Exodus: Gods and Kings (Exodus: Dioses y Reyes, 2014) – Fotografía de Dariusz Wolski
Título en España: Exodus: Dioses y Reyes
Año de Producción: 2014
Director: Ridley Scott
Director de Fotografía: Dariusz Wolski, ASC
Ópticas: Angénieux Optimo 15-40mm T2.6, 28-76mm T2.6 y 45-120mm T2.8; Zeiss Ultra Prime
Formato y Relación de Aspecto: Red Epic MX (Mysterium-X) y Red Epic Dragon, 3D nativo y 2D, 2.4:1
Otros: fotografía de segunda unidad de Flavio Martínez Labiano
Vista en DCP 2D
Dariusz Wolski y Ridley Scott afrontan la escala épica de «Exodus: Gods and Kings» mediante cámaras digitales, rodaje estereoscópico, múltiples unidades y una extensa intervención de los efectos visuales.
La película
Nueva versión cinematográfica de los mismos hechos narrados por Cecil B. DeMille en su emblemática «The Ten Commandments» (1956). El argumento sigue la historia de Moisés (Christian Bale) y el faraón Ramsés (Joel Edgerton), amigos desde niños que se enemistan tras el descubrimiento de los orígenes hebreos del primero. Estos lo llevan inicialmente al destierro y, después, de vuelta a Egipto para comandar la revuelta del pueblo judío, sometido allí al yugo de la esclavitud.
En manos de un Ridley Scott en horas muy bajas, «Exodus: Gods and Kings» es una superproducción muy fallida, con serios problemas narrativos —los 150 minutos de proyección son insuficientes para las ambiciones de la historia— e interpretativos, entre otros muchos. Todo ello hace que la versión protagonizada por Charlton Heston y Yul Brynner continúe siendo mucho más interesante que esta, a pesar de que los avances tecnológicos, a priori, deberían haber facilitado la recreación de época. Ben Kingsley, Sigourney Weaver, John Turturro y la española María Valverde tienen fugaces apariciones en papeles secundarios.

El director de fotografía
Rodada en localizaciones de España —Almería y Fuerteventura— y en los estudios Pinewood, Ridley Scott volvió a contar en «Exodus: Gods and Kings» con el que venía siendo su equipo habitual en cuanto a diseño de producción —Arthur Max— y dirección de fotografía, con el polaco Dariusz Wolski [ASC] a los mandos de este apartado. Wolski, que ha desarrollado toda su carrera en Estados Unidos desde sus inicios en la publicidad y el videoclip, posee una trayectoria cinematográfica muy asociada al cine comercial.
En los noventa se dio a conocer gracias a «The Crow» (Alex Proyas, 1994) y, sobre todo, de la mano de Tony Scott, quien lo contrató consecutivamente para «Crimson Tide» (1995) —con candidatura de la American Society of Cinematographers— y «The Fan» (1996). Pero fueron especialmente su colaboración con Gore Verbinski —«The Mexican» (2001)— y las tres primeras entregas de «Pirates of the Caribbean» las que lo consolidaron como uno de los operadores más demandados, capaz de aunar imágenes de un gran acabado visual y efectos visuales muy complicados.
Con «Sweeney Todd» (2007) y «Alice in Wonderland» (2010) colaboró con Tim Burton, pero no fue hasta 2012 cuando inició su relación con el mayor de los Scott, enlazando consecutivamente «Prometheus» (2012), «The Counselor» (2013), «Exodus: Gods and Kings» (2014) y «The Martian» (2015).

Análisis visual
Como las dos anteriores películas de su colaboración con Ridley Scott, «Exodus: Gods and Kings» está rodada en formato digital, haciendo uso de la cámara Red Epic. Puesto que el sensor Dragon todavía no estaba plenamente disponible en el momento de la filmación, la fotografía principal utilizó la Epic MX con sensor Mysterium-X, mientras que una Epic Dragon se empleó para placas de helicóptero y algunos grandes planos 2D de exteriores.
La primera unidad rodó en formato 3D nativo, al igual que en «Prometheus», aunque también hubo rodaje en formato 2D, como se desprende de los créditos y de las explicaciones del propio Wolski. Casi toda la película se hizo con lentes zoom Angénieux Optimo —15-40mm T2.6, 28-76mm T2.6 y 45-120mm T2.8—, cuyo reducido tamaño facilitaba su montaje en los equipos estereoscópicos. Las ópticas fijas Zeiss Ultra Prime quedaron para la Steadicam o, quizá, para las secuencias con bajos niveles de luz.

