitad de la noche y en circunstancias desconocidas, ayudará al pequeño a sobrevivir en alta mar.

Juntos van a parar a una isla desierta, en la que ambos aprenden a convivir antes de volver a la civilización. Se trata de una película orientada al público infantil, pero contiene grandes valores cinematográficos: desde la sensible puesta en escena de Ballard hasta la notable banda sonora de Carmine Coppola o el montaje de Robert Dalva, pasando, por supuesto, por la excepcional fotografía de Caleb Deschanel.

Teri Garr, como la madre del chico, y Mickey Rooney, como el entrenador que le ayuda a convertir al animal en un caballo de carreras, aparecen en la segunda mitad del filme.

El niño y el caballo en la isla de The Black Stallion

El director de fotografía

El director de fotografía fue Caleb Deschanel, ASC. Nacido en 1944, pertenece al mismo grupo de cineastas que George Lucas, Coppola, Walter Murch, Matthew Robbins, Hal Barwood, Stephen Burum y el propio Carroll Ballard; estos dos últimos fueron compañeros de clase de Coppola.

Después de rodar varios cortometrajes y asumir tareas parciales de fotografía en diferentes películas —entre ellas “THX 1138” (1971), “A Woman Under the Influence” (1974) y “Apocalypse Now” (1979), para la que filmó algunos insertos de Martin Sheen leyendo los dosieres sobre el personaje de Marlon Brando en el viñedo de Coppola en California—, Deschanel debutó como principal operador en la presente película.

Sin embargo, “The Black Stallion”, rodada durante casi seis meses en 1977, no fue estrenada en cines hasta 1979. Esto permitió que Deschanel estrenase tres películas ese mismo año: la presente, “Being There” y “More American Graffiti”.

Obtuvo tanto éxito, especialmente con las dos primeras, que es posible que una división del voto entre la película de Hal Ashby y la presente le privase de una candidatura al Oscar. Aunque nunca lo ha ganado, Deschanel ha sido candidato en seis ocasiones: “The Right Stuff” (1983), “The Natural” (1984), “Fly Away Home” (1996), “The Patriot” (2000), “The Passion of the Christ” (2004) y “Never Look Away” (2018).

Ello a pesar de que tuvo un importante período de inactividad, durante el que centró su carrera en la publicidad y la dirección. En 2026, ya octogenario, continúa siendo uno de los directores de fotografía norteamericanos de mayor prestigio.

Luz natural y contraluz en The Black Stallion

Análisis del estilo visual

Se trata de una película rodada con un equipo reducido, aunque durante un largo e inusual período de seis meses, en la que muchas veces las circunstancias hacían que lo capturado por las cámaras fuera más o menos improvisado.

Lógicamente, la parte que más perdura en la memoria del espectador es la primera en orden de proyección: las escenas a bordo del barco, su hundimiento y, por supuesto, aquellas que tienen lugar en la isla —rodadas en Cerdeña— entre el niño y el caballo.

En estas últimas, Deschanel demuestra poseer un ojo privilegiado para la exposición y la utilización de la luz natural en exteriores. Evita siempre que puede las horas centrales del día y utiliza mucho el contraluz y la sobreexposición.

Como los movimientos del caballo no eran por completo previsibles, Deschanel empleó un zoom 25-250mm —seguramente Angénieux—. En toda la película, pero especialmente en esta sección, existe una fuerte predominancia del zoom entre 100mm y el final de su recorrido.

Para conseguir algunos de los momentos mágicos entre el niño y el caballo, los cineastas tuvieron que recurrir a multicámaras, lo cual aseguraba una continuidad de la luz que de otra manera habría sido imposible. Gracias a las ideas de Ballard —también fotógrafo—, las exposiciones de Deschanel, la rítmica música de Coppola padre, el afinado montaje de Robert Dalva y los grandes escenarios, estas secuencias son maravillosas y merecen un lugar de honor entre las grandes de la década de los setenta.

Teleobjetivos y luz disponible en The Black Stallion

Pero ya desde el comienzo, en el barco, se hace evidente que “The Black Stallion” dista mucho de ser una película convencional. El uso del sonido, sin apenas diálogos, así como los claroscuros de la fotografía de Deschanel, resultan muy atmosféricos para presentar a los personajes.

Mención aparte merece la secuencia del hundimiento, rodada en estudio en Roma con pocos medios y soluciones muy sencillas en cuanto a efectos visuales. Deschanel y Ballard la resuelven con mucho talento y creatividad, logrando una escena que tiene un gran impacto y un aspecto magnífico dentro de su pequeña escala.

Una vez la acción se traslada a Estados Unidos durante la segunda mitad de la proyección —estas escenas fueron las primeras en rodarse y se hicieron en Toronto y sus alrededores—, Deschanel continúa con la misma estética naturalista y sencilla de la primera mitad.

En exteriores confía de nuevo, en gran medida, en los mejores momentos de la luz disponible y en el uso de teleobjetivos. Los interiores muestran niveles de luz muy bajos y una estética muy natural, a veces con los personajes silueteados frente a fuentes situadas detrás de ellos, como en los mejores momentos de Gordon Willis durante esa década.

Iluminación naturalista de interiores en The Black Stallion

Sin embargo, hay varias escenas muy destacables en exteriores nocturnos. Una de ellas es el primer paseo nocturno del niño a caballo, resuelto con una noche americana muy convincente y tonos azulados, ante la imposibilidad de iluminar por la noche un área tan grande como un hipódromo.

La segunda tiene lugar cuando los protagonistas realizan una exhibición privada del caballo para conseguir que le permitan correr. Durante la secuencia, nocturna, cae una fuerte tormenta. Deschanel situó un arco a contraluz, algo alejado y muy alto, que, junto con los faros de los coches de época, crea un aspecto azulado magnífico.

La oscuridad y la lluvia impiden ver al niño y al caballo, de modo que lo que está ocurriendo se muestra a través de las reacciones de los personajes ante los tiempos que marca el animal en sus vueltas. El resultado es una secuencia muy poderosa.

Esta escena, como la mayor parte de las que utilizan niveles bajos de iluminación, fue rodada con una cámara Arri BL y ópticas Zeiss High Speed T1.4, aún entonces muy novedosas, con su característico iris triangular muy visible.

El resto de la película, además del zoom, parece haber empleado lentes Nikon con cámaras Caméflex, una combinación similar a la de George Lucas y Haskell Wexler en “American Graffiti” (1973), otra producción de Coppola. También aparece el famoso 9.8mm Kinoptik en algunas tomas que utilizan grandes angulares extremos.

Exterior nocturno bajo la lluvia en The Black Stallion

Los resultados son buenísimos, por no decir directamente espléndidos, durante un porcentaje altísimo de la proyección. Quizá la película deja cierto poso de cine en el que la improvisación y la suerte o desgracia de los cineastas a la hora de conseguir las tomas necesarias para contar la historia —o la cantidad de veces que pudieran repetir por cuestiones presupuestarias— desempeñan un papel fundamental en su éxito.

Pero lo cierto es que es un filme con grandes valores, grandes secuencias musicales y de montaje, y en el que la fotografía de Caleb Deschanel es absolutamente fundamental. Quizá alguna escena interior —como, por ejemplo, aquellas en las que aparece Teri Garr— no esté a la altura del conjunto. Incluso el foco es mejorable en algunos planos, fruto del uso de teleobjetivos, de ópticas fotográficas o de rodar con los Zeiss prácticamente a máxima apertura para reducir los niveles de luz.

Aunque solo sea por concepto, personalidad y aspecto global, “The Black Stallion” es una película imprescindible para todo buen aficionado a la estética o la fotografía cinematográficas. Ya desde su debut, Deschanel emparentaba por estilo y clase con colosos como Conrad Hall, Gordon Willis o Jordan Cronenweth.

Para ampliar

La Guía de Ópticas de Cine (I) amplía las características de las Zeiss High Speed T1.4 y ayuda a contextualizar su luminosidad, su iris triangular y su importancia en los rodajes con niveles de luz reducidos.

Conclusión final

“The Black Stallion” combina una puesta en escena sensible con un uso excepcional de la luz natural, los contraluces, la sobreexposición, los teleobjetivos, la multicámara y las focales extremas. Incluso sus soluciones más sencillas o improvisadas poseen una personalidad visual extraordinaria.

Algún interior o problema de foco puede quedar por debajo del conjunto, pero no empaña una fotografía espléndida y esencial para la película. Desde su debut, Caleb Deschanel se situó con este trabajo entre los grandes operadores del cine norteamericano.

© Ignacio Aguilar, 2017. Revisada en 2026.

Ignacio Aguilar, AEC, es director de fotografía y autor de ON FILM & DIGITAL. Puedes conocer su trayectoria, explorar el archivo de reseñas, consultar su biografía profesional y sus trabajos seleccionados.