La imagen global de «Exodus: Gods and Kings», por el motivo que sea, es muy fallida. De un lado, quizá porque posiblemente sea la película de Ridley Scott que posea un trabajo de efectos visuales generados por ordenador más extensivo. A pesar de su rodaje en Almería, es muy complicado identificar las localizaciones exactas: en la mayoría de los paisajes exteriores, los fondos reales han sido sustituidos por fondos creados para la ocasión y que se supone que evocan el Egipto de los faraones. Y, por supuesto, secuencias como la de las siete plagas o el paso del Mar Rojo incluyen muchísimas imágenes retocadas o directamente creadas digitalmente.
Todos estos efectos poseen una resolución muy grande y lucen muy nítidos, algo que ya ocurría, por ejemplo, en «Gladiator» (Ridley Scott, 2000), en la que lo más flojo del trabajo de John Mathieson era su integración con los efectos, que, en comparación con el metraje real, lucían muchísimo más nítidos. Ello nos lleva a pensar que en la imagen real de «Exodus: Gods and Kings» se ha aplicado algún tipo de filtro de posproducción para incrementar su apariencia de resolución, nitidez y definición.
La primera impresión es que la película tiene una nitidez bestial, comparable a la que se experimenta al visionar material rodado en 65mm en una proyección en 70mm. Sin embargo, pronto se evidencia que el detalle fino de la imagen no es comparable al de estas proyecciones, y la presencia de lo que parece un molesto realce de contornos y ese exceso de nitidez parecen confirmar que existe cierto reenfoque en posproducción.
Todo ello hace que la imagen posea un exceso de dureza que, desde luego, no tendría que aparecer como consecuencia del empleo de la Epic, de las lentes Angénieux o de las Ultra Prime, ya que películas recientes como «El Niño» (Daniel Monzón, 2014) emplean los mismos medios con resultados mucho más agradables.

La corrección de color es otro de los elementos críticos de la fotografía de Dariusz Wolski, quién sabe si también como consecuencia de la necesidad de integrar los efectos o no. En cualquier caso, parece obvio que el polaco, otrora usuario habitual de los filtros de corrección de color en exteriores, parece haberlos abandonado con su paso a los formatos de adquisición digital.
En este caso, la corrección de color apuesta por tonos muy poco naturales, a veces excesivamente terrosos o excesivamente azules, como muestran las muchas noches americanas que contiene la película en los parajes exteriores desérticos de Almería. El aspecto de estas secuencias, excesivamente monocromáticas, es el de un material al que le falta información de color, circunstancia ya observada recientemente en películas como «Jersey Boys» (Clint Eastwood, 2014) o «La isla mínima» (Alberto Rodríguez, 2014), y que parece exclusiva de la adquisición digital y de confiar en exceso en crear virajes de color exclusivamente en posproducción.

Por lo demás, el trabajo del operador polaco no es demasiado reseñable y se encuentra muy lejos del clasicismo del citado John Mathieson para otros trabajos de corte épico del realizador británico: «Gladiator», «Kingdom of Heaven» (2005) y «Robin Hood» (2010).
Wolski sirve bien a los propósitos de Scott de poder rodar rápido y con multicámaras gracias a que utiliza luz desde una única fuente siempre que le es posible, o bien el contraluz en exteriores sin apenas relleno. Pero el aspecto global está muy lejos de la naturalidad de las mejores obras del director de «Alien» (1979), o incluso del aspecto orgánico de «The Duellists» (1977) o «1492: The Conquest of Paradise» (1992).
Esta última, incluso con sus muchos defectos, poseía un trabajo de diseño y de localizaciones que «Exodus: Gods and Kings» no tiene ni por asomo.

Conclusión final
Así pues, con sus innumerables planos de efectos visuales generados por ordenador —muchos de ellos de forma absolutamente evidente— y con su fotografía de una nitidez extrema y aspecto absolutamente limpio, «Exodus: Gods and Kings» es uno de los trabajos menos interesantes a nivel visual de toda la filmografía de Ridley Scott.
Por primera vez, con un trabajo tan anodino y que aparenta muchas prisas en su rodaje, muy poco trabajo previo y muy pocas ganas de ofrecer una imagen elaborada con la riqueza de sus mejores obras, el director ofrece un producto que parece rodado directamente para la televisión, en el estilo de esos grandes relatos comprimidos en unas pocas horas de proyección que lucen tan pobres como artificiales en su conjunto.
© Ignacio Aguilar, 2014. Revisada en 2026.
Ignacio Aguilar, AEC, es director de fotografía y autor de ON FILM & DIGITAL. Puedes conocer su trayectoria, explorar el archivo de reseñas, consultar su biografía profesional y sus trabajos seleccionados